
Estuvo a punto de ocupar la jefatura del Estado austriaca. Por suerte para todos, no llegó la sangre al río.
29 de Junio.- Hace algunos años, Europa entera contuvo la respiración mirando a Esta Pequeña República. Se enfrentaban en las elecciones a la jefatura del Estado dos personas muy distintas: Norbert Hofer, por la ultraderecha y Alexander van der Bellen, antiguo jefe de Los Verdes como candidato independiente. Fue una campaña electoral muy tensa, sobre todo considerando que aquí las campaöas electorales para presidente de la república suelen ser una balsa de aceite. Norbert Hofer, al que yo llamaba siempre “la sonrisa del régimen” como a aquel ministro de Franco, protagonizó varias salidas de tono. Por ejemplo, durante una entrevista en la que le preguntaron si pretendía utilizar las atribuciones que la constitución concede al cargo de Bundespresidente y que sus predecesores no habían usado, Hofer contestó que, si él llegaba al poder “se iba a enterar la gente de lo que era un Bundespresidente”. A muchos, nos corrió un escalofrío por la espalda.
Otro momento complicado fue cuando Norbert Hofer, en el curso de un debate en directo, y para poner el acento sobre el peligro del terrorismo islamista, contó una historieta de cómo él había sobrevivido a un atentado en Israel. En la ORF habían hecho los deberes y, para gran enfado de Hofer, desmontaron la mentira en un periquete.
La elección se resolvió por la mínima, pero el FPÖ recurrió el resultado, debido al pegamento de las papeletas y las elecciones se volvieron a repetir. Ganó Van der Bellen y fue lo mejor que le pudo pasar a este país. Imagine el lector lo que hubiera sido el escándalo de Ibiza con un presidente ultra a la cabeza del país, o lo que hubiera sido la pandemia.
Fue precisamente la pandemia lo que terminó con la carrera política de Hofer a nivel nacional. Después del escándalo de Ibiza la jefatura del FPÖ se hizo bicéfala. Kickl era el mamporrero y Hofer, lo dicho: la sonrisa un sí es no es clerical. No podía durar mucho. Kickl pisó el acelerador y Hofer salió despedido del coche del poder, valga la metáfora. Se retiró a la política de Burgenland.
Este fin de semana, Hofer ha sido pillado por la policía conduciendo muy borracho, con una tasa de alcoholemia de 2,8 gramos por litro. Esto equivale en falta de control muscular, vómitos y somnolencia. En el camino a Pinkafeld, el coche de Hofer tocó una isleta, se pasó al carril contrario y casi se cae en la cuneta. Un testigo presencial alertó a la policía, que encontró a Hofer en su residencia.
Al principio, Hofer intentó negar que estaba como una cuba, pero al final no tuvo más remedio que dar su brazo a torcer e intentó hacerse un Rey Juan Carlos (Lo siento, m´he equivocao, no volverá a ocurrir). Se negó, eso sí, a hacerse otro test.
Conducir borracho no es ninguna cosa inofensiva para la ley austriaca. Le quitarán el carné como poco, seis meses. Se tendrá que someter a diversos tests psicológicos y médicos, por no hablar de que tendrá que pagar una multa de hasta 5900 jEur. Pueden además retirarle la licencia de piloto -es muy volandero, Hofer- y el permiso de armas (¡!).
Una cosa sí que es segura: a pesar del papelón, Hofer no piensa dimitir de sus cargos políticos.
Por lo visto, la borrachera fue a causa de la celebración de la salida a bolsa de su empresa Emerald Horizon. Si es que no se puede ser ni emprendedor, joé.

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