Los austriacos y los libros

leyendoSegún informan los medios austriacos, los vieneses pueden sentirse orgullosos de ser los primeros en un ranking ¿Quieres saber cuál?

5 de Octubre.- Di que el otro día, estaba yo con una amiga (austríaca) sentado en un café de esta capital al que nos gusta ir, charlando a media luz de la vida en general, cuando salió el tema de la nueva película de Ulrich Seidl la cual, por cierto, tengo pensado ver esta semana, cuando mi amiga, a cuenta de una noticia relacionada con esta película dijo así, como al desgaire, que se había enterado del asunto porque tenía puesta cierta cadena de televisión en la que habla con frecuencia Rottraut Schöberl, la dueña de la librería Leporello, de cuyo juicio en lo tocante a libros esta amiga mía se fía mucho.

El comentario de mi amiga me llamó mucho la atención porque me pareció muy típicamente austriaco y, más específicamente, típicamente vienés. Y es que, dejando aparte al rebaño de mastuerzos que vota a la ultraderecha, se puede decir que uno de los pasatiempos más típicos de los habitantes de esta urbe es el de la lectura.

Cifras cantan: en ninguna otra ciudad del ámbito de habla alemana hay tantas librerías como aquí en relación al número de habitantes. En todo el término municipal vienés hay doscientos establecimientos en los que uno puede adquirir alimento para el espíritu. Cerca de mi trabajo (bueno, de mi ex trabajo) está la que yo llamo “la perdición de los hombres”, porque es pasar por delante del escaparate y tener que pegar uno la nariz a la luna y, si uno no se contiene (y tengo que reconocer que yo, normalmente, me contengo poco) entrar y comprar algo. Es una librería pequeña, que probablemente haya sobrevivido en su estado actual desde que la abrieron en los años treinta, y que combina la venta de libros antiguos con la de ejemplares nuevos. La dirige un caballero más bien taciturno de mirada muy inteligente, poco mayor que yo, que está empezando a echar un poco de tripilla y con el que tengo esa relación sin palabras (o de pocas palabras) que tenemos los hombres con los buenos peluqueros de caballeros. Esos con los que escasamente se intercambian las cuatro frases necesarias para ajustar cómo quiere que le adecenten el cabello.

Pero también es muy chulo ir al café Phil, frente por frente del tradicionalísimo Sperl, en donde se puede uno comprar libros mientras sopesa la compra tomándose un melange. Si uno quiere una gran superficie, está Thalia –Mariahilferstrasse- en donde puede encontrarse un gran surtido de títulos y, si uno quiere hacerse la ilusión de que se encuentra a la vera de la cuesta de Mollano, hay también una librería española. Hay librerías rusas, hay librerías de arte, hay librerías de fotografía, hay incontables librerías en donde se venden libros con historia (en algunos, puede uno encontrarse alguna flor prensada, alguna foto, cartas de amor con la tinta descolorida por el tiempo).

Los vieneses, en esto como en todo, son todavía muy tradicionales. Aunque se ven lectores de libros electrónicos por el metro, lo cierto es que los austriacos leen sobre todo en papel (Un ochenta y dos por ciento de los libros que se devoran en esta ciudad hubieran sido reconocidos sin problema por Gutemberg y los otros están guardados en la circuitería de algún aparato). En 2013, los vieneses se gastaron 700 millones de Euros en las librerías de esta capital (sin contar los manuales y libros de texto). A juzgar por sus compras, los vieneses prefieren leer ficción (particularmente las mujeres) mientras los hombres compran también muchos libros técnicos. Los adultos también fomentan en los críos su amor por la lectura y, en todas las librerías vienesas, hay un departamento de volúmenes destinados a la chiquillería que te hace querer volver a ser niño otra vez. Todos los años, las ventas de libros para niños suben un cinco por ciento. Por cierto, según las estadísticas (hay que tener en cuenta que la media la bajan los mastuerzos de los que hablaba más arriba), los austriacos pasan al día 5 minutos con un libro en la mano. El mismo tiempo que usan para el cuidado de sus mascotas. Aunque a mí, este tiempo me da una pista de cuál es el sitio predilecto de los habitantes de Esta Pequeña República para entregarse al sano pasatiempo de viajar con la imaginación sin moverse del sitio ¿A que tú tienes la misma idea que yo?

Por cierto, para aquellos que quieran practicar alemán, el artículo del que están sacados muchos datos de este post, es este

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3 Responses to Los austriacos y los libros

  1. Marta dice:

    Una de las cosas que más echo de menos, son las librerias. Tambien, me gustaba Shakespeare & Co.
    Aquí en Maastricht, tienen la libreria más bonita de Europa, es una iglesia desconsagrada, pero medio vacia. Con decirte, que la empresa (como si fuera Thalia) esta en suspension de pagos….

    Abrazos,
    Marta

  2. Sandra dice:

    En una librería y en una tienda de zapatos puedo pasar tranquilamente el día,nunca puedo decidir enseguida.Cuando llueve mucho en este lado de Los Alpes me encanta entrar en Tyrolia,tomarme un verlängerte, buscar alimento para el alma y que el mundo se olvide de mí.Un saludo.

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