Dudas en torno a la prohibición del «islam político»

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Ante la caída en las encuestas, el ÖVP del canciller Stocker busca frenar a la extrema derecha reviviendo el debate sobre la prohibición del «islam político».

31 de Agosto.- El Partido Popular austriaco (ÖVP) se encuentra en estos momentos en bastante baja forma electoral. Es muy probable que, si hubiera elecciones el próximo domingo, la coalición que está ahora en el Gobierno no obtuviese una mayoría necesaria para Gobernar. Los principales beneficiarios de la situación son nuestros amigos de la extrema derecha que se postulan como la eterna alternativa (tanto va a ir el cántaro a la fuente hasta que un día nos despertemos en una Austria “orbanizada”).

Para intentar detener la fuga de votantes, las mentes pensantes del ÖVP han pensado que lo mejor es intentar atraer a los votantes con temas que la extrema derecha ha cultivado tradicionalmente.

En primer lugar la inmigración. No cualquiera, por supuesto, sino la procedente de Asia Menor (Turquía) y Oriente Medio y por otro, el islam en general.

La tesis de la extrema derecha, obviamente derivada de su fondo de armario supremacista, es que el islam (y sus practicantes) son elementos ajenos a la cultura europea y, como tal, deben ser extirpados del continente europeo a la mayor brevedad. Es un motivo temático que enlaza directamente con la teoría conspirativa del “Gran Reemplazo” de la que ya he escrito otras veces en este mismo espacio.

Por lo tanto, el razonamiento del ÖVP es que, si se quiere comerle la merienda al FPÖ lo que hay que hacer es comprar sus tesis y demostrar que se tiene “mano dura” con los musulmanes.

Según esta teoría, los votantes, una vez comprueben que el ÖVP, su viejo y querido ÖVP, hace lo posible porque haya musulmanes en Austria a los que no se les note por la calle que lo son, volverán al redil, las encuestas de intención de voto florecerán, y Austria volverá a los felices tiempos en los que Sebastian Kurz hizo creer en una nueva primavera conservadora para Austria.

Así pues, el canciller Stocker, aconsejado por sus asesores, se ha puesto a la tarea y ha declarado ante todo aquel que quisiera oirle, que había que prohibir el “islam político”.

Aunque se resucite ahora, el debate no es nuevo, y el ÖVP ya lo trajo a colación cuando se acordó la coalición presente con los Neos y los Socialdemócratas.

A lo largo y ancho del arco parlamentario austriaco todo el mundo está bastante de acuerdo en que las versiones más radicales del islam, aquellas que tienen tanto en común con la extrema derecha y atacan nuestras libertades, no tienen nada que hacer en nuestra democracia.

Sin embargo, no está nada claro dónde poner la prohibición sin que afecte a un derecho fundamental de las democracias modernas, que es el de la libertad religiosa.

Se trataría de prohibir aquellos grupos religiosos que se mueven (aún) dentro de los márgenes que marca la constitución austriaca pero que aspiran a modelar las leyes de Esta República según los preceptos islámicos.

El asunto es un poco confuso, pero es un poco como si hubiera algún grupo cristiano que, ignorando la separación entre la iglesia y el Estado, aspirase a prohibir la homosexualidad o el aborto, y pretendiese que todos viviésemos conforme a la Biblia.

Respondiendo a las declaraciones del canciller, la ministra más a la derecha del Gobierno, Claudia Bauer, ha dicho que se quiere poner manos a la obra lo antes posible.

El asunto tiene bastante ocupados no solo a los representantes de las comunidades islámicas en Austria (un mundo muy complejo, en el que conviven varias corrientes, desde el poderoso -y muy conservador- sector turco, hasta los musulmanes semisecularizados que viven integrados perfectamente en el mainstream, y cuya situación sería la equivalente a la de los católicos medios).

En general, desde la comunidad islámica se ven estos “apretones” cíclicos del Gobierno, concebidos como señales al electorado de extrema derecha, con cierta preocupación. Se teme que una ley mal hecha sea peor que los problemas que quiere atajar. Por ejemplo, dejando en circulación a elementos radicales y obligando a disolver estructuras que son, hoy por hoy, medios eficientes de integrar a los musulmanes austriacos. Se teme también que, en último término, una ley de estas características termine siendo combustible para la extrema derecha.

Los juristas, en general, ven la pretensión de Stocker con cierto escepticismo. Sobre todo por la peligrosa concomitancia con la libertad religiosa y por la dificultad de definir exactamente qué se prohíbe y que no.

Ya veremos en qué queda todo.

Por si no has tenido tiempo de leerlo todo (*)

Ante la caída en las encuestas y la amenaza del FPÖ, el Partido Popular austriaco (ÖVP) intenta recuperar terreno electoral endureciendo su discurso sobre la inmigración y proponiendo prohibir el «islam político». La iniciativa, impulsada por el canciller Stocker, se enfrenta a serias dudas legales por su posible choque con la libertad religiosa, generando alarma entre las comunidades islámicas y escepticismo entre los juristas.

  • Estrategia electoral del ÖVP: El partido conservador adopta la retórica antimusulmana y antiinmigración de la extrema derecha para evitar la fuga de votantes hacia el FPÖ.

  • Prohibición del «islam político»: El Gobierno busca ilegalizar a grupos que pretenden imponer preceptos islámicos en la ley austriaca, una línea legal difusa y compleja de definir.

  • Conflictos legales y sociales: La medida genera preocupación entre juristas y comunidades islámicas por el riesgo de vulnerar la libertad religiosa, entorpecer la integración y acabar beneficiando a los propios extremistas.

(*) Resumen obtenido por IA


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