Demos gracias a Bohrn-Mena

Un tertuliano redimido, al defender su honor, está haciendo muchas cosas por todos nosotros, quizá sin pretenderlo.

21 de Julio.- Más o menos a la altura de 2005-2006, el periodismo del corazón empezó a dar muestras de agotamiento en España. Principalmente, yo creo que se debió a un agotamiento por parte del público, que veía las mismas caras a todas horas en todos los canales. Además, aparecieron nuevos canales, que tenían como misión principal sobrevivir en un entorno sumamente competitivo y hacerlo al menor coste posible.

En esta jungla nacieron las llamadas tertulias, a la vez negocio y carcoma de la sociedad. Las tertulias son en realidad radio televisada. Para “colaborador” vale casi cualquiera, con tal de que cuente con dos cosas: una característica por la que el público le conozca y así poder meter la cabeza en el cotarro y dos el suficiente desparpajo como para opinar sin vergüenza de cualquier cosa. Como con esto también se ha alcanzado el punto de saturación, últimamente se han añadido a estas dos características una vena para la intensidad dramática, con lo cual, cualquier rastro de seriedad que le quedase al género se ha esfumado. Hoy por hoy las tertulias son como los títeres de cachiporra que hacían las delicias de nuestros abuelos. Los tertuliantes se sitúan al lado del presentador para que nadie se pierda, dependiendo de su ideología política y estos programas abundan en “duelos”, “piques”, “abandonos de plato entre lágrimas fingidas, y esas cosas que solo pueden satisfacer a los críos y a personas adultas con el paladar poco exigente.

En Austria, el canal de las tertulias es el de los Fellner. Se montan teatrillos de todo a un euro, que están trucados para que ganen siempre las posiciones de la extrema derecha. Se coloca a un tertuliano ultra (generalmente el indigesto Gerald Grosz) frente a alguna vieja gloria del progresismo que pase por aprietos financieros. Al progesista se le ata una mano a la espalda (metafóricamente, por supuesto) y se les deja insultarse durante una hora, hasta que pasan los siguientes.

Sebastian Bohrn-Mena representaba el papel del progresista en estas funciones organizadas por los Fellner, hasta que un día, coincidiendo con uno especialmente correoso de Gerald Grosz, se cortó la coleta y se lió a demandas no solo con Grosz mismo, sino también con todos sus palmeros. Ya fueran ciudadanos anónimos que miraban el móvil mientras hacían de vientre o chiringuitos de eso que suele llamarse, en inspiradísima metáfora, la “fachosfera”.

Supongo que era una manera de reivindicarse como ser humano, pero lo cierto es que con sus querellas y las decisiones judiciales que las han seguido, Bohrn-Mena ha conseguido sentar una serie de precedentes judiciales, que están modelando la defensa que los ciudadanos podemos esperar de la justicia en esa tierra sin ley que son las redes sociales.

Su última victoria ha sido obtener una indemnización de dos medios de extrema derecha, la tele local RTV, que repica la seöal de Auf1 y el que pasa por ser uno de los medios del sistema de agitprop del FPÖ, Infodirekt.

Ambos publicaron una fotografía de Bohrn-Mena modificada mediante inteligencia artificial (por supuesto, sin avisar al lector) en donde el querellante aparecía con cara de maníaco. Un titular sensacionalista hizo el resto. Bohrn-Mena se querelló contra estos dos medios, alegando que no se había respetado el derecho a la propia imagen y los tribunales le dieron la razón primero en abril y ahora en segunda instancia. Los medios infractores (vamos, enteros) argumentaban que la foto manipulada se había publicado con intención “satirica” que es una manera de decirle a Bohrn-Mena que tiene “la piel muy fina” y de ponerle en el lugar de los “ofendiditos”, que es un tropo favorito de las extremas derechas para estos casos. Sin embargo los tribunales aprecian que la imagen publicada, para la que Bohrn-Mena, sobra decirlo, no dio consentimiento alguno, entra dentro del terreno de los llamados “Deepfakes” y que se pretendía confundir a los hipotéticos lectores de manera que pensasen que era una imagen real.

RTV es uno de los tentáculos de pseudomedios de propaganda al servicio del FPÖ, como han informado varios activistas. De hecho, la estructura del FPÖ es indistinguible de la de esta televisión, en donde, bajo capa de noticias, se propagan consignas y eslóganes ultras.


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