¿Estamos en el momento más peligroso para Europa desde septiembre de 1939? Todo indica que sí.
7 de octubre.- Todo apunta cada vez más a que se puede estar gestando un conflicto armado entre la OTAN (la Unión Europea) y la Federación Rusa. Y podría ser muy pronto. En las próximas semanas. La lógica dice que, si ese conflicto se produce, Putin va a elegir un país nórdico y que podría hacerlo en el próximo mes y medio. Esto es, antes de que Donald Trump quede sumamente debilitado por los malos resultados en las elecciones de mitad de mandato, en las que podría perder el control del senado y de la llamada cámara de representantes.
La Federación Rusa, como ya he dicho varias veces en estas mismas páginas, lleva desde que empezó la guerra de Ucrania (o sea, desde que la Federación Rusa empezó la guerra invadiendo Ucrania salvajemente) con una guerra híbrida que ha subido de intensidad en los últimos tiempos con incidentes tan graves como el del aeropuerto de Leipzig, en el que solo un milagro evitó que hubiera muertos.
A nivel de política interior, la Federación Rusa necesita que la guerra aumente de intensidad. La situación económica de Rusia es, en estos momentos, de recesión técnica y Putin (que, por cierto, cumple años hoy) sabe que es cuestión de meses antes de que algo parecido al descontento empiece a bullir, sobre todo en los lugares más pobres de Rusia que son los que más están sufriendo la sangría de muertos de la guerra. La operación para “venderle” a la ciudadanía un nuevo capítulo de la guerra empezó en las últimas elecciones durante las cuales, para sorpresa de nadie, el partido de Putin alcanzó un apoyo mayoritario. Fueron unas elecciones de pega ya que se evitó cuidadosamente que se presentaran otros partidos que no fueran Rusia Unida y sus satélites.
Se trata de escenificar un apoyo sin fisuras que acalle cualquier forma de disidencia. Puede parecer una tontería pero, al día siguiente de las elecciones, empezaron a subir las tarifas de todos los servicios que presta el Estado. Y no poco: entre un 4 y un 22% (datos extraídos de la propia prensa rusa, que es, como todo el mundo sabe, de las más censuradas del mundo).
Otro factor que puede meterle prisa a Putin es que, a medio plazo por lo menos, su capacidad de financiar la guerra de Ucrania está inutilizada. La campaña de bombardeos con drones del ejército ucranio ha mermado considerablemente la capacidad de refino de petróleo de la Federación Rusa. La escasez de carburantes ha hecho que Rusia haya tenido que importar derivados del petróleo, por primera vez en su historia, y que se haya visto obligada a rebajar la calidad de los carburantes que se permite vender en las gasolineras, para paliar la escasez. No solo eso: se dice, de broma, que Rusia no es un país, sino que es una gasolinera que funciona como un país. En otras palabras: Rusia es una economía basada en el petrodólar.
En otras palabras: por su propia supervivencia política, Putin necesita utilizar sus reservas en hacer mucho ruido, para evitar que se oiga el descontento. Y ese ruido puede ser una huida hacia adelante mediante, por ejemplo, la invasión de una república báltica.
En cuanto al exterior, en estos momentos la mayoría de los países grandes de la Unión pasan por épocas de inestabilidad política y los mandatos de los que han sido defensores más fuertes de la solidaridad con Ucrania o han terminado (el caso de Pedro Sánchez en España, a falta de lo que suceda en las próximas elecciones), o están a punto de terminar (Macron) o están con el corazón más encogido que Marco el día de la madre (Merz).
Florecen también en Europa los partidos prorrusos, AfD en Alemania, el FPÖ en Austria o Rassemblement National en Francia. Partidos que intentan vender que lo que hay que hacer es intentar “no provocar” a Putin. Cuando todos sabemos que Putin ya viene de su casa provocado.
El otro día, el corresponsal de la BBC en Moscú entrevistó a un analista político ruso y le preguntó sobre esto. El tipo, después de afirmar que Rusia no ha sido “suficientemente dura” con Ucrania, apostó por una escalada de la guerra, como “castigo” a los países que están vendiéndole armas a Ucrania y dándole créditos. Rosenberg repuso: -Pero una escalada así llevará a una respuesta de Europa. El tipo, miró a Rosenberg de hito en hito y, tras un segundo eterno, dijo fríamente. -No habrá respuesta.
Putin y sus secuaces cuentan con que las democracias, al no contar con los instrumentos represivos con los que él cuenta, no serán capaces de imponerle a sus ciudadanías una guerra que, de todas maneras, ya ha empezado. Son incontables los sabotajes, prácticamente diarios y los ciberataques que sufren las infraestructuras de todo el continente. Por no hablar de las operaciones de desinformación dirigidas a minar la confianza de los ciudadanos en las instituciones y en sus gobernantes.
Por si todo lo anterior fuera poco (que no lo es) hay otro indicio de que algo se mueve y es el espionaje. Quizá los lectores de Viena Directo han reparado en que ayer Alemania detuvo al ex jefe de su espionaje y lo acusó de alta traición. Son palabras muy mayores. Presuntamente, el hombre habría vendido 80.000 (¡!) documentos oficiales a “una potencia extranjera”. En el comunicado que anunciaba la detención se decía expresamente que no había sido a Rusia. Sin embargo, el caso recuerda muchísimo a un episodio muy aleccionador de la historia austriaca: el del coronel Redl. Redl se vendió a la Ochrana (servicio secreto zarista) y le pasó al enemigo los planes de defensa del imperio en el caso de que estallara un conflicto que luego fue la primera guerra mundial.
En el caso de Redl también se quitó importancia a lo sucedido y se evitó que lo más grave de la filtración llegase a la opinión pública.
Por otro lado, se sabe que los rusos también tenían el servicio secreto austriaco en el punto de mira, a través del caso Egisto Ott. Incluso colaron a una ministra Karin Kneissl, en el Gobierno austriaco, la cual vive hoy en día en Rusia muy confortablemente trabajando como “comentarista político” en pago, seguramente por los servicios prestados.
Por si no te ha dado cuenta de leerlo todo (*)
El análisis advierte sobre una posible escalada del conflicto militar entre Rusia y la OTAN/UE impulsada por las presiones internas que afronta Vladimir Putin. Con una economía en recesión técnica, problemas de desabastecimiento energético por los ataques ucranios y crecientes tensiones políticas internacionales, el Kremlin podría recurrir a una agresión militar en el norte o el báltico para distraer a su población. Mientras tanto, aprovecha las debilidades políticas occidentales, la desinformación, los sabotajes y las redes de espionaje en Europa.
Ideas principales:
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Presión económica e interna en Rusia: La recesión, la inflación de servicios básicos y el desabastecimiento de combustible por ataques a refinerías obligan a Putin a buscar una escalada militar como distracción política.
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Aprovechamiento de la debilidad occidental: Moscú confía en la falta de respuesta unánime europea debido a la inestabilidad política, el auge de partidos prorrusos y las limitaciones inherentes a las democracias.
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Guerra híbrida y espionaje activo: El conflicto ya se está librando mediante ciberataques, sabotajes a infraestructuras en Europa y una red profunda de interferencia política y espionaje en países como Alemania y Austria.
(*) Resumen obtenido por IA

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