
El cambio climático no solo derrite los termómetros, también transforma nuestras ciudades. En Viena y Baden, especies emblemáticas como los castaños de Indias están siendo sustituidas por árboles más resistentes ante los veranos sofocantes.
24 de octubre.- Quizá recuerde el lector que, hace algunos meses, contaba yo en este mismo espacio que un amigo (ex amigo) me había bloqueado en Facebook.
Por si acaso no recuerda el lector lo que sucedió en aquella ocasión, yo se lo cuento ahora mismito. Resulta que este amigo vive preso en esa burbuja de desinformación en la que vive toda esa gente que, antes de la pandemia, pensábamos que era normal. No hay video hecho por inteligencia artificial que él no repute por cierto y con la fe del carbonero está dispuesto a creer que el mundo está sumido en una dictadura “guouk” que sostiene que lo negro es blanco y lo blanco, negro.
Este amigo mío (ex amigo) a causa del mucho leer en Telegram y, sospecho, del poco digerir, ha venido a perder el seso, como Don Quijote, y no hay manera de que se avenga a razones.
Nuestro último encontronazo, el que dio lugar al bloqueo, se produjo cuando se alcanzaron en Esta Pequeña República los cuarenta y un grados centígrados a la sombra. Una temperatura nunca vista e inaudita, que no se hubiera alcanzado sin que hubiera calentamiento global y cambio climático.
Mi amigo (ex amigo) sostenía en sus redes sociales que el verano pasado era un verano de los de toda la vida y que el cambio climático era un invento “guok” del contubernio judeomasónico en la clase política aliado con lo comunista en lo social que, como dijo ese otro mequetrefe, Francisco Franco, “si a nosotros nos honra, a ellos les envilece”.
Creo que lo último que yo le dije fue “mira: tienes dos opciones: una, ir por la vida con tu gorro de papel de plata mientras Austria se achicharra o aceptar que los veranos ya no son como cuando tú y yo llegamos aquí, hace veinte años.
Supongo que lo del papel de plata fue demasiado para él y que por eso me bloqueó.
Ha sido inevitable acordarme de esta historia al leer que la ciudad de Baden, en las cercanías de Viena, está sustituyendo los castaños de Indias, que son parte de su paisaje urbano desde hace varios siglos, por otros árboles más resistentes a los efectos perniciosos del cambio climático.
De los ejemplares de castaños que pueblan el histórico parque de Baden, hay muchos que están severamente dañados o directamente muertos. Y los hay también que están tan moribundos que no se puede garantizar su estabilidad.
Lo que ocurre es tan simple como terrible: el cambio climático se ha cargado los antiguos veranos austriacos, con su agradable régimen de precipitaciones y sus temperaturas civilizadas. Los veranos se han vuelto largos, calurosísimos y secos, de manera que los castaños y los tilos, las especies que ha habido aquí de toda la vida, no pueden resistirlos.
Viena ha tenido que acometer en los últimos años la sustitución masiva de los árboles de las calles y ha cambiado castaños y tilos (que huelen tan bien en primavera) por especies más robustas como los algarrobos, los ginkgos y los plátanos -sí, exactamente los mismos plátanos que hay en el Paseo del Prado de Madrid-.
Solo en la Avenida Principal del Prater, la famosa Prater Hauptallee, se han respetado los castaños por razones históricas (y es que se escachifollaría un poco el encanto de este bonito parque si, en vez de castaños, se plantaran palmeras, pongamos por caso). También, la ciudad de Viena se ha visto obligada a ayudar hidricamente a nuestros pariente verdes, mediante mangas de riego (400.000 litros diarios de agua que nunca antes habían sido necesarios).
Se da así una paradoja y es que los árboles, que tan necesarios son ahora en las ciudades, como cojín amortiguador de las temperaturas y proveedores de sombra, encuentran en esas ciudades un entorno hostil por causa de los (putos) coches, las temperaturas, la contaminación y el poco espacio que se deja para las raíces. De manera que árboles, como los castaños o los tilos, que en los bosques viven siglos, en la ciudad perecen tras solo unas pocas décadas de vida.
Antes de terminar, me gustaría decir que no estoy nada, pero nada orgulloso, de que mi amigo me bloquease y no dejo de echarme la culpa de haber sido escasamente convincente en mi argumentación o no haber sabido llegar a él adecuadamente.
Sé que es una tontería y que una vez que una persona ha entrado en esa espiral, está perdida y ya no se la puede salvar. Se convierte en el miembro de una secta, en un fanático que necesita las certezas que la desinformación le proporciona como el yonki necesita el caballo, pero aún así uno tiene muy a gala haber perdido muy pocos amigos en la vida y aún menos en situaciones así.
En fin, qué vamos a hacer. Quizá convenga esperarle hasta que se convenza (a la sombra de un algarrobo, eso sí, que la de los castaños ya no está).
Por si no te ha dado tiempo de leerlo todo (*)
Resumen: El autor reflexiona sobre la pérdida de una amistad a raíz de las teorías del negacionismo y la desinformación en redes sociales, conectándolo con la irrefutable realidad del cambio climático en Austria. Como prueba de esta transformación ambiental, ciudades como Viena y Baden están teniendo que sustituir progresivamente especies icónicas como los castaños y los tilos —incapaces de soportar veranos cada vez más cálidos y secos— por árboles más resistentes y robustos.
Ideas principales:
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La desinformación y el negacionismo climático fracturan las relaciones personales: Las teorías conspirativas propagadas en redes sociales dificultan el diálogo y provocan rupturas afectivas irrecuperables.
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El cambio climático está alterando drásticamente el ecosistema austriaco: El aumento vertiginoso de las temperaturas y la sequía han destruido los veranos templados tradicionales, amenazando la vegetación autóctona.
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Las ciudades deben adaptar su arbolado urbano para garantizar la supervivencia vegetal: Viena y Baden se ven obligadas a reemplazar árboles históricos por especies más resistentes (como algarrobos y ginkgos) y emplear sistemas de riego masivo ante un entorno urbano cada vez más hostil.
(*) resumen obtenido con IA
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