
Hoy, después de trece años, se ha roto el récord de temperatura en Austria. Hemos alcanzado unos escalofriantes 41 grados.
4 de Agosto.- Hoy ha sido el día más cálido de la historia de Austria. En Viena, en el observatorio de Stammersdorf, se han alcanzado cuarenta y un grados centígrados. Mañana es probable que este récord vuelva a romperse. Los meteorólogos no descartan que lleguen a alcanzarse los cuarenta y cuatro grados.
Las altas temperaturas y la sequía persistente están teniendo consecuencias catastróficas no solo en Austria, sino en toda Europa central. El bajo nivel de agua del Danubio está obligando a interrumpir la navegación, a parar centrales nucleares, porque no hay agua suficiente para refrigerar los reactores y está poniendo en peligro la producción de electricidad. La mayoría de la producción de electricidad en Austria se obtiene de centrales hidroeléctricas.
En Viena, las altas temperaturas han provocado un incendio forestal que, a estas alturas, afortunadamente, ya está bajo control.
La ganadería austriaca ha pedido una subvención de trescientos euros por animal sacrificado antes de tiempo, del fondo de catástrofes del Estado austriaco.
En general, como suele suceder, la gente se acuerda de Santa Bárbara cuando truena y resulta muy llamativo que no se nombren específicamente las causas de estas temperaturas que, hace tan solo veinte años, hubieran resultado inimaginables y que hoy resultan demenciales: el cambio climático producido por la actividad humana.
Como los científicos no se cansan de decir y los que no lo somos, pero tenemos dos dedos de frente, no nos cansamos de escribir, el cambio climático es de raíz antropogénica, estas olas de calor tienen causantes y son las compañías petrolíferas, la quema insensata y salvaje de combustibles fósiles, que están conduciendo al planeta al colapso. Los ecosistemas de Austria y, con ellos, nuestras vidas, están ahora mismo sometidos a un estrés brutal y llegará el día, quizá no muy lejano, en el que no se puedan recuperar.
Como sucede con todas las crisis, como sucedió ya con la CoVid, el cambio climático, más allá de medir nuestra capacidad de adaptación individual, mide nuestra inteligencia colectiva.
De momento, como todos sabemos, la estupidez va ganando y estamos sacando muy malas notas en el examen.
A este paso, para cuando la gente se dé cuenta de que vamos a tener que hacer enormes sacrificios y reducir nuestro nivel de vida simplemente para poder sobrevivir, será muy tarde. Por ejemplo, mucho de la avalancha migratoria de Ceuta, de estos días pasados, probablemente pueda explicarse, aparte de por la cruel dictadura que ejerce el Gobierno marroquí, por el cambio climático que está condenando al hambre a muchísima gente.
También llegará un momento en el que las compañías aseguradoras no sean capaces de cubrir los daños producidos por las catástrofes naturales. Me vienen a la cabeza los catastróficos efectos de los incendios forestales de España.
Entre tanto, el canciller Stocker (Partido Popular) ha convocado un grupo de trabajo para el martes próximo. El Gobierno de Esta Pequeña República, por miedo a la extrema derecha, que promete lo que no puede dar, esto es la vuelta de “los veranos como los de antes”, carece de una estrategia para luchar contra el cambio climático y lo poco que tiene, consiste básicamente en medidas cosméticas que son el equivalente de tapar una manguera con un dedo.
Las consecuencias del cambio climático no las van a sufrir los ricos. Ellos van a poder pagar la comida cada vez más cara y más escasa, podrán seguir viajando, comprándose coches enormes que son contaminantes y absolutamente innecesarios. Será a ellos a los que se les llene la boca con la palabra “libertad” mientras que los demás nos asfixiamos, mientras que los demás nos morimos.
Y esta última frase no es demagogia. En la última ola de calor de julio murieron en Austria, a causa del calor, cuatrocientas personas. Más de las que murieron por accidentes de tráfico durante todo el año pasado.
Por si no te ha dado tiempo a leerlo todo (*)
Austria vive una ola de calor sin precedentes con temperaturas récord en Viena que amenazan el suministro eléctrico, la ganadería y la seguridad forestal. Este fenómeno, síntoma directo del cambio climático antropogénico producido por los combustibles fósiles, pone en evidencia tanto la falta de medidas estructurales por parte del Gobierno como la desigualdad social frente a sus devastadoras consecuencias, que ya han provocado cientos de muertes en el país.
Tres ideas principales
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Impacto estructural e inmediato en Austria: Las temperaturas extremas y la sequía en el Danubio ponen en jaque el sistema energético (hidroeléctrico y nuclear), la agricultura/ganadería y la seguridad ciudadana por incendios forestales.
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Causa antropogénica y desigualdad social: El cambio climático está impulsado por la quema de combustibles fósiles; sus consecuencias (hambre, migración, encarecimiento de la vida) castigan duramente a las clases medias y bajas mientras las élites permanecen al margen.
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Inacción política y coste humano real: El gobierno austriaco aplica meras parches «cosméticos» por temor electoral, obviando que la crisis climática ya es una emergencia mortal, habiéndose registrado más muertes por calor en julio que por accidentes de tráfico en todo un año.
(*)resumen obtenido por IA
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