Diez películas para entender el cine austriaco (2): Hoy, los austriacos no respetan ni a las madres

Mushasha
Estas chicas no habían nacido, pero hubieran podido ser extras de Muttertag perfectamente (Archivo VD)

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28 de Noviembre.- Austria es un país que es difícil de entender sin el cabaret. Y, asimimismo, el cabaret en Austria es una cosa bien diferente de esos sitios ahumados, con señoritas enseñando el muslamen, en los que Sara Montiel acababa en alguna que otra de sus películas.

El cabaret austriaco es un ágora de reflexión pública y los cabaretistas, a través del sarcasmo o la caricatura, tratan de reflejar la opinión del ciudadano medio sobre las costumbres de la gente o los asuntos candentes de la actualidad.

Los cabaretistas son, pues, una tropa de personas inteligentísimas, agudas y de talante corrosivo (generalmente, también, de izquierdas) que forman el espinazo de la intelectualidad de este país.

Si a esto le añadimos que los cabaretistas austriacos suelen ser Leonardos de las artes escénicas que, en lo suyo, lo mismo planchan un huevo que fríen una corbata, no es extraño que el cine de este país se haya nutrido del talento de muchos de estos virtuosos del escenario.

Muchos de ellos entran y salen de las pantallas con relativa asiduidad e, incluso, se ponen delante y detras de las cámaras y dan al mundo exitosos filmes que hacen las delicias de las plateas austriacas.

Es el caso de la película que hoy nos ocupa: Muttertag.

A los españoles, francamente, nos parece una extended version de un especial de nochevieja de Los Morancos. Pero los austriacos, inexplicabe (o muy explicablemente) se mueren de risa con esta película que, a base de desparpajo, crueldad y sal (muy) gorda, retrata la vida de lo que, a la gente en general, le resulta más risible: las miserias de una familia perteneciente a las clases más bajas de la sociedad (exactamente igual que Los Morancos, mire usted por dónde).

De hecho, la película se desarrolla en las Gemeindebau (viviendas de propiedad pública para gente de rentas bajas) de Am Schöpfwerk

Muttertag película empezó como Muttertag espectáculo teatral en el año 1991, (como diría Jose Luis Moreno) de la mano de un grupo llamado Schlabaret fundado por los cabaretistas/actores Alfred Dorfer y Peter Wustinger a los que, en 1985 se uniría una pieza fundamental para el filme del que tratamos hoy: Roland Düringer.

En 1992, Duringer y Dorfer, viendo el éxito del material que tenían entre manos, le pidieron al organismo público para la promoción del cine austriaco una subvención para llevar Muttertag a la pantalla blanca.

Para su sorpresa, recibieron del estado una cantidad de dinero modestísima que, junto al carácter de debutante de su director, Harald Sicheritz, es la responsable de que la película tenga ese aspecto cutre y amateur de, por ejemplo, las primeras películas de Almodóvar (de hecho, Muttertag, por su factura viene a ser una cosa parecida Pepi, Luci, Bom y otras chicas del Montón). De la misma forma, como la producción no tenía para caviar, también se tuvieron que arreglar con poco en el elenco, y compensar con calidad la escasa cantidad. Los veinte personajes principales son interpretados, con ayuda del maquillaje, por cinco actores, actuando el bueno de Lukas Resetarits de artista invitado.

Muttertag se estrenó en 1992 y resultó ser la consagración de gran parte de sus artífices e, inmediatamente, muchas de las líneas de su guión se convirtieron en parte imprescindible de muchas conversaciones etílicas entre mucha gente que hoy está entre los treinta y los cuarenta.

Si cuando, como es previsible, el FPÖ gana alguna vez las elecciones y la situación de los extranjeros se transforma en un tema delicado en este país, usted quedará como un ciudadáneo foráneo perfectamente integrado y libre de toda sospecha si dice aquello de: „I sogs glei, I wors ned!“ (lo digo ya mismo, yo no he sido). Como dice el abuelo en uno de los momentos más celebrados del film.

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