
Hace cinco décadas empezó a volar por las teles la abeja más famosa del mundo.
10 de Septiembre.- Si a una persona nacida en los setenta se le dice la frase “en un país multicolor”, matemáticamente contestará “había una abeja bajo el sol”. También sabrá perfectamente el nombre de este insecto: Maya (si la persona es de Austria o de Alemania asociará la melodía a la tonante voz de Karel Gott y escribirá el nombre de la abeja con j de jamón).
El día 9 de septiembre de 1976, la ZDF estrenó la que, hasta ahora, es su producción de dibujos animados más conocida: La Abeja Maya (Die Biene Maja). La conocidísima serie llegó a Austria diez días más tarde, ya que la ORF, junto con la cadena pública alemana y la japonesa Nippon Animation había coproducido las aventuras de Maya, Willi su amigo, Flip, la araña Tecla y demás habitantes del prado en donde vivían sus aventuras.
Por cierto, Nippon Animation, aparte de darle vida a la pizpireta abeja también fue responsable de algunas otras series melodramáticas (en mi época, a las criaturas nos atizaban unos melodramas de aquí te espero). Así, fueron los padres de Heidi (por lo tanto también de la señorita Rottenmeier, su némesis) y también de Marco, el crío que se iba de los Apeninos a los Andes buscando a su madre, con su mono Amedio y unas aventuras que eran un puro maltrato psicológico para los tiernos infantes que las presenciábamos. En 1980, junto con el empresario catalán Claudio Biern Boyd, Nippon Animation dio vida a D´Artacán, fiel amigo de nuestra infancia.
Volviendo a Maya. Como todo el mundo sabe, las aventuras, con indudable sabor moralizante, de Maya y sus amigos pasaban en un prado cualquiera (por la vegetación y la fauna, de Centroeuropa, se entiende) y salieron de la pluma de un caballero llamado Waldemar Bonsels, alemán nacido en Ahrensburg, en el norte de Alemania. El primer libro de la abeja se publicó en 1912 y le convirtió en uno de los escritores más famosos de la Alemania de su tiempo. La fama de Bonsels continuaría hasta 1945 y aún un poquito más allá, hasta su muerte en 1952. Y es que Bonsels no tuvo ningún problema para publicar durante el nacionalsocialismo. Más bien todo lo contrario. Bonsels era un convencido antisemita y hay muchos que han querido ver en las aventuras de la abeja Maya una metáfora de lo que su autor pensaba de los hebreos.
Otra digresión: otros dibujines sospechosos de nazismo son los pitufos. Si uno se para a pensarlo, empieza a ver paralelismos por todas partes con el pensamiento hitleriano. Los pitufos son de una raza pura, que no se mezcla con otras. La Pitufina fetén es la rubia, en tanto que la “Pitufina mala” es sospechosamente morena (no aria), el brujo Gargamel no solo es feo, sino que tiene una nariz ganchuda y su gato Azrael, a pesar de llevar el nombre de un personaje de la mitología islámica, por fonética se asemeja mucho a Israel.
Bonsels, como digo, disfrutó de gran fama durante la república de Weimar y el nacionalsocialismo. Durante todo ese tiempo produjo libros al ritmo de uno cada dos años y disfrutó de todos los reconocimientos oficiales posibles. También no ocultó para nada sus opiniones racistas y xenófobas. Después de la guerra, los vencedores le prohibieron seguir escribiendo, pero como suele suceder con este tipo de sabandijas, Bonsels consiguió que le volvieran a dejar publicar. Murió en 1952 de un cáncer linfático. Su personaje más famoso, la inofensiva abeja, sigue haciendo felices a las inocentes criaturas que ignoran la clase de fiera corrupia que fue Bonsels. Que Dios le tenga donde se merezca.

Deja una respuesta