
Puede uno tener varias identidades? Se desarrollan con el tiempo? El mundial nos ha dado un gran ejemplo de que sí.
23 de Julio.- El mundial reciente de fútbol sigue siendo una fuente inagotable de reflexiones para cualquier espectador inteligente. Es un fenómeno caleidoscópico, o más bien un espejo, en el que, quién más quién menos, ve reflejada una parte de su personalidad.
Estos días, los periódicos españoles publicaban noticias a propósito de cómo una parte nada pequeña de las personas latinoamericanas que viven en España “han ido” con España en la final cuando quizá hubiera sido esperable que sus simpatías hubieran estado con Argentina (por cercanía o por herencia cultural). Como no somos chilenos, no vamos a hablar mal de los pobres argentinos (bastante tienen, los pobres) pero sí me gustaría reparar en que este fenómeno también puede, y no solo puede, debería, ser también parte de lo que sentimos muchos que vivimos desde hace largo tiempo en Austria y que hemos construido dos identidades, sin haber dejado la que traíamos cuando llegamos aquí.
Cuando los periodistas les preguntaban a los latinos residentes en España el por qué de su simpatía por la roja, ellos contestaban con un simple y llano (y algo sorprendido) “porque España es mi hogar” frase que yo podría suscribir perfectamente. En menos de una década, si Dios quiere, habré llegado a una edad en la que habré vivido la mitad de mi vida en Austria y la mitad de mi vida en el país en el que nací. Es obvio que, a las muchas cosas que soy (marido, trabajador, tío de mi sobrina, aficionado a la fotografía) se ha añadido otra cosa y es ese “ser austriaco” que es parte de mi identidad.
Al contrario de lo que piensan (bueno, es un decir) las personas de extrema derecha de las que, desgraciadamente, hay tantas, la identidad no es una cosa que venga dada por el nacimiento, por haber nacido en una “Volk” sino que es algo que se construye con el tiempo y con las circunstancias. Sin duda ninguna, si a mí la vida me hubiera llevado a China, es muy posible que a estas alturas yo estuviera emocionadísimo con todas las cosas buenas que le pasen a China, lo mismo que ahora yo me conmuevo con estos paisajes, estas gentes, y este devenir que se ha convertido en mi hogar, y en el que transcurren mis alegrías y mis penas, mi salud y mi enfermedad.
También con respecto al mundial, y vinculado con esto, pensaba yo que uno de los fallos que, de momento, tiene la Unión Europea es que no terminamos de crear una identidad común. Estados Unidos, como la Unión Europea, es un país de aluvión, que fue anexionándose territorios durante todo el siglo XIX. Después, el cine, que fue el arte más poderoso del siglo XX creó ese cemento común que se ve en todas las películas en las que los extraterrestres eligen Estados Unidos para contactar con la Humanidad y no tienen cosa mejor que hacer que destruir la Casa Blanca. En ese proceso, los estadounidenses han creado su identidad de Estado (New York, New York) y también su identidad como Nación. Así pasará algún tiempo aún hasta que nosotros, los europeos, sintamos que uno nacido en Helsinki y otro nacido en Nápoles o en Dos Hermanas, no solo comparten valores comunes, sino un cacho similar del mundo.
Ese proceso ya ha empezado, aunque cualquiera sabe si yo lo veré. En Austria, las personas menores de treinta son considerablemente más tolerantes a los migrantes que la gente más mayor. Es el efecto que tiene el programa Erasmus, de crear una amalgama común de identidades y la experiencia de darse cuenta de que, dentro de Europa, aunque cambie el idioma, somos todos muy parecidos.
Por si no tienes tiempo de leerlo todo (*)
El artículo reflexiona sobre cómo el fútbol y el reciente Mundial sirven como espejo para entender la construcción de la identidad personal y cultural en contextos migratorios. A partir del caso de los latinoamericanos en España que apoyaron a la selección española por considerarla su hogar, el autor expone su propia experiencia viviendo en Austria, donde ha desarrollado una doble identidad. Finalmente, argumenta que la identidad no surge del lugar de nacimiento, sino de las vivencias y circunstancias, relacionando esto con el lento proceso de creación de una identidad europea común gracias a factores como la integración y el programa Erasmus.
Tres ideas principales
- La identidad es dinámica y se construye con el tiempo: La pertenencia a un lugar o cultura no está determinada únicamente por el nacimiento, sino por las experiencias, la convivencia y las vivencias personales en el país de adopción.
- El sentido de pertenencia en la migración: Es posible desarrollar múltiples identidades y sentir afecto genuino por un nuevo país («porque es mi hogar») sin tener que renunciar a las raíces de origen.
- El desafío de una identidad europea compartida: A diferencia de modelos como el estadounidense, la Unión Europea aún está en proceso de consolidar un sentimiento de pertenencia común, un avance que se observa principalmente en las generaciones jóvenes a través de experiencias de intercambio cultural como el programa Erasmus.
(*) Resumen generado con IA
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