Viena Directo cumple 20 años: muchas gracias

Mañana, cuatro de octubre, Viena Directo cumplirá veinte años de existencia. Es un motivo de celebración y de reflexión. Veinte años no se cumplen todos los días.

3 de octubre.- El cuatro de octubre de 2006, a las once y treinta y dos minutos de la mañana, escribí esto:

“Le he dado muchas vueltas a lo que debía escribir en este blog.

¿Qué tono debe tener? ¿Cómo encontrar ese equilibrio que permita decir sin decir demasiado? No hay que olvidarse que, de alguna forma, un blog es un espacio semipúblico, como el habitáculo de un coche. Y todos hemos tenido la experiencia de ver a alguien en un semáforo buscandose petróleo en la nariz…

Entre pitos y flautas, también me viene a la cabeza el grupo de chavales ante los que hablé este verano en Segorbe (*). Se trataba, como siempre, de intentar que leyeran. Sin embargo, mientras mi compañero de fatigas lo intentó de la manera más habitual (hay una insistencia casi malsana en proponerles a los tiernos infantes que lean El Quijote) yo intenté convencerlos de que ellos van a ser los protagonistas de una revolución. Nosotros, desengañémonos, somos los últimos ejemplares de una especie en extinción: los habitantes del Planeta Gutenberg.

Las personas que tenemos alrededor de los treinta años formamos la última generación educada en el prestigio del libro como elemento primordial transmisor de saber.

Los libros morirán con nosotros. Ya se ven los primeros indicios: vastos proyectos de digitalización de bibliotecas (leo que, desde hace poco, la Biblioteca de la Universidad Complutense se puede consultar on-line)

Por eso es inútil insistirle a los chavales en que lean como nosotros leíamos (dejando aparte de que el Quijote es un libro como la vida misma: viejo y cruel; un libro que hay que leer con una cierta edad); ya nadie leerá como nosotros leíamos.

Aunque, si Dios quiere, y la tecnología nos ayuda, seguirá produciéndose el milagro cotidiano de que las palabras de alguien que está lejos, o de alguien que murió hace siglos, sigan resonando en tu cabeza como las mías suenan, ahora mismo, con tu voz…“

(*) En el verano de 2006, la Fundación Max Aub, de Segorbe, me dio un premio de cuento.

Este texto es el primer artículo (por llamarle de alguna manera) que se publicó en Viena Directo. Mañana, a las once y treinta y dos minutos, como decía antes, hará veinte años. Antes de abundar en más comentarios sobre los pensamientos que me produce esta efemérides, me gustaría dar, en primer lugar, las gracias a los innumerables lectores que estas páginas han tenido durante estas dos décadas.

Viena Directo ha sido (y es, por suerte) una fuente enorme de alegrías y la principal es que he conocido a mucha gente fantástica, que primero han sido lectores y después se han convertido en amigos.

En muchos casos, son veinte años de amistad con gente fantástica lo que me ha dado este trabajo cotidiano de intentar hacer comprensible la actualidad austriaca a las personas que me leen. Muchos, lo hacen desde Austria. Muchos, desde España. Pero también muchos desde fuera del continente europeo.

No me engaño: Viena Directo es una rareza (más rareza aún que sobreviva por la tozudez de su autor). Es el producto de un mundo y de una internet que ya no existen. Por ejemplo: cuando la página nació, como un blog personal y alojada en una plataforma ad hoc, no había redes sociales. Para mi sobrina, que tiene más o menos la edad de Viena Directo, no hay otra forma de consumir internet. Sin embargo, para nosotros era normal crear espacios en la red que funcionaran de una manera altruista, solamente para ayudar a los demás o entrar en contacto con gente que tuviera intereses afines a los nuestros. Cuando Viena Directo nació nadie pensaba en ganar dinero con la red.

(Y aunque lo pensaran, yo soy una persona tan inepta para esas cosas que, aunque alguna que otra vez me han ofrecido dinero por publicidad y cosas así jamás he escrito ni dicho nada en Viena Directo que no fuera exactamente lo que a mí me ha salido de los cojones, con perdón por la contundencia de la expresión).

Creo precisamente que es eso, la constancia total que mis lectores tienen de mi sinceridad a la hora de contar las cosas y de dar mis opiniones cuando las doy, lo que ha hecho que la página siga teniendo lectores -y no pocos, por suerte- en estos tiempos en los que la inteligencia artificial está ahogando a otros medios. Quiero pensar que, lo mismo que para mí escribir el artículo diario es un hábito que me mantiene en forma, para los lectores resulta una costumbre agradable pasarse, si no todos los días, sí de cuando en cuándo, para ver qué se cuece. Lo mismo que uno baja al bar de la esquina o le pregunta a las vecinas.

A lo largo de los próximos días, me propongo escribir una especie de biografía de Viena Directo y contaré cosas que no he contado nunca a propósito de su gestación y avatares. También algunas anécdotas, que las ha habido, porque veinte años no se cumplen todos los días.

Cuando busqué el primer artículo de Viena Directo para citarlo hoy, me sorprendió mucho que este corto texto, escrito hace exactamente veinte años, sigue conteniendo muchos temas que están muy de actualidad. Los libros, la lectura, la cultura en esta época digital, el milagro cotidiano de la comunicación humana de persona a persona.

El mundo de 2006 poco tiene que ver con este de hoy. Sin embargo, hay una cosa que no ha cambiado y que, mientras Dios me dé salud, no cambiará: el ansia de contar la actualidad todos los días según mi recto entender y la curiosidad enorme por beberme a diario la realidad a tragos y de aprender sobre Viena y sobre Austria cosas que no sabía antes.

De nuevo, muchas gracias por estar ahí todos los días.


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