¿Qué votan los españoles residentes en el exterior?

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¿Cómo votan los españoles en el extranjero? Tras el adelanto electoral de Pedro Sánchez, analizamos el voto CERA: por qué los emigrantes optan más por opciones progresistas y cuál es el impacto real de la participación en las urnas

13 de octubre.- Como mis lectores saben, el Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, decidió hace unos días adelantar las elecciones generales. El detonante de esta medida fue la incapacidad del Ejecutivo de concitar los apoyos necesarios para aprobar los llamados “decretos Maricarmen” por la señora desahuciada por sus caseros del piso que había ocupado desde hace siete décadas.

Seguramente, en los cálculos de Pedro Sánchez está aprovechar el revuelo causado por este triste hecho para intentar levantar unas encuestas electorales que así, a priori, no le ofrecen unas perspectivas muy risueñas.

Veremos a ver lo que pasa, pero hoy he encontrado en la edición digital del diario ABC un artículo curioso y por eso me hago eco de él. Trata sobre el sentido del voto de los españoles en el extranjero en las cuatro últimas convocatorias electorales. El sentido del artículo es que, en general, en las últimas cuatro elecciones autonómicas los españoles residentes en el exterior, el llamado voto CERA, hemos sido más partidarios de las opciones progresistas que de las derechas, que han cosechado menos votos. Justo al contrario de lo que sucede en el “mercado interior” en donde han sido las opciones conservadoras las que más han crecido a costa de la izquierda que, como todo el que haya visto las encuestas sabe, ha ido perdiendo votos.

Antes de entrar a valorar las consecuencias de esto, me gustaría decir que, sin pretender hacer pasar esta opinión por ningún dogma científico, creo que el resultado es lógico. En general una persona que es conservadora lo es porque se encuentra feliz con el estado de la realidad en la que vive. Si no, como es natural, no se molestaría en “conservarlo”. Las personas que reunimos el valor de pasar por todos los inconvenientes que conlleva la emigración, también como es natural, es porque, por lo que sea, no estamos a gusto con la realidad que nos toca en suerte en nuestro país de origen, de manera que nos lanzamos a explorar nuevos horizontes, con la esperanza -clave en las ideologías progresistas– de que el futuro sea mejor que el presente.

Alguien que vive en el extranjero, además, está en unas condiciones ideales para poner en cuestión el orden social -otro punto clave para decantarse por una ideología progresista-. Los que llegamos a un sitio vemos las cosas desde fuera, nos da tiempo de sobra, entre pitos y flautas, a observar cómo funciona el mundo. Inmediatamente nos damos cuenta quiénes son los pobres y quiénes son los ricos, aprendemos a que las discriminaciones no tienen mucho sentido (por sufrirlas en nuestras carnes) de manera que, si tenemos algo entre las orejas, tendemos a ser partidarios de que haya un orden social justo en el que “los parias de la tierra” tengamos algo más de poder de decisión. En fin, que estamos más inclinados a la utopía que al cayetanismo. Y claro, esto se refleja en los votos.

Otro factor, aunque sea bastante incómodo aludir a esto, es que los españoles en el exterior, creo yo, tendemos a ser más cultos y estar mejor formados que la media de los españoles residentes en España (si no es imposible sobrevivir en un mercado laboral tan duro). Como poco, hablamos idiomas y, aunque estadísticamente hagamos trabajos por debajo de nuestros estudios, los tenemos. Estudios, vaya. Ya se sabe que las opciones políticas de lo que aquí se llama “derecha populista” y en España llamamos, sin tantos miramientos, extrema derecha, se nutren en su mayoría de los fugitivos del informe PISA. En otras palabras: una persona con estudios nunca votaría artefactos como “Se acabó la fiesta” (por poner un ejemplo).

Al principio de estos párrafos decía que no quería hacer pasar estas opiniones por nada científico, entre otras cosas porque una de las cosas que resalta la persona que ha escrito el artículo de ABC es que la reducida participación electoral de los españoles en el exterior a la hora de votar (no llega al diez por ciento de los residentes censados) no permite sacar consecuencias mínimamente representativas.

En las últimas cuatro elecciones autonómicas el resultado del voto CERA no ha cambiado los resultados obtenidos por medio de los votos “de interior”. Solo con una excepción: en las elecciones extremeñas últimas el PSOE consiguió retener un diputado a la asamblea regional gracias al voto exterior. Fue, sin embargo, por el pelo de un calvo, fueron solo 244 sufragios. O sea, que lo mismo podía haber pasado una cosa que la otra.

Creo, y aquí lo dejo, que este es el sentido del debate (interesado) que se ha levantado a propósito del voto por correo. Se trata de desalentar a aquellos que vivimos fuera y que queramos dar nuestro parecer sobre el porvenir político de nuestro país.

En fin, veremos a ver qué pasa.

Por si no te ha dado tiempo de leerlo todo (*)

Resumen

Tras el adelanto electoral en España, un análisis de un artículo del diario ABC reflexiona sobre la tendencia política del votante en el extranjero (voto CERA), que se decanta mayoritariamente por opciones progresistas frente al electorado nacional. Esta inclinación se atribuye a factores sociológicos y formativos del colectivo emigrante, aunque la baja participación electoral limita el impacto real de este sesgo en los resultados globales.

Tres ideas principales

  • Inclinación progresista en la emigración: La vivencia del proceso migratorio facilita una visión crítica de la realidad social y predispone a apoyar opciones de cambio e ideologías progresistas.

  • Nivel socioeducativo diferencial: Los residentes en el extranjero suelen contar con una mayor formación técnica y lingüística, lo que influye directamente en su rechazo hacia opciones políticas de extrema derecha o populistas.

  • Baja representatividad real: A pesar de las discrepancias en la orientación del voto respecto al mercado interior, la baja participación del voto CERA (menor al 10 %) hace que raramente altere la distribución final de escaños.

(*) Resumen obtenido por IA


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