
El odio percibido ha aumentado en la internet austriaca. Sobre todo los jóvenes son víctimas de mensajes degradantes o agresivos.
15 de septiembre.- El principio general de Viena Directo es ir de lo particular a lo general. O sea, escalar experiencias que están a mi alrededor para sacar consecuencias generales. Ayer, por ejemplo, un chico al que sigo en Instagram, puso un pantallazo de un cabestro que le había mandado mensajes sexuales como respuesta a una story. Aclaro que este muchacho al que yo sigo, un chavalín joven, se entretiene en hacer acrobacias en su casa, las graba con el teléfono móvil y luego las cuelga en internet. O sea, nada de particular que no haga cualquiera que le dé al yoga con más o menos afición (yo le doy al yoga, pero ni la edad ni la genética me permiten hacer contorsionismo).
Le mandé yo un mensaje al chico ofreciéndole toda mi solidaridad y diciéndole que nadie se merece tener en su bandeja de entrada mensajes de babosos. Pero le dije algo más: sostuve -y lo pienso- que el baboso en cuestión probablemente no le hubiera dicho cara a cara las cosas que le escribió.
Preparando el vigésimo aniversario de esta página, releo que uno de los primeros artículos que escribí iba de la progresiva disociación, que ya se observaba entonces, entre las personas que somos por el mundo y las personas que somos en internet. Seres humanos que se comportan como adultos funcionales en el marco de realidad de todos los días se transforman en fieras corrupias cuando están sentados en el wáter con su teléfono en la mano -por cierto, un hábito muy poco saludable, el de hacer de vientre y entretenerse con el teléfono móvil.
Todo esto viene a cuento porque el odio en la red ha aumentado en Austria. Según informa una encuesta de la oficina austriaca de estadística, un 37% de las personas afirman haberse encontrado con mensajes degradantes o insultantes en los últimos tres meses (la encuesta se realiza por mandato de la Unión Europea utilizando un cuestionario que es igual en toda la Unión, para Austria se ha interrogado a una muestra representativa de la población de unas cinco mil personas).
Los motivos más frecuentes de odio han sido la orientación sexual o identidad de género (24%), el género (20%) o discapacidades físicas o psicológicas (17%). O sea, que si usted ha recibido el vómito de algún convecino cibernético en el transcurso del trimestre pasado sepa que no está solo, que el mundo está lleno de idiotas.
La buena noticia es que Austria está un poquito por debajo de la media de los veintisiete. Si en Austria era un 37% el que ha recibido el mencionado vómito, la media es de un cuarenta por ciento (ole). Los países “más peores” para navegar por internet son Irlanda en donde el 66% ha recibido denuestos y Hungría y Finlandia (56% cada una). Internet tiene menos material porcino en Grecia(26%), Letonia (28%) Lituania y Bulgaria (con un 30% de odiadores).
Por grupos de edad son los jóvenes los que más tienen que lidiar con esta lacra. Un 51% de las personas entre 16 y 24 años han recibido mensajes de odio. Los usuarios más veteranos, entre los 65 y 74 años son los que menos se ponen a caer de un semoviente.
El escenario de estos ataques son mayoritariamente las mal llamadas redes sociales (dónde si no).
Quiero terminar este artículo de hoy con un consejo de elegancia cibernética que yo pongo en práctica siempre y es este: nunca hagas ni digas en internet lo que no harías en la vida real.
Por si no has tenido tiempo de leerlo todo (*)
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El artículo reflexiona sobre la diferencia entre el comportamiento de las personas en la vida real y en internet, especialmente ante mensajes ofensivos o inapropiados.
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Los datos citados muestran que el odio en la red ha aumentado en Austria, con especial incidencia en redes sociales y entre los usuarios más jóvenes.
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El texto concluye con una recomendación de comportamiento digital: no hacer ni decir en internet aquello que no se haría cara a cara.
(*) Resumen obtenido por IA
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