
La crisis del partido socialdemócrata (SPÖ) y el desgaste de Andreas Babler recuerdan a la famosa reunión de «La Casa de la Pradera» de Adolfo Suárez.
5 de octubre.- En mayo de 1980, Adolfo Suárez, presidente del Gobierno de España, era sin duda el hombre más despreciado del país (odiado también). El artefacto que le había llevado a la presidencia, UCD, una amalgama de partidos cada uno de su padre y de su madre, era en la práctica una organización ingobernable y España, agobiada por una brutal crisis económica y por el terrorismo separatista de ETA, era un país a la que las reformas que la habían sacado del franquismo se le estaban quedando pequeñas.
En esas condiciones, los “barones” de UCD le dieron a Suárez un ultimátum. Se materializó este en la llamada “Casa de la Pradera” (por la serie de Michael Landon que, entonces, era muy popular), una finca propiedad del Canal de Isabel II que estaba (y está, supongo) situada en Manzanares el Real, a una hora en coche de Madrid. Durante un fin de semana, los “barones” se encerraron en la casa con Suárez y le dejaron como un lagarto machacado por los niños, que es como quería dejar la Poncia a Bernarda Alba; pidieron principalmente más poder y un ámbito más amplio de decisión, le reprocharon a Suárez veleidades autoritarias.
Según quienes estuvieron allí, se trató de una reunión tensa en la que siempre estuvo sobre la mesa algo a lo que, en el fondo, nadie se hubiera atrevido: “echar” a Suárez. Porque todos los “barones” de la UCD querían más poder pero no estaban dispuestos a afrontar las críticas acerbas que Suárez afrontaba. Críticas que eran, en muchos casos, tan crueles como injustas, como el tiempo, el gran maestro, ha demostrado. Aunque en otras cosas, como la timidez de Suárez a la hora de “reformar” el franquismo, estuvieran claramente justificadas.
Ayer, viendo los informativos, me acordaba yo de la famosa reunión de “La Casa de la Pradera”, solo que la casa, en esta ocasión, no estaba en la estepa de la sierra de Madrid, sino en un hotel de lujo en el centro de Viena. El resto, más o menos igual. Los “barones” del partido socialdemócrata austriaco le montaron ayer a Andreas Babler un sanedrín en el que se ventilaba su futuro. No se sabe si, como hizo Suárez, Babler se ausentó del lugar de la reunión para que sus “barones” (y, por lo menos una “baronesa”) pudieran despellejarle a placer. Lo que sí que se sabe es, sin embargo que, en lugar de mejorar, la reunión de ayer no hizo más que ahondar la crisis reputacional de la socialdemocracia austriaca.
Al final, se decidió que Andreas Babler permanecería como jefe del partido hasta fin de año. Durante estos meses, le “asistirán” dos “cuidadores” que velarán porque su trabajo sea de la calidad deseada. Después, le sustituirá como jefe del SPÖ el actual Ministro de Economía (en estos momentos, el pobre, enfermo de cáncer). Todas estas decisiones tomarán carta de naturaleza legal en un congreso extraordinario que se deberá convocar en primavera.
El partido, de tanta tradición, se juega en estos momentos su propia existencia. La que fue formación hegemónica bajo Bruno Kreisky (por poner un ejemplo) anda ahora en el 15% de intención de voto y lo bien o lo mal que le vaya es una cuestión de Estado. Máxime estando la extrema derecha en cifras del 40% de intención de voto.
El problema no es que el SPÖ necesite un nuevo líder, que eso no lo discute nadie, a estas alturas, sino que no será fácil encontrar a una persona que quiera, como se suele decir coloquialmente, “comerse el marrón”.
En el caso de la UCD la famosa reunión de la casa de la pradera no fue más que el preludio de una muerte anunciada, para el SPÖ sería triste acabar como acabó la UCD de Suárez. Y no solo para el SPÖ, para una Austria acechada por una extrema derecha que quiere “cambiar el sistema” (ya sabemos en qué dirección).
Por si no te ha dado tiempo de leerlo todo (*)
Resumen: El texto establece un paralelismo entre la crisis interna de la UCD española en 1980 (simbolizada en la reunión de «La Casa de la Pradera» que cercó a Adolfo Suárez) y la actual crisis de la socialdemocracia austriaca (SPÖ). Acorralado por sus «barones» en Viena, Andreas Babler continuará de forma tutelada hasta fin de año antes de ser sustituido en un partido en horas bajas (15% de intención de voto) mientras la extrema derecha roza el 40%, amenazando la estabilidad institucional de Austria.
Ideas principales:
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Paralelismo histórico: La encerrona política que sufrió Adolfo Suárez por parte de los «barones» de la UCD en 1980 se refleja en la presión actual que ejercen los líderes del SPÖ sobre Andreas Babler en Viena.
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Transición y tutela en el SPÖ: Andreas Babler seguirá al frente del partido socialdemócrata austriaco solo hasta fin de año bajo supervisión, para dar paso al actual Ministro de Economía tras un congreso extraordinario.
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Riesgo institucional en Austria: El colapso electoral del SPÖ y la dificultad para encontrar un nuevo liderazgo fuerte deja vía libre al auge de la extrema derecha, que alcanza el 40% en intención de voto.
(*) Resumen obtenido por IA
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