
Con motivo de los disturbios registrados últimamente en Francia, Sebastian Kurz ha decidido dar a conocer su opinión.
19 de octubre.- Cuando Sebastian Kurz era canciller, se encontraba a menudo, por razones de vecindad, con la también canciller Angela Merkel. Posaban los dos delante de los periodistas. Ella, con la cara que se te pone cuando estás dirigiendo la economía más potente de la Unión Europea -qué tiempos aquellos- él…Bueno, con su cara y su expresión más o menos vacía.
Era inevitable comparar los currículums de aquellas dos personas.
Angela Merkel, con su doctorado en ciencias químicas y su larga experiencia en la política. Él, con su bachillerato. Con su bachillerato y su par de meses pasados en la universidad hasta que, por vías extrañas, encontró el camino que le llevó a liderar a los conservadores austriacos -una historia que tiene que ser jugosa y que, hasta el momento, no se ha escrito, que yo sepa-. Como uno, para aquella época, ya era un hombre mayor y una persona de cierta experiencia tratando a gente, la pregunta surgía sola. Cuando aquellas personas tan distintas se encontraban y las cámaras se apagaban y se quedaban solos ¿De qué hablaban?
Resulta indudable que muchos temas de conversación no debían de tener en común. Como digo, soy una persona ya de una cierta edad. Me va quedando poco pelo y el que me queda es cada vez más blanco. Tengo muchas personas vistas y aún más, muchas personas observadas, y sé que hay cosas que no se improvisan. Lo que te da una carrera universitaria no es una de las cosas que se puedan aparentar si no se tienen.
Y eso que se llama “inteligencia natural” existe, pero no existe nada parecido a la “cultura natural”. O sea que, salvo que la compatibilidad se dé por otras vías (la cama, por ejemplo) dos personas con niveles educativos muy distintos están condenadas a no entenderse. O, por lo menos, están condenadas a hablar de las trivialidades con las que uno mata el tiempo con los desconocidos en lugares como la consulta de un dentista, una peluquería o un ascensor.
Es decir que, si yo tengo razón (y es muy plausible que la tenga, creo yo) las conversaciones entre Sebastian Kurz y Angela Merkel deberían ser todo lo inanes que la escasa inteligencia de Sebastian Kurz permite. Y es que, querido lector, yo estoy convencido (y creo que los años me van dando la razón) de que Sebastian Kurz es más tonto que la proverbial mata de habas. Un tonto puro, monolítico, sin mezcla ninguna de inteligencia que pueda estropear su tontería cristalina.
Se sorprenderá el lector de que yo piense esto. Se podría argumentar que Sebastian Kurz fue, durante un tiempo nada despreciable, la tercera autoridad de Esta Pequeña República. En mi descargo, tengo que decir que casi treinta años de vida laboral, estos dos ojitos que se van a comer los gusanos han visto a mucho bobo que llega a posiciones de mando. Por muchos motivos pero quizá el más importante sea porque los bobos, en general, suelen ser candidatos de consenso cuando se presentan personas con más méritos.
Así, Sebastian Kurz debe de ser una persona de esas que tienen la profundidad de un charco de los que se forman en un agujero del asfalto después de una tormenta de verano.
Una de las manifestaciones más divertidas de la tontería de Sebastian Kurz es que, a fuerza de que se lo digan, se ha creido que alguna vez fue una voz que mereciese ser escuchada. Después de haber abandonado la política activa no le ha ido mal y, como suelen suponer los tontos que han ganado dinero, supone que ese dinero le da derecho a opinar sobre cualquier asunto X y que esa opinión se escuche.
Él es perfectamente consciente de que su opinión no le importa a nadie lo más mínimo y le duele. De ahí sus (encantadoramente ridículos) intentos de volver a la arena pública. Por ejemplo, produciendo un documental hagiográfico sobre sí mismo.
Su última salida de pata de banco ha sido la de comentar los disturbios en Francia advirtiendo de que, si no se da un giro al timón de Austria (naturalmente, hacia la derecha) mañana por la tarde podríamos tener en el Ring lo que hoy hay en la Place Clichy de la ciudad luz.
Despues de escucharle (via Instagram) decir estas tonterías, la gente habrá hecho scroll. Dirán que es mala la opinión asnal, habrá pensado Kurz, emulando a Samaniego.

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