
A pesar de que la socialdemocracia austriaca toca temas que podrían puntuar entre el electorado, su líder, Andreas Babler, está muy lejos de cuajar.
25 de Agosto.- Cuando, por lo que sea, baja el caudal de noticias, los medios de comunicación tienen la posibilidad de crearlas de manera artificial.
Esto, que suena muy cínico, se puede hacer también de forma ética.
Tradicionalmente, el verano en Austria era una época de mucha galbana informativa.
Era natural. Los pobres estaban en punta Sabione, en Italia, remojándose las corvas. Los ricos, en Bad Ischl, tomando el fresco. El Parlamento, sumido en el sueño aquel que decía Gustavo Adolfo Bécquer que aquejaba al arpa. Total, que no había mucho que rascar.
Para crear titulares, en la tele pública se inventaron las conversaciones de verano. Consistían en que se iba entrevistando una vez a la semana a los jefes de los partidos en el parlamento austríaco.
En la edición 2026 ya han estado Leonore Gewessler, la incolora lideresa de los verdes y Beate Meinl-Reisinger, la proteica ministra de Exteriores, jefa de los NEOS y, permítaseme este elogio, una de las mujeres más elegantes de este país (hay que ver, qué estilazo tiene esa mujer siempre).
Ayer, por orden de importancia en el Parlamento, le tocaba a Andreas Babler, del partido socialdemócrata (SPÖ). Babler es como algunos de esos profesores que yo tenía en el colegio. De esos que las madres decían “no basta con saber, sino que hay que saber comunicar”. En otras palabras: la pesadilla de un asesor de imagen. Su lenguaje corporal es contradictorio “to say the least”, cierra los ojos y no mira ni a la cámara ni a su interlocutor, mientras habla y, por si todo esto fuera poco, habla muchísimo más rápido de lo que es normal por estas tierras, de manera que, por muy bueno que sea el contenido, que a veces lo es, no le luce, porque no llega a los receptores.
La ultraderecha y sus medios attirés, se chotean inmisericordemente de Andreas Babler y, aunque el político socialdemócrata ha puesto alguna vez pies en pared y ha ganado en los tribunales (por ejemplo a Gerald Grosz, ese ser), lo cierto es que no consigue librarse de la sensación de que como político es un poco cenizo.
Y sin embargo, es gracias a que el Gobierno puso en marcha algunas de las medidas que el SPÖ lleva en su programa (topar precios de algunos productos y servicios) que la inflación en Austria, que había llegado a ser de las más altas de la zona Euro, consiguió controlarse. Luego, claro, vinieron la guerra de Irak y ahora la sequía que está arrasando el campo austriaco, pero esta medida, de claro tinte socialdemócrata, resultó eficaz.
Los ultras se ríen de Babler y alimentan la imagen de que es un político con una ideología trasnochada, cuando fue la socialdemocracia la que trajo la prosperidad a este país, consiguiendo crear en muy poco tiempo una clase media jugosa de cuyas rentas aún vivimos todos. Lo cierto es que la socialdemocracia, hoy por hoy, ha perdido a las clases trabajadoras austriacas, quizá porque las clases trabajadoras ya no son las de los tiempos de Viktor Adler, y ahora hay que buscarlas en las oficinas en donde tiemblan los administrativos al pensar en que la inteligencia artificial (el capital) va a quitarles el trabajo.
Mutatis mutandis, la lucha de clases sigue estando un asunto de actualidad y la desigualdad de oportunidades, y solo a un imbécil no debe de parecerle sospechoso que los billonarios como Elon Musk defiendan a la ultraderecha, que no es otra cosa que un instrumento del capital para intentar sojuzgar a las masas y mantenerlas consumiendo en su pesebre, robándoles el optimismo con la cantinela de que “no hay dinero para servicios públicos” y “la iniciativa privada gestiona mejor los recursos” (cosa que, como demostró el éxito de la socialdemocracia austriaca, y su apuesta por lo público, es una verdad muy a medias).
Entonces, ¿Qué es lo que le pasa a Babler? Probablemente sea una combinación de factores y el más importante sea el de que no todo el mundo está preparado para administrar la escasez.
Por si no has tenido tiempo de leerlo todo (*)
Análisis crítico de las tradicionales «conversaciones de verano» en la televisión austríaca, centrado en la figura de Andreas Babler (SPÖ). Se evalúan sus fallos de comunicación frente al valor real de las políticas socialdemócratas históricas y actuales en Austria.
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Falta de comunicación efectiva: Andreas Babler cuenta con propuestas sólidas, pero su deficiente lenguaje corporal y estilo apresurado minan su impacto político y facilitan las burlas de la ultraderecha.
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Eficacia de la intervención pública: A pesar del desgaste de su imagen, medidas de sello socialdemócrata como el control de precios demostraron ser eficaces para frenar la inflación en Austria.
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Transformación de la lucha de clases: El perfil de la clase trabajadora ha migrado del obrero tradicional a los administrativos amenazados por la inteligencia artificial, manteniendo vigente el debate entre lo público y los intereses del gran capital.
(*) Resumen obtenido por IA
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