Encontrado en Viena un canuto nazi

Aguilas art decó
Un águila art decó del aeropuerto berlinés de Tempelhof (A.V.D.)

21 de Julio.- En 1935, el escultor Wilhelm Frass recibió el encargo de tallar la figura de un soldado yacente con destino a la cripta de la Heldentor del Hofburg, la cual iba a ser destinada, por el Gobierno austriaco de entonces, a monumento conmemorativo a los caidos en la primera guerra mundial.

Frass, simpatizante y miembro desde 1933 del entonces ilegal ( en Austria) Partido Nacional Socialista de los Trabajadores de Alemania (NSDAP, por sus siglas en esa lengua) ejecutó el encargo en el estilo militarista en voga por aquel entonces. El resultado fue una estatua de piedra roja tirando a pesada, técnicamente correcta y carente absolutamente de emoción.

Frass, al cual, a pesar de su ideología, no le había temblado el cincel a la hora de ejecutar diversos encargos para la llamada “Viena Roja”, decidió dejar un regalito en su monumento, dirigido a una posteridad que, a él le parecía inevitable, sería nacionalsocialista y pangermánica, o no sería.

Por suerte para todos, Frass planeó la posteridad borracho de ideología nacionalsocialista y ya se sabe que el estado de embriaguez es poco favorable para hacer planes.

Así pues, nuestro enfervorecido escultor escondió en el zócalo de su estatua un tubo de bronce en el que, bien enrollado, dejó un manifiesto manuscrito dedicado “Al eterno poder del pueblo alemán” (hay que aclarar que, aún hoy, los austriacos que cojean de este pie se sienten alemanes “separados”, y suspiran por el día en que EPR se reintegre a la Gran Patria Germánica).

Escuchemos tan solo un fragmento de lo que el bueno de Frass dejó para que lo leyéramos, y por el cual mis lectores se podrán hacer una idea de hasta qué punto el escultor estaba mal del casco:

„Möge der Herrgott, nach all dem Furchtbaren, nach aller Demütigung, den unsagbar traurigen Bruderzwist beenden und unser herrliches Volk einig im Zeichen des Sonnenrades, dem Höchsten zuführen! Dann, Kameraden, seid Ihr nicht umsonst gefallen.“

Lo cual, en cristiano, viene a decir aproximadamente:

“Quiera Dios nuestro Señor que, después de todo lo terrible, después de toda la humillación, termine la indescriptiblemente triste pelea fraternal (se refiere a la de los hermanos germánicos) y nuestro señorial (?) pueblo, unido bajo el signo de la rueda del sol (la esvástica era en la India un signo solar) llegue a lo más alto. Entonces, camaradas, no habréis caído en vano”.

Durante 77 años había corrido el rumor, en los ambientes especializados, de la existencia del mensaje de Frass. Los arqueólogos del Museo del Ejército de Viena confirmaron su existencia con la ayuda de sondas y rayos X, tras lo cual se procedió a retirar la losa en la que descansa el soldado para recuperar el objeto y poner la papela a buen recaudo.

Lo que no estaba preparado es que, junto con el recado de Frass aparecería otro, firmado esta vez por un tal Alfons Riedel y de signo (afortunadamente) contrario. He aquí lo que ponía el segundo papel:

 „Ich wünsche, daß künftige Generationen unseres unsterblichen Volkes nicht mehr in die Notwendigkeit versetzt werden, Denkmäler für Gefallene aus gewaltsamen Auseinandersetzungen von Nation zu Nation errichten zu müssen.“

Apretemos el botón del traductor y veamos lo que sale:

“Deseo que las generaciones futuras de nuestro inmortal pueblo no se vean nunca más empujadas a la necesidad de levantar monumentos a los caidos en enfrentamientos violentos entre naciones”.

Amén.

El Ministro de Defensa austriaco, Sr. Robert Darabos, presentó ayer los dos hallazgos en rueda de prensa. Las fotos le muestran enseñando el canuto metálico en el que estaba metido el mensaje de Frass con las manos calzadas en guantes de látex. No se sabe si para proteger el objeto histórico (de dudoso o nulo valor intrínseco, por otra parte) o para protegerse él mismo del contagio de una ideología de la que aquí, oficialmente, se abomina tanto y tanto.

El hecho es que, el hallazgo del papel de Frass ha teñido de ideología nazi el lugar en donde, anualmente, el jefe del Estado austriaco deposita una ofrenda floral para recordar a los caidos en las dos grandes guerras y, por lo tanto, urge un proceso de desinfección (en el curso del cual, por cierto, no está prevista la eliminación de la estatua, quizá el pisapapeles más grande del mundo). De aquí a octubre, eso sí, el espacio será reorganizado (neu gestaltet).

A ver qué tal queda.

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