
Europa entera, y Austria con ella, se achicharra de calor. Corremos el riesgo de que llegue aquí un clásico del verano español.
24 de junio.- En las teles celtibéricas hay un clásico veraniego: el reportaje del huevo frito. La mecánica es esta: sale el reportero con su micrófono en la mano y le va preguntando a los transeúntes -generalmente personas de una cierta edad- si tienen calor. Las personas interrogadas responden con variantes de “estoy que no puedo con la vida” pero, como estos testimonios no le parecen concluyentes, el reportero busca un automóvil de color oscuro que haya pasado el tiempo suficiente bajo la solana, se remanga, coge un huevo, lo casca sobre el capó y cuando la clara empieza a hacer chup chup, hale, ya está hecho el reportaje.
Aviso: la clara de los huevos empieza a cuajarse, según internet, a los 120 grados.
¿A qué viene todo esto? Sobre Austria, como sobre el resto de Europa central, está cayendo del cielo plomo derretido. Una ola de calor gigantesca que no, que no es normal, y que dejará temperaturas récord. Es el producto de una combinación de altas presiones y una masa de aire subtropical que estará ahí sin moverse hasta, por lo menos, principios de la semana que viene. Con lo cual es bastante probable que, en algún momento, a alguien de ATV o de la cochambrosa Servus TV se le ocurra hacer el experimento, y el clásico del huevo frito también pase a formar parte del imaginario colectivo de los habitantes de Esta Pequeña República.
La cuenta atrás ya ha comenzado.
Según las predicciones del organismo austriaco de meteorología, el domingo se puede quedar antiguo el récord absoluto de temperatura en Austria que data de 2013 y fue, con 40.5 grados centígrados a la sombra, alcanzado en Bad Deutsch-Altenburg, en Austria la Baja.
Puede ser que haya algún cuñado entre mis lectores que diga:
-Pues vaya una cosa, en verano siempre ha hecho calor.
A lo que las personas sensatas contestaremos:
-Naturalmente, ha hecho calor siempre, PERO NO TANTO.
Y subiendo. Así pues, bienvenidos al verano más fresquito de los próximos cinco mil.
Lo dramático de este asunto es que hemos llegado a esta situación en poco más de veinte aöos. Cuando yo llegué a Austria los veranos no eran así. No eran tan largos y no eran tan secos.
¿Qué hacer? El cambio climático ya es una locomotora imparable y lo único que nos queda es intentar proteger la vida de los más vulnerables. O sea, las personas enfermas, los ancianos, las personas más jóvenes. En los tres casos (bueno, en todos) hay que evitar salir a la calle en las horas centrales del día, cuando aprieta “la caló”. Hay que beber mucho líquido y darlo de beber a las personas que, por su edad, no estén en condiciones de haberlo por sí mismas, como por ejemplo, los ancianos o los críos. Tener la casa resguardada. Abrir cuando refresque y cerrar cuando empiecen a subir las temperaturas. Remojarse si se puede.
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