La bola negra llega a Viena el 20 de Noviembre

A pesar de que no llegará a Viena hasta el 20 de Noviembre, ya he tenido la oportunidad de ver (en España) La Bola Negra. El bombazo de la temporada.

27 de septiembre.- Al volver de Valencia en marzo, decidí comprar los billetes para la tradicional excursión de septiembre. En oriente medio andaba la cosa como sigue andando, y pensé que, antes de que subieran los precios -ingenuo de mí- era mejor billete en mano que ciento volando.

Durante todo el verano, al saber que iba a estar en Valencia en septiembre, me decían los amigos:

-Joé, qué suerte, vas a poder ver La Bola Negra.

Y yo, cariacontecido, les decía:

-No, porque se estrena justo el viernes siguiente de mi último día en Valencia, cuando ya no esté.

Quiso la casualidad, sin embargo, que se adelantase la fecha prevista. Y así, La Bola Negra se estrenó este viernes 25, día por cierto en el que uno de sus productores, Pedro Almodóvar, cumplía 77 años.

La impaciencia, que no sentía desde que se anunció el estreno de uno de los picos de felicidad de mi infancia, Indiana Jones en el Templo Maldito, me hizo ir el miércoles a comprar la entrada. Fue en los cines Lys, a dos pasos del ayuntamiento de Valencia. Pronto supe que no había sido el único impaciente, porque el taquillero, amabilísimo, no solo no se extrañó de que comprara las entradas con tanta antelación, sino que me fue mostrando una sesión tras otra, casi completamente vendidas.

Tengo que decir que, durante cuarenta y ocho horas, aquel papelito con un código QR fue una de mis posesiones más preciadas. De hecho, le hice incluso una fotografía con el móvil, no fuera a ser que se me perdiera o se me quemara la casa con el papel dentro y me tuviera que perder la película.

Llegado el viernes, salí de casa dos horas antes (!Dos!) para que ningún impedimento me fuera a hacer llegar tarde. Entretuve la espera, con mi compañía, en la horchatería Santa Catalina, lugar al que siempre voy, porque me recuerda a mi amigo Ximo, que fue el primero con el que fui. Luego, me tomé un café porque quería tener los ojos y el alma muy abiertos a una experiencia la cual deseaba con todas mis fuerzas que fuera un banquete opulento para mis sentidos.

Spoiler: lo fue.

Llegué al cine con muchísimo tiempo. No había nadie todavía (vamos, había mucha gente, pero todos estaban en las salas, viendo sus películas). Fuimos a comprar palomitas y aguas (Aquarius de limón en mi caso), hicimos la micción reglamentaria -medida que aconsejo, porque la película dura tres horas- y nos sentamos en un banco a esperar a que abriesen nuestra sala -la cinco, en concreto-.

Yo miraba alternativamente al reloj y al público que iba acudiendo a la cita. Llegó un chico de color, que se había puesto muy guapo para ir al cine. Llevaba unos pantalones anchos de lino, de los que se llevan ahora, y una camiseta de sisas. El pelo, crespo, a su ser. Palomitas en la mano.

Llegaron luego dos muchachas, obvias fans de Guitarrica de la Fuente (yo no lo sabía entonces, pero en las tres horas siguientes, si no fan, me iba a aumentar mucho el respeto por este cantante) que se hacían fotos con la cartelería siempre siguiendo el critrerio de que saliera “él”. Luego llegó un grupo de chicos jóvenes gays, con la chica heterosexual de guardia que siempre se adjunta a estos espacios seguros para las mujeres. Dos hombres mayores, que obviamente eran pareja. Un grupo de amigos y amigas que, obviamente, celebraban un cumpleaños (!Qué mejor manera!) y, como dijo aquel, cosí vía.

Llegaron las ocho y veinte y abrieron la sala.

Fuimos pasando en alegre algarabía. Yo tengo que decir que, acostumbrado a los cines austriacos, encontré la algarabía demasiado alegre. A mí, en el cine, me gusta el silencio. Bastante hay que aguantar el susurro de roedores de la gente comiendo palomitas, como para encima que haya peña que habla como en el salón de su casa.

Se anunciaron diferentes películas europeas -por cierto, como es tradición en España, horrorosamente dobladas- y por fin, empezaron los créditos de La Bola Negra. El silencio tardó en extenderse unos momentos. Ya desde los primeros planos, se nota que la película es una obra de arte. No, mal, no es una obra de arte. Es Una Obra de Arte.

No la voy a contar -aunque podría casi plano a plano, tan absorto estuve en la contemplación de aquel misterio- pero como no llega a Viena hasta el día 20 de Noviembre -momento en el que, por supuesto, iré a verla, porque será día de fiesta mayor- no voy a hacerles a mis lectores la putada de destriparles el argumento.

Solo voy a decir un par de cosas por las que La Bola Negra se merece todos los premios que se le den y algunos que se inventen para ella.

Los directores -que fueron pareja y ahora son familia, según declaración propia- son unos auténticos maestros de la dirección de actores. En primer lugar, consiguen que todo el mundo suene natural. Como pasaba antes en las películas de Almodóvar. Como si los diálogos se les estuvieran ocurriendo en ese momento. Los actores de La Bola Negra no suenan como en esas películas españolas baratujas de Netflix, en donde todos ponen unas voces impostadas para decir cosas fuera del mundo real -me viene a la memoria una cosa horrible que se ha estrenado ahora con José Coronado-. No. Los actores de La Bola Negra, especialmente aquellos que rellenan el paisaje, hablan como hablamos las personas. Y con frecuencia, las mejores conversaciones que se escuchan están en off (!Cómo usan el sonido!). Hay una escena en un hospital de campaña en la que dos enfermeras hablan mientras llevan a un herido, que es una secuencia de hospital. Y quien haya estado en un hospital, lo sabe.

Unos directores mediocres -los de Netflix- les hubieran hecho decir cualquier cosa de esas que se dicen en las películas americanas -¿Está usted bien? Y tonterías semejantes- sin embargo, las dos enfermeras de Los Javis, hablan de que tienen hambre y una dice que se ha comido una manzana y que no lleva otra cosa en el cuerpo.

Pura poesía.

Y esto vale para todos los actores. Desde los que tienen un papel protagonista, hasta los que,como digo, son comparsas.

Durante toda la película las imagenes son poderosísimas. Es que, aparte de eficaz narrativamente, es una película bella. Aunque a veces esa belleza también sacrifique parte de la lógica de la narración.

La película trata de tres historias que se entrecruzan. La parte más floja, en mi opinión, es la parte moderna porque, al ser la clave de bóveda, el hilo conductor de la historia, los actores a veces están un poco forzados por un guión que no alcanza la calidad del resto de la película (el personaje de Lola Dueñas, por ejemplo).

Aún así, en el cine en el que yo estaba, la gente aplaudió con los créditos finales y, cuando se encendieron las luces de la sala, todos nos estábamos secando las lágrimas.

A Viena, ya digo, llegará La Bola Negra el día 20 de Noviembre. Se estrenará en el Votivkino (aunque supongo que llegará a más salas, porque es muy previsible que se lleve una cantidad atronadora de nominaciones a los Oscar).

Allí estaremos para verla.


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