Tatuaje carcelario

El lío de los tatuajes en la piscina de Braunau

Tatuaje carcelario

Hay lugares que quedan cargados con una energía especial. En Austria tenemos uno, en donde, de vez en cuando, se repiten incidentes del mismo cariz.

19 de Julio.- El otro día leía yo en no sé qué periódico que las casas en las que se ha cometido un asesinato son muy difíciles de vender. Se citaba el ejemplo de la mansión en la que Sharon Tate fue asesinada por la cuadrilla de Charles Manson.

Parece que, cuando se comete un crimen, quedan los sitios cargados de energía negativa. También sucede que esos lugares son la meta preferida de colgados de todo tipo. Lógicamente, a nadie le interesa tener en la puerta de su casa a un pavo con una sierra eléctrica dispuesto a emular la matanza de Texas.

En Austria hay un sitio así (vaya por Dios).

BRAUNAU LA PARDA

Se trata de la bonita localidad -marco-incomparable-de-belleza-sin-igual- de Braunau am Inn. En este municipio cercano a Linz nació Adolf Hitler. A pesar de que aquel hijo de Braunau (am Inn) visitó su localidad natal solo un par de veces, y todas deprisa y corriendo -se conoce que no le traía buenos recuerdos- durante el nazismo se convirtió en lugar de peregrinación e, incluso, la habitación en la que Hitler hizo del mundo un lugar mucho peor al nacer, fue decorada como una especie de santuario.

Muerto el perro no se acabó la rabia, como demuestra la noticia que contamos hoy.

Resulta que un policía bávaro se encontraba en este lugar pasando sus vacaciones. Dicho agente del orden fue a la piscina de Braunau am Inn, porque ya se sabe que, en esta época del año, el calor aprieta y apetece refrescarse.

Estaba el hombre con su familia tan ricamente cuando, en la toalla de al lado se tumbó un cenutrio. Nuestro policía notó que el cacho carne aquel tenía tatuado en el bíceps la calavera de las SS, junto con unas runas y la leyenda “sangre y honor” (un grupo neonazi). Se le revolvió el estómago y llamó a la policía para denunciarlo -la exhibición, aunque sea en el propio pellejo, de simbología nazi, es punible en Austria-.

RASHOMON

La policía, sin entrar en la piscina, le llamó al torno de entrada. El hombre se personó. Los dos agentes de la policía austriaca que le esperaban escucharon su declaración. El bávaro les dijo que entraran a la piscina y pusieran a aquel cenutrio de patitas en la rúe. Los policías austriacos le dijeron que llamase al socorrista y que el socorrista le indicara al nazi el camino de la salida. Nuestro bávaro fue a ver al socorrista. El socorrista dijo que él estaba para rescatar abuelas en trance de perder pie, pero que los temas de nazismo eran en otro negociado. El bávaro, flipando, volvió al torno. Los policías se pusieron de perfil.

En los días siguientes, cuando la noticia llegó a los medios, la policía de Braunau emitió un comunicado con una versión de los hechos distinta. Más o menos igual hasta el primer viaje del bávaro al torno. Después, los policías le dijeron al bávaro y a los socorristas una cosa tan absurda como esta: “si ustedes nos indican dónde podemos encontrar al nazi tatuado, nosotros entramos a la piscina y nos lo llevamos”. Como, según la policía de Braunau, no se le pudo encontrar por ninguna parte, la fuerza pública desistió del intento y se marchó a la comisaría a jugar al tute.

Nuestro policía bávaaro no daba crédito y, como es lógico, está que fuma en pipa.

¿Cómo, se pregunta él, no iba a haber podido localizar a aquel tipo asqueroso con aquellos obscenos tatuajes si tenía su porcina anatomía esparcida sobre la toalla de al lado? ¿No sería que, en el mejor de los casos, los policías decidieron no meterse en problemas o, en el peor, que eran ellos mismos simpatizantes del asunto?

La policía ni lo niega ni lo desmiente, pero parece que se ha abierto un proceso interno para averiguar qué pasó de verdad (esto se parece un poco a Rashomon, aquella película japonesa en la que la misma historia era contada cuatro veces desde diferentes perspectivas).

Los políticos de Braunau, hartos de sambenito nazi, también han pedido que la cosa se aclare. Por lo visto, el animal de bellota tatuado es un vecino conocido de la localidad. Quién sabe si, como los colgados que van a ver la mansión en donde murió Sharon Tate, este besta también decidió mudarse a Braunau para respirar mejor el aire que respiró el Führer durante sus primeros años de vida.

La exhibición pública de tatuajes con simbología nazi está prohibida en Austria y, por lo tanto, es punible. En Alemania también caen en la misma categoría los tatuajes referidos a “Sangre y honor”, no así en Austria.

En 1970 la Metro Goldwy Mayer necesitaba dinero desesperadamente y subastó todas sus propiedades. Solo una mujer, Debbie Reynolds vio una oportunidad.

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Puedes leer la historia aquí.


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