G.W. Pabst: aventuras de un hombre afable (y 2)

Old fashioned cinema

En la segunda parte de esta historia veremos a Pabst (a la fuerza ahorcan) haciendo películas en la Alemania de los treinta y los cuarenta.

La primera parte de esta historia está aquí.

6 de Julio.- El otro día dejábamos a Pabst al final de la etapa del cine mudo. Digamos que alcanzando su cumbre, cuando filmó La Caja de Pandora, con la preciosa (y un poco conflictiva) Louise Brooks.

(Por cierto, es una pena que Louise Brooks no fuera austriaca, porque tiene una buena serie de posts).

En fin.

En 1928 la Warner Brothers produce un melodrama sentimental llamado El cantor de Jazz, con Al Jolson y, a pesar de que la película es un churro, el público se vuelve loco, porque en algunas escenas se oye a Al Jolson cantar. Y se le oye de verdad. Había nacido el cine sonoro.

Las pelis habladas (y cantadas) tardaron todavía algún tiempo en llegar a Europa. En Alemania, fue la UFA la que adoptó primero el sistema -era la productora más grande y podía abordar las enormes inversiones que necesitaba el sonido-. La primera película sonora alemana, El Ángel Azul, lanzó a una desconocida regordeta, Marlene Dietrich, al estrellato. Después, Fritz Lang dirigió M: El Vampiro de Düseldorf y nuestro protagonista, Pabst, en 1930, Westfront 1918. Se trataba de una película que, lo mismo que la americana Sin Novedad en el Frente, contenía un mensaje claramente pacifista.

Como el lector se puede suponer, los tiempos empezaban a estar en Alemania para otras cosas, y la película provocó una fuerte discusión, sobre todo entre los que estaban más por “la dialéctica de los puños y las pistolas” (como dijo aquel).

A estos, tampoco les gustaron “La Ópera de Cuatro Cuartos” basada en la celebérrima obra de Brecht ni Kameradschaft.

Con estas películas, Pabst tomaba partido y “se significaba” colocándose en el lado izquierdo del espectro político. Hasta el punto de que se le llamó “Der rote Pabst” (haciendo un juego fonético, porque se lee igual que “el papa rojo”).

En 1933 los nazis toman el poder. Pabst está en Francia, rodando una película y, como les pasó a muchos dentro y fuera de Alemania, decidió esperar y ver en qué paraba todo aquello de las cruces gamadas.

Mucha gente pensaba que la estancia en el poder de Hitler no duraría. Tenían razones para pensarlo, porque Alemania atravesaba una etapa de enorme inestabilidad.

Pabst se quedó en Francia y rodó una película más, pero debió de ver que lo del nazismo iba para largo y decidió poner tierra -en este caso agua- de por medio.

Se fue a Hollywood a probar suerte y allí consiguió rodar una película, A Modern Hero, que pasó sin pena ni gloria.

Fue el único experimento americano de Pabst, que se volvió a Europa sin haber conseguido dirigir otro proyecto. Volvió a Francia y luego, en 1939, cuando estaba visitando a su madre en Austria, estalló la guerra mundial y se cerraron todas las fronteras.

Los nazis sonsiguieron que Pabst rodara películas para ellos, aunque nuestro héroe, fiel a su trayectoria de no tener demasiados conflictos, consiguió que fueran películas de tema histórico, en las que la propaganda, típica de la época, se mantenía en unos términos sutiles.

Fueron, a pesar de todo, películas de gran presupuesto, porque el Ministerio de Propaganda, del cual dependía la cinematografía alemana, allegaba recursos para mantener al pueblo entretenido.

Leni Riefensthal, la directora que había dado al mundo Olimpia, la película de los juegos olímpicos de 1936, rodaba en Baviera la película Tierra Baja, que era la adaptación de la ópera favorita de…Bueno, del tito Adolfo. Riefensthal era muy buena técnicamente, pero no tenía ni idea ni de actuar ni de dirigir actores. Había conocido a Pabst muchos años antes y se sentía su discípula, así que le pidió “ayuda” con Tierra Baja (por cierto, es muy llamativo que esta ayuda no se menciona en “El Poder de las Imágenes” el documental en el que la propia Leni cuenta su vida).

Humilde, el genio Pabst acudió a Baviera a echar una mano, pero pronto se vio que aquello era un imposible. Riefensthal era una bruja y Pabst tenía demasiado miedo de enemistarse con una señora que traía a los extras desde un campo de concentración en Salzburgo (esta anécdota la aprovecharía tiempo después Fernando Truena para La Niña de Tus Ojos). La colaboración terminó pronto.

Después de la guerra mundial, pronto quedó claro que Pabst había perdido el tren del futuro. Ninguno de sus filmes de la posguerra mundial obtuvo gran resonancia y aunque su prestigio cultural seguía intacto, había perdido su toque con el público.

Pabst murió en Viena, en 1967, bastante olvidado. Tenía 81 años. Está enterrado en una tumba de honor del Cementerio Central. Desde 1968 una calle de Viena, en el barrio de Favoriten, lleva su nombre.


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