Johann Gudenus y el oro de Moscú

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El portavoz del partido ultraderechista FPÖ en la ciudad de Viena ha viajado a Rusia para pedir perdón por los pecados de sus paisanos. Veamos lo que ha dicho.

12 de septiembre.- el verano ya se acaba. Quizá no astronómicamente, pero sí meteorológicamente. Los niños ya escuchan a sus profesores en las aulas y los adultos hace tiempo que ya se olvidaron del sapore di sale y de ese repeluzno que siempre da cuando el aftersun helado aterriza sobre la piel castigada por los rayos ultravioleta.

Lentamente, vuelve la vida a despertar de la siesta de agosto aunque, este año, uno ha tenido la sensación de que el sueño ha sido intranquilo. En parte, porque han sido pocos días en los que el calor ha sido de verdad calor y, en parte también, porque la corriente de las noticias no ha sufrido el estiaje normal en estas fechas. Sin duda el verano del 14 será recordado, aparte de por el retorno a la edad media de oriente medio, por esa incomodidad que se ha instalado entre Rusia y el resto del mundo y que ha tenido a Ucrania como excusa.

Las posiciones, de puro conocidas, resultan tópicas: por un lado Estados Unidos y la Unión Europea, pidiéndole a Rusia que aparte su mirada codiciosa de las fértiles tierras negras ucranianas; del otro Rusia, entregándose a todo tipo de manejos y a una extraña táctica de amagar y no dar. Un día tensión máxima, dos días más tarde, un pequeño resquicio para la paz. Y lo que te rondaré morena por las murallas del Kremlin.

Todos los políticos de la Unión parecen haber asumido tácitamente la postura de la diplomacia de ese paraguas común que a todos nos cobija ¿Todos? No, por cierto. Las ultraderechas europeas, en peligroso ascenso, no han cesado de coquetear con las élites rusas. Es lógico por las dos partes: los rusos, porque esperan que, mediante estos partidos que la crisis ha hecho venirse arriba, se desestabilice un proyecto, el de la Unión Europea que les intranquiliza estratégica e ideológicamente (no olvidemos que el otro gran interesado de atraer las fértiles tierras ucranianas hacia su órbita es la Unión y que esta, al fin, es una guerra por los recursos).

Por la parte de los partidos europeos ultras, Rusia es la panacea porque hace realidad la fantasía que está en su ADN del hombre fuerte, que toma sus decisiones sin que le tiemble el pulso, dentro de un marco ideológico fuertemente influenciado por el ala más dura de los sectores religiosos.

Gudenus hace las Rusias

Los “pallás” y los “pacás” son incesantes.

El último, por ejemplo, ha sido la aparición de Johann Gudenus, el hijo (político) predilecto de Strache y aquel en el que deposita todas sus complacencias, en un foro no oficial celebrado en la capital rusa bajo el sugerente título de “Foro Internacional para las Familias Numerosas y el Futuro de la Humanidad” (dándolo todo, o sea).

Ante otros conspícuos representantes de su ideología reaccionaria, como por ejemplo la simpar diputada rusa Jelena Misulina, una de las autoras de la famosa ley que prohibe en Rusia la propaganda de las “relaciones sexuales no tradicionales” (o sea, la homosexualidad) o eurodiputados del Front Nationale, Johann Gudenus ha pronunciado un discurso en el que se ha lamentado de que el pueblo austriaco y los políticos que lo gobiernan sigan empecinados en el error de seguir la política de Estados Unidos de enfrentamiento con Rusia. También ha dicho –en un ruso parece ser que bastante potable, porque estudió en Moscú y ha tenido tratos comerciales con ese país- que, aunque desde Rusia pueda parecer lo contrario, no son todos los europeos los que ven en Putin al enemigo y ha ofrecido su propio testimonio en desagravio del mandatario ruso, al que considera injustamente vilipendiado por una clase política europea entregada al “lobby gay”, el cual tiene la Unión alejada de “esa gran familia cristiana” que todos deberíamos formar y hecha Sodoma y Gomera.

A este supuestamente poderoso “lobby gay” también lo ha puesto Gudenus a escurrir y ha expresado su miedo de que las maquinaciones de los homosexuales encaminadas al (según él) perverso objetivo de conseguir “la igualdad plena de gays y lesbianas, incluyendo la adopción de niños, cosa que ya existe en algunos países” consigan su objetivo. ¿Quién sabe, se ha preguntado, qué consecuencias podría tener una cosa semejante para el futuro de la Humanidad?

Al escuchar esto, Jelena Misulina ha debido de sonreir. Complacida, además.

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2 Responses to Johann Gudenus y el oro de Moscú

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