
El Gobierno austriaco ha firmado hoy una declaración para preferir el “made in Europe” en la contratación pública. Veremos a ver.
14 de octubre.- Hoy, el Gobierno austriaco en pleno ha posado para una foto, muy feliz, muy contento y muy orgulloso, como merecen sin duda los grandes anuncios. Se ha anunciado con el proverbial bombo y el no menos proverbial platillo la iniciativa “Made in Europe”.
Esto es: el Gobierno se ha comprometido a poner por delante a las empresas europeas, o sea, a las empresas austriacas, en la contratación pública. Esto es, si a una licitación de la administración se presentan varias empresas, se pondrá siempre por delante la empresa que sea idealmente austriaca o, por lo menos, europea.
Esto se hace, y se dice así explícitamente, para intentar atajar la clara supremacía de los proveedores chinos en el mercado y, por supuesto, para intentar ser independiente.
Hay otras razones que llevan al Gobierno austriaco a afrontar esta valiente medida y es el intentar que la inversión pública o, por lo menos, una buena parte de ella, se quede en casa, como manera de darle alegría a la economía, ahora que el WiFo, o sea, el instituto que se dedica a evaluar la evolución de la economía austriaca, vaticina que el año que viene la economía austriaca crecerá casi un punto porcentual (pues vaya porquería de crecimiento, dirá el lector, sin embargo, venimos de años de vacas muy flacas, así que ese uno por ciento sabe a gloria).
Se trata también de incentivar la innovación y la producción tecnológica austriaca (o europea) para intentar reducir la dependencia de la economía europea de tecnología extranjera. Por lo menos en las áreas que el Gobierno considera prioritarias.
También pesa en esta decisión, como es natural, el comportamiento errático de los Estados Unidos bajo el presidente Trump, imprevisibilidad que nadie asume que vaya a terminarse incluso cuando Trump deje la presidencia en algún momento.
Entre las pesadillas de los europeos está que, en algún momento, las empresas americanas decidan retirarse del mercado europeo o mantenerlo solo con modelos menos avanzados de sus productos -como en el caso de la inteligencia artificial-.
Las cifras que el Gobierno maneja son muy golosas: setentamil millones de euros, nada más y nada menos. Esto representa el 18% del PIB austriaco, o sea, que no es moco de pavo.
Hasta aquí, la parte buena.
Ahora, podemos empezar a decir todas las cosas que convierten la realización de este plan del Gobierno en algo mucho menos fácil de lo que el ejecutivo austriaco quisiera.
Empecemos por los famosos setenta mil millones de euros. Esa es la cifra de la contratación pública austriaca.
De esa cantidad, cincuenta mil millones de euros estarían representados por las empresas públicas austriacas.
Dirá el lector, con mucha razón, que los treinta mil millones que quedan tampoco están mal. Sin embargo, el problema es que hay tecnologías en las que Austria es muy dependiente de la producción china. Bueno, Austria y el resto del mundo.
Por ejemplo: quizá le suenen al lector las llamadas “tierras raras”. Son minerales que, como su nombre indica, son muy poco abundantes en la naturaleza. Tenemos sin embargo la mala pata de que estos minerales, como el coltán, son indispensables para los productos tecnológicos más avanzados. Hay yacimientos en diferentes partes del mundo (principalmente en África) pero desde los años ochenta los chinos, poquito a poco, han ido reuniendo todas las capacidades de refino mundiales. Sin estas tierras raras, por ejemplo, no pueden fabricarse las instalaciones solares que están propiciando la revolución verde europea. Asimismo, el mundo es muy dependiente de las baterías chinas. Se estima que si el Gobierno renunciase a las baterías de fabricación china los costes adicionales harían muchos proyectos inviables.
El proyecto incluye también formulaciones que permiten saltarse sus buenos propósitos. Por ejemplo “siempre que sea técnicamente posible” y cosas por el estilo. Tampoco contiene una definición medible de qué significa “hecho en europa” con lo cual, en la práctica, podría ser bastante complicado medir la eficacia de estas medidas.
Por si no te ha dado tiempo de leerlo todo (*)
Resumen
El Gobierno de Austria ha anunciado la iniciativa «Made in Europe», comprometiéndose a priorizar a las empresas austriacas y europeas en la contratación pública (un mercado valuado en 70.000 millones de euros, equivalente al 18% del PIB). La medida busca reactivar la economía local, impulsar la innovación y reducir la dependencia de proveedores tecnológicos chinos y estadounidenses. Sin embargo, el proyecto enfrenta serios obstáculos prácticos debido a la falta de definiciones claras, vacíos legales y la inevitable dependencia global de materias primas críticas como las tierras raras y las baterías chinas.
Ideas principales
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Proteccionismo y soberanía económica: Austria busca destinar 70.000 millones de euros de contratación pública a empresas locales o europeas para reducir la dependencia estratégica frente a China y Estados Unidos.
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Dependencia de materias primas críticas: La implementación del plan choca con la realidad industrial: Austria y Europa dependen del refino chino de tierras raras y baterías esenciales para la transición ecológica e industrial.
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Falta de concreción y vacíos legales: La medida incluye cláusulas ambiguas (como «siempre que sea técnicamente posible») y carece de criterios medibles sobre qué constituye realmente un producto «hecho en Europa».
(*) Resumen obtenido por IA

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