
En marzo, las fuerzas especiales de la policía austriaca registraron la vivienda de un presunto espía ruso que operaba en Viena. Era el vástago de una dinastía.
19 de Diciembre.- Es normal que en muchas profesiones haya dinastías o sea, personas con lazos de sangre que desempeñen el mismo oficio. Lógicamente, la visibilidad no es la misma en todos los campos.
De padres charcuteros es natural que salgan hijos que se dediquen a la charcutería u oficiales administrativos que tengan hijos que sean también chupatintas. Sin embargo, ni charcuteros ni chupatintas harán de este parentesco nada del otro mundo porque, al fin y al cabo, no puede esperarse ninguna ventaja de él. Visibles son, en cambio, las dinastías del artisteo. Y así, el bueno de Henry Fonda le echó una mano a su hija Jane o doña Lola posó muchas veces, orgullosa, con sus retoños, Rosario, Lolita y Antonio. Hace unos días hablábamos aquí de los Hörbiger, famosa dinastía de actores (la gente menos letrada llama a estas familias “sagas”) que ha ennoblecido los escenarios transalpinos desde principios del siglo pasado.
Entre las profesiones en las que no está bien visto destacar está, por razones obvias, el espionaje. Y, sin embargo, leyendo la noticia de hoy, uno se imagina al papá espía, un ruso, babeando al ver los progresos de su hijo en la guardería (!Papá, he descubierto cómo se llama el novio de la seño!) o en el colegio (!Papá, mira, las preguntas del exámen de mates!) o en la universidad (!Papá, mira, he falsificado mi trabajo de fin de carrera y nadie se ha dado cuenta!).
Y presumiendo, claro, en los cuarteles generales de Moscú:
-!Ay que ver cómo me espía mi Mihail! !Qué me gusta cómo descifra códigos secretos!
Y los compañeros pensando: “Ya será menos, eso seguro que es amor de padre”.
Al lío: resulta que en marzo de este año, los COBRA -unidad de operaciones especiales de la policía austriaca- entraron en una vivienda en el distrito veintidós (el de la ONU) en la que vivía un indivíduo que, en principio, no destacaba por nada -condición imprescindible de un espía-. 39 años. Súbdito griego (de padre ruso, eso sí). En la vivienda, encontraron abundante material para espiar. Dispositivos de escucha, etcétera.
Según parece, el presunto, hijo también de un diplomático ruso que había espiado en sus tiempos para el Imperio del Mal, llevaba tiempo mandando información sensible a Moscú. Antes de la guerra, su misión era calibrar cómo reaccionarían Austria y los austriacos a una guerra con Ucrania -si hubiera sabido español, lo hubiera tenido fácil, no tenía más que haber leído Viena Directo-.
Después, cuando comenzó la invasión ilegal y criminal de Ucrania, su misión era seguir mirando, seguir apuntando y seguir explicándo lo que veía.
Los servicios secretos austriacos se pusieron sobre la pista cuando se dieron cuenta de que el “fulanovski” no había trabajado nunca en Austria y que incluso había estado cobrando subsidios sociales del Estado, pero que desde 2018 iba y venía a Moscú muchas veces al año y que Aeroflot ya le hacía precio. También, a pesar de su aparente pobreza, tenía casas en Viena, en Grecia y en Moscú.
Es bien sabido que Viena es una ciudad que está hasta arriba de espías.
Y ello por muchas razones.
La primera, por tradición. Desde que empezó la guerra fría se establecieron aquí muchos puestos de espionaje. En principio, por una cuestión técnica. En aquel momento, las antenas tenían el alcance que tenían y Viena era la capital que estaba más cerca del telón de acero (apenas a sesenta kilómetros).
Después, porque Viena es una ciudad de diplomáticos y sede de muchos organismos internacionales.
O sea, que es un lugar en donde se cuecen cosas.
Por último, porque Viena es un sitio en donde ser extranjero no llama mucho la atención y eso, naturalmente, ayuda a los espías.
Nuestro topo se enfrenta a una pena que puede ir de los cinco meses a los seis años. De momento, y a falta de juicio, nuestro “fulanovski” está en libertad. En principio, la fiscalía no ha apreciado ningún riesgo de que el presunto espía ponga pies en polvorosa.
El caso, se encuentra todavía bajo investigación y no se sabe cuándo será el juicio.


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