La persecución de los gays en Viena durante el nazismo (1)

Andersrum
El colectivo homosexual Andresrum en Mariahilf (A.V.D.)

 

Al hilo del artículo de ayer, un lector me preguntaba sobre la situación de los homosexuales en Viena durante el nacionalsocialismo. Curiosamente, el periódico Der Standard ha publicado un artículo sobre el tema del que entresaco los datos más sobresalientes.

26 de Enero.- Las sociedades, lo mismo que las personas, reaccionan de manera diferente a los mismos traumas. Los alemanes, un tanto obligados por las potencias vencedoras, las cosas como son, iniciaron después de la guerra un proceso de desnazificación que hubiera podido tener como lema aquello de que “que se haga justicia y se hunde el mundo”.

En Austria, en cambio, el proceso de desnazificación fue mucho menos exhaustivo. La sociedad austriaca de posguerra se inclinó por enterrar lo sucedido durante el reinado del terror nazi bajo una manta de silencio. La explicación que el alma colectiva dio al comportamiento austriaco durante la dominación nacionalsocialista y que estableció que Austria fue la primera víctima de la vesania expansionista de Adolf Hitler, necesitaba una imagen mansa y halagüeña de la población de este país. En la próspera Austria de la posguerra solo le interesaba a unos pocos recordar que existían demasiados casos de personas prominentes y altos funcionarios que habían tenido una actitud complaciente con el invasor. En algunos casos, los crímenes nazis se condenaron al silencio porque, si bien no en los métodos, sí concordaban con los valores de la conservadora y monolíticamente católica Austria postbélica.

Este es el caso, por ejemplo, de la persecución nazi contra los homosexuales.

Literalmente, se los cazaba en las piscinas, en los parques o en los retretes públicos o eran denunciados por parientes y vecinos (se les llamaba Warmen, término equivalente al vejatorio inglés Bent) y se les condenaba a severas penas de prisión, a la castración, al campo de concentración o, directamente, a muerte.

Hasta el momento, no existe ningún estudio sistemático de la violencia ejercida contra los gays y las lesbianas en el periodo que va desde 1938 hasta 1945 y no se sabe cuántas fueron exactamente las víctimas de la persecución. Y eso que, oficialmente, el sistema tenía una opinión peor sobre los homosexuales que sobre los judíos (si es que esto es posible). En un orden perverso que inventó, por ejemplo, el día de la madre, y que preconizaba una idea totalmente reaccionaria de la planificación familiar y de la eugenesia, se veía a los homosexuales como unos elementos disolventes peligrosos, porque no podían darle soldados a la nación.

La mujer amarilla
Una participante en el Regenbogenparade (A.V.D.)

A pesar de esto, también hay que decir que los nazis no fueron los primeros que prohibieron la homosexualidad. El párrafo 129lb del código penal (comportamientos contra natura con personas del mismo sexo) entró en vigor a mediados del siglo XIX y se mantuvo en vigor hasta 1971, momento en el que el gobierno del canciller Kreisky despenalizó la homosexualidad.

El hecho de que no exista un estudio serio que se ocupe sobre este tema se debe a dos razones: en primer lugar, el hecho de que en la sociedad de posguerra, monolíticamente católica, reinaba la homofobia más cerrada y, en segundo lugar a que muchos de los documentos se perdieron debido a los azares de la guerra.

Sin embargo, según informa el diario Der Standard en este artículo, del que saco los datos de este post, dos investigadores del grupo Qwien (Andreas Brunner y Hannes Sulzenbacher )se han propuesto compilar información sobre las víctimas homosexuales de la maldad nazi. Debido a la carencia de documentos que mencionaba en el párrafo anterior su labor se verá solamente circunscrita a la zona de Viena referente a la cual se conservan en los archivos unos 2000 expedientes.

Unas actas que relatan casos como este: en un anuncio en el periódico, la maestra Liesbeth L., de 28 años, buscaba una amiga “para ir al cine y al teatro”. En el curso de un control de la correspondencia, la Gestapo caza una respuesta a este anuncio de Maria K., de 48 años, residente en Krems. Se registran las viviendas de las dos mujeres, se las detiene y se las interroga. Posteriormente, se condena a Liesbeth A., a cinco meses de prisión incondicional, en tanto que Maria recibe una condena de tres meses. Las dos apelan. Liesbeh A., ve rebajada su condena a cuatro meses de prisión en tanto que la de Krems consigue no tener que pisar la prisión por motivos de salud.

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