
Generalmente, la publicidad refleja los valores mayoritarios de la sociedad pero ¿Qué pasa cuando se pagan anuncios con “opiniones impopulares”?
5 de Julio.- Uno de los trabajos más curiosos que yo he hecho en mi rica vida laboral ha sido el de visionador de anuncios, cuando trabajaba en una cadena de televisión española. La cosa consistía en visionar los “spots” que nos mandaban las centrales de medios para ver si estaban conformes con la norma técnica que exigía la emisión -o sea, si contaban con la calidad adecuada- y si su contenido era conforme a la legalidad.
La primera parte, era bastante fácil. La segunda, a veces, planteaba algunos dilemas porque, a pesar de que las campañas publicitarias están muy medidas, a veces se les iba la mano a los creativos publicitarios y se colaban cosas que no estaban de acuerdo con la legislación vigente.
La ley prohibe decir según qué cosas en los anuncios. Por ejemplo: no se puede decir que usando tal producto, se alivian o se quitan los dolores (obviamente, la única manera de que esto pase es tomarse un analgésico que, como producto médico, no se puede anunciar). No se puede hacer anuncios que resulten denigrantes para ningún grupo de personas -por ejemplo, un anuncio de contenido racista quedaría automáticamente descartado- y, dado que los anuncios deben ser siempre blancos y para todos los públicos, no se puede sacar ni violencia ni sexo.
Ni siquiera en un contexto cómico.
Por ejemplo, tuvimos una vez un anuncio en el que se veía a un enfermo en un quirófano, al que se anestesiaba por la expeditiva vía de darle un mazazo en la cabeza. A pesar de que la realización de la película era muy cómica, aquello era un acto de violencia que no podía salir al aire (imagínese el lector a un hermanito que quisiera dormir así a su hermanita, un bebé de meses).
El mes de junio es, desde hace algunos años, el “Mes del Orgullo” esto es, el mes en el que se conmemoran los derechos del colectivo LGTBIQ+ y, en caso necesario, se piden mejoras en esos derechos (es un campo en el que todavía queda mucho espacio para el perfeccionamiento).
El espacio público se llena de banderas del arcoiris y las redes sociales de personas homófobas que comentan los posts felices de ciudadanos y empresas protestando de lo que, según ellos, no tiene ningún sentido.
Pura mala baba.
Sin embargo, hay una asociación en Austria que ha decidido dar un paso más. Se trata de un grupo fundamentalista católico que, suponemos, con el dinero ahorrado durante todo el resto del año, ha comprado espacios publicitarios a la central de medios austriaca por excelencia, Gewista, al objeto de anunciar su disconformidad con los derechos de la pobre gente LGTBIQ+. El anuncio podía verse, por ejemplo, en uno de los puntos de más tránsito de la Hauptbahnhof de Viena.
Mostraba una imagen del Corazón de Jesús y las palabras “Junio es el mes del corazón de Jesús”. Una creatividad más bien pedestre pero absolutamente aceptable. Para poder colar su mensaje homófobo, los señores estos habían incluido en el anuncio un código QR que llevaba a una página que ponía a los pobres gays, a las pobres lesbianas y a las personas transexuales de vuelta y media, de herejes para arriba, les conminaban a convertirse (y a acogerse, se supone, a la paternal protección del corazón de Jesús) y, por lo tanto, se perpetuaba el estereotipo de que esta pobre gente, por lo demás inofensiva, es una patulea de degenerades.
Gewista, la empresa que ha cedido el espacio para estos anuncios, no ve ningún problema en esto (supongo que sus servicios jurídicos habrán examinado con mucho cuidadín el tema) y dice que “debe también estar permitido” rechazar el mes del orgullo. El argumento, aparte de cínico, no deja de ser curioso. Imaginemos, por ejemplo, que los Identitarios hicieran un cartel en el que saliera una madre rubia, con dos bebés rubios mamando de sus pechos y un eslogan que dijera: “Es hora de devolverlos a su casa” y que, en el anuncio, hubiera un código QR en el que se dijera que las personas de piel oscurita no tienen sitio en Austria ¿Diría Gewista que debe de estar permitido discrepar y ser racista? Probablemente, si los Identitarios pagasen bien, se encontraría la manera de que se les calmara la conciencia.
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