400 palabras antes del desastre

¿Estamos ante una catástrofe cognitiva? ? Los últimos datos del informe PISA revelan la caída histórica en la comprensión lectora y la educación en la OCDE.

8 de septiembre.- Si el lector se concentra un poco podrá ver lo que yo estoy viendo en estos momentos. Un hombre de unos treinta y tantos lleva de la mano a un niño. Estamos en la Plaza de Castilla de Madrid, es septiembre de 1980. El crío tiene cuatro años. Padre e hijo están saliendo de la boca de metro cuando el niño le hace al padre una pregunta que le lleva rondando por la cabeza desde que supo que tiene que ir al colegio. El chavalín no las tiene todas consigo:

-Papa ¿Y por qué hay que ir al colegio? El padre piensa un momento y luego le dice al hijo:

-Para aprender a leer.

-¿Y para qué hay que aprender a leer?

-Para que no te engañen. Imagínate que estás solo y tienes que coger el metro. Y le preguntas a un hombre. Y ese hombre te dice por dónde tienes que ir. ¿Cómo sabes tú que te ha dicho la verdad?

El niño no dice nada. El padre remacha:

-Pues leyendo los carteles. Y si no sabes leer los carteles no sabes si el hombre te ha engañado o no.

El niño tarda un poco en digerir este concepto. No se pregunta, sin embargo, por qué nadie querría engañarle y darle una información errónea, pero se da cuenta de que es posible. Así que acepta que ir al colegio es necesario.

Hoy se han publicado los datos más recientes del temido informe PISA, que evalúa las competencias de los ciruelos y ciruelas en edad escolar en los países de la OCDE. En Austria han participado 70.000 alumnes, representantes de les 760.000 que pueblan las aulas austriacas. El resultado no es tan pavoroso como ha sido el español, pero le anda cerca. Sepa el lector que, según lo que se deduce del infierno digoooo del informe PISA, las personas que estamos en condiciones de comprender este sencillo texto estamos condenadas a la extinción. Austria y la OCDE en su conjunto, han obtenido los peores resultados desde que hay registros y es probable que nos estemos enfrentando a las consecuencias de lo que Oliver Sacks llamó “una catástrofe cognitiva”. Las puntuaciones europeas son casi la mitad de las asiáticas. Los chavales tienen grandes problemas para comprender e interpretar lo que leen y, aunque Austria está “de la mitad de la tabla p´arriba” la verdad es que es un parco consuelo, sabiendo que las aulas están produciendo a toda pastilla votantes del FPÖ (*). O sea, gente que no sabe dónde tiene la mano derecha.

(*)Por cierto, hasta aquí son 400 palabras, la capacidad máxima de comprensión de un alumno medio según PISA.

No solo es culpa de los chavales, ni siquiera es culpa del sistema educativo. El problema empieza básicamente cuando la chavalería sale de la escuela y se enfrenta a artefactos creados para convertirles en yonkis de la dopamina. Si nuestra generación es ya casi totalmente incapaz de ver una película seguida sin mirar el móvil, en el caso de la gente joven la cosa pone los pelos de gallina. Los efectos son fácilmente comprobables. La riqueza y la profundidad de los productos culturales puestos a disposición del público ha caído a ojos vista. Las películas de Netflix están pensadas para poder seguirse a pesar de los ladrones de atención que nos acosan. Cada cierto tiempo, hay escenas pensadas para que los personajes le recuerden al público lo que ha pasado en los últimos diez minutos, al objeto de que nadie se pierda. El nivel de exigencia es cero patatero. Los libros que se publican, destinados a un público mayoritario, son aún más pedestres. Hace unos meses se hizo “viral” un video de una pobre mujer que se quejaba de que no podía leer “Cumbres borrascosas” porque el vocabulario era demasiado complicado y tenía que mirar el diccionario a cada momento. “Cumbres borrascosas”, no hace falta decirlo, era un libro que un bachiller medio de mi generación no hubiera tenido ningún problema para seguir.

Y la cosa estaría bien si el mayor problema fuera que Sonsoles Ónega puede vender más libros de esos que ella (dice que) escribe. Qué pasará en esas oficinas, en esas fábricas, en esos hospitales, en esos lugares de trabajo en donde los futuros obreros de los que dependen nuestras pensiones se enfrenten a tareas que les resultarán abstrusas porque no sabrán hacer la o con un canuto. De dónde van a venir los médicos que nos operen y que no sabrán distinguir un juanete de la glándula tiroides si no se lo dice chatgpt. Qué pasará cuando no sepan interpretar un análisis y se lo tengan que preguntar a la maquinita (sin saber, como yo de crío, si el chatín les va a engañar o no). Qué va a suceder cuando no sepan articular sus pensamientos porque carezcan de palabras adecuadas y, por lo tanto, sean unos desgraciados incapaces de disfrutar de la literatura de verdad.

Hay una cosa horrible (una más) en el informe PISA y es que, por lo menos en España, el descenso de nivel es casi un tercio más alto en los alumnos de clases acomodadas que en los pobres. Y sin embargo esos, los ricos, no nos engañemos, son los que van a tener acceso a puestos de responsabilidad y de Gobierno. De lo que se deduce que vamos a dejar en manos de gente sin conocimiento(s) decisiones sobre temas que no están capacitados para comprender. Por ejemplo, el cambio climático.

Por si no has tenido tiempo de leerlo todo (*)

El texto reflexiona sobre el deterioro de la capacidad de comprensión lectora y la atención en las nuevas generaciones, apoyándose en los recientes y preocupantes datos del informe PISA en la OCDE y Austria. Atribuye esta crisis cognitiva no solo al sistema educativo, sino a la adicción a las pantallas, la simplificación del consumo cultural y el impacto de tecnologías como la inteligencia artificial, advirtiendo sobre las graves consecuencias que esto tendrá en el mercado laboral, la sociedad y el liderazgo político del futuro.

  • Caída histórica en la comprensión lectora: Los resultados del informe PISA reflejan el peor desempeño cognitivo registrado en la OCDE y Europa, evidenciando graves dificultades en los estudiantes para interpretar textos básicos.

  • Impacto de la adicción digital y la oferta cultural simplificada: La sobreexposición a las pantallas y los «ladrones de atención» han reducido la capacidad de concentración, obligando a la industria del entretenimiento y editorial a bajar los niveles de exigencia.

  • Riesgo para el futuro profesional y la toma de decisiones: El descenso del nivel académico afectará directamente a la cualificación de los profesionales del mañana y dejará puestos de responsabilidad política y socioeconómica en manos de personas sin el criterio suficiente.

(*) Resumen obtenido por IA


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