YEAH y el fantasma que recorre Europa

Margaretten KircheEn Hungría, a dos pasos de Viena, el populista Viktor Orbán, si todo va como parece previsible, ganará las próximas elecciones ¿Cómo interpretar el auge de la ultraderecha en Europa?

4 de Abril.- Un fantasma recorre Europa, que dijo aquel. Y ese fantasma es el retorno de los partidos de ultraderecha. Aunque, por no asustar, no se los llame así. Los que no quieren que se les pongan los pelos de gallina con las denominaciones, los llaman “derecha populista”, pero el ciudadano que está en la pomada, ya sabe a qué atenerse.

Marine, Viktor, Heinz-Christian…

Y así, tenemos a la buena de Marine en Francia –y, por lo que parece, vamos a tenerla mucho tiempo-; tenemos a Strache en Austria –y, por lo que parece, también nos va a durar bastante-, tenemos a Viktor Orbán en Hungría –Dios nos pille confesados- y, por tener, hasta ha surgido en España Vox (para complementar nuestros nacionalismos regionales, tan entrañables, que andan venidos arriba). Todas estas fuerzas son, como lo fueron sus hermanas del siglo XX, excrecencias, tumores en el sistema democrático, efectos secundarios de las dificultades económicas que pensábamos que estaban de visita pero que ha resultado que han llegado para quedarse; pero también, como en el siglo XX, la mera existencia de estas formaciones atestigua que the times are changing, y que hay una parte de la sociedad europea que no se resigna a que el futuro ya está aquí, con su multiculturalidad, su multirreligiosidad y su laicismo por la gracia de Dios y  su tecnología que está introduciendo YA cambios decisivos no solo en las relaciones laborales sino en el concepto mismo de alfabetización.

Es natural hasta cierto punto. Estas formaciones, xenófobas en la mayoría de los casos, ultrarreligiosas pero solo en la medida en que cierto concepto fundamentalista de la religión representa el adorno imprescindible de determinada panoplia de valores, ultranacionalistas, populistas, vendedoras de orden aunque ese orden no tenga mucho que ver con la justicia, de remedios mágicos, de paraisos de colores saturados y muy contrastados en donde todo es blanco o negro, en donde es fácil saber quiénes son los malos, se aprovechan de la desconfianza hacia las instituciones y eso que se llama “el sistema” que la crisis económica siembra en los ciudadanos. Y, la verdad, es que las instituciones y “el sistema” se lo ponen más fácil de lo que sería deseable. Desde la calle, el Parlamento parece un sitio lleno de vecinas ventaneras que se dedican a gritarse las unas a las otras y a no sacar mucho en claro.

La palanca dialéctica

Al igual que sus compañeros del otro extremo, como los famosos Podemos, o los indignados, o los quince-emeistas, o los acampadores en Sol, rompeolas de todas las Españas, los ultraderechistas utilizan la misma palanca dialéctica, la cual podría resumirse en lo siguiente: “las actuales instituciones corruptas no representan la voz del hombre de la calle; nosotros, sí”. Como hacía notar el otro día un columnista español, no es casualidad que, en Vox, esté implícito ese Populi que todos aprendimos de pequeños. Y en Podemos está también, ese Demos, que nuestros abuelos los griegos consagraron como disolvente universal de todas las políticas que en el mundo han sido.

Los partidos ultraderechistas europeos –por lo menos los centroeuropeos- han alcanzado ya la suficiente importancia par aglutinarse. Ayer, en la sede del partido ultra austriaco FPÖ, se presentó en Viena la formación YEAH, que aspira a ser una especie de internacional juvenil del ultraderechismo. YEAH son las siglas de Young European Alliance for Hope (Joven Alianza Europea por la Esperanza –siempre esa insistencia en que estamos al borde del naufragio y necesitamos que nos salven-).

La YEAH la forman, aparte del FPÖ, el Front Nationale de Marie Le Pen, la Sverigedemokratisk Ungdom de Suecia y el Vlaams Belang, flamenco; un partido ultranacionalista, xenófobo, negacionista del holocausto y homofóbico cuyo principal bastión, según la documentación accesible en internet es, la por lo demás, bonita ciudad de Amberes.

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