100 años del primer semáforo en Viena

Un semáforo de Viena (Archivo Viena Directo)

De circular por la izquierda a semáforos inclusivos: así revolucionó el tráfico a la Viena de los años 20. Descubre la historia del primer semáforo instalado en la capital austriaca en 1926 y cómo cambió la vida urbana.

18 de Agosto.- Hace exactamente un siglo, el mundo se encontraba en transición. Si hoy en día nos sorprendemos de que la inteligencia artificial mantenga con nosotros conversaciones que, en la mayoría de los casos, son bastante pedestres, nuestros bisabuelos se maravillaban de lo que parecía un imparable progreso de la tecnología (la mayoría, surgida durante la primera guerra mundial) y de la invasión por parte de las máquinas de todos los resquicios de la vida cotidiana.

Los años 20 del siglo pasado -en Austria, por desgracia, no tan alegres- trajeron la llegada a las urbes de unos artefactos que hoy damos por supuestos pero que entonces habían empezado a producirse en masa: los coches.

Y claro, como sucede con la inteligencia artificial, nuevos retos dieron lugar a nuevas soluciones. Al principio, los automóviles fueron acusados de gran parte de los males que afligían a la civilización moderna, y se trató por todos los medios de que los peatones conservaran su integridad física.

Poco antes del cambio de siglo (o sea, del diecinueve al veinte) se promulgó una ley en el Reino Unido que exigía que los coches no superasen los diez kilómetros por hora y que siempre les adelantase una persona equipada con una bandera roja, que fuera advirtiendo a los peatones de que un carruaje sin caballos se estaba aproximando a tan prodigiosa velocidad.

Para 1926, sin embargo, los coches ya empezaban a ser una presencia constante en las ciudades. En 1908, Henry Ford había empezado a producir autos en masa, mediante el uso de la cadena de montaje y el hecho de que cada vez hubiera más y más automóviles hizo que fuera necesario regular sus relaciones con los peatones.

En Viena, esta bonita ciudad que el Danubio riega con sus aguas cantarinas (bueno, ahora menos, debido a la sequía pertinaz) se instaló el primer semáforo en junio de 1926. Como suele suceder en esta capital, la aparición del semáforo vino acompañada de la tradicional actitud refractaria de los vieneses a los cambios.

El lugar elegido fue el cruce entre la Kärtnerstrasse y el Ring, a la altura del hotel Bristol (donde hoy en día está la entrada del aparcamiento subterráneo).

En aquel momento, la Kärtnerstrasse era una vía por la que rugían los coches, lo mismo que por el Ring. Por cierto, en aquella época y a diferencia de lo que sucede hoy en día, se conducía por la izquierda (se puede ver en las películas de la época). Al mismo tiempo que las dos columnas de coches confluían en este cruce los peatones y los tranvías (ya electrificados).

Antes de poner un semáforo (marca Siemens) la municipalidad vienesa mantenía cinco guardias de tráfico que con sus coreografías hacían lo que podían para gobernar aquella masa de humanos entreverados con metal. Se las apañaban bastante bien, al parecer, pero no debía de ser una tarea fácil. La situación intentó mejorarse a base de poner unas rayas blancas en el suelo, para que los viandantes supieran por dónde tenían que cruzar (vamos, una versión primitiva de un paso de cebra) sin embargo, los vieneses, como digo, bastante reacios a los cambios, no terminaban de apañarse.

O bien se ponían a mirar las rayas y no cruzaban, o se juntaban en grupos y comentaban la situación. Algunos valientes, incluso se animaban a pasar al otro lado de la calle cuando encontraban la ayuda de alguien.

Los documentos de la época indican que los viandantes consideraban aceptable una velocidad de 15 kilómetros por hora, que a los 30 se ponían nerviosos y que a los cuarenta y cinco se cabreaban bastante e increpaban a los conductores temerarios.

Una vez instalado el semáforo, que fue la admiración general, porque equiparaba Viena con ciudades tan avanzadas como Nueva York, Detroit o Berlín, la municipalidad vienesa se esforzó en perfeccionar la educación vial de los aborígenes, dándoles sencillas reglas para evitar accidentes, por ejemplo, la de no leer el periódico por la calle.

Pronto, los semáforos se incorporaron al paisaje urbano, sin embargo. El siguiente cambio en este área se dio en 2016 cuando, con motivo de la llegada de Eurovisión a estas latitudes, el tradicional hombrecillo de los semáforos vieneses fue sustituido por diferentes modelos de pareja (hombre con hombre, hombre con mujer, mujer con mujer).

Otro gran avance, qué duda cabe.

Por si no has tenido tiempo de leerlo todo (*)

A medida que la producción masiva de automóviles transformó las ciudades a principios del siglo XX, surgió la necesidad de regular el tráfico y educar a los peatones frente a las nuevas velocidades urbanas. En este contexto de modernización, Viena adoptó su primer semáforo en 1926 para gestionar el caos del centro urbano, marcando el inicio de una evolución en la seguridad e identidad vial de la capital austriaca.

Tres ideas principales:

  • Innovación vial como respuesta al auge del automóvil: La masificación de los coches iniciada por Henry Ford exigió crear nuevas regulaciones y tecnologías de tráfico urbanas.

  • El hito urbano de Viena en 1926: La instalación del primer semáforo de la ciudad (marca Siemens) entre Kärtnerstrasse y el Ring equiparó a Viena con grandes metrópolis globales como Nueva York o Berlín.

  • Evolución cultural y social del tráfico: La adaptación de la población local pasó de la desconfianza inicial ante medidas defensivas (como primitivos pasos de cebra) a hitos de modernidad social e inclusión como el rediseño inclusivo de sus semáforos en 2016.

(*) Resumen obtenido por IA


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