Los niños con los niños, las niñas con las niñas

El instituto de empleo austriaco (AMS) ha realizado una encuesta con unos resultados altamente reveladores.

20 de Octubre.- Normalmente, Viena Directo se nutre de noticias pequeñas y, en apariencia poco importantes, pero que, en opinión de quien lo escribe todos los días (o sea, menda) dibujan mucho el retrato de un país.

A los recién llegados, yo siempre les digo que los españoles, desde que Alfredo Landa corría en gayumbos detrás de las suecas (para cualquier español, cualquier muchacha rubia es sueca o puede serlo) tenemos „el extranjero“ muy mitificado. O sea, que nos pensamos que es atravesar los Pirineos y todo es moderno y chachi y fenomenal.

Y no, señora.

Baste ver la cantidad de tontos que pueden reunirse en un mismo lugar a berrear (los famosos diezmil de Pegida que ayer, en Dresde, nos pusieron la cara colorada a los demás europeos de bien) o, en Austria, el machismo, a veces nada sutil, que impregna toda la sociedad austriaca transversalmente.

Un machismo que, naturalmente, por aquello del qué dirán, tiene que adquirir en esta época ropajes que lo disfracen un poquito de modernidad pero que está ahí, sin duda, y nos afecta (y nos daña) tanto a hombres como a mujeres.

El Instituto de Empleo austriaco (AMS) ha hecho una encuesta muy reveladora al respecto.

Ha cogido a chicos y muchachos jóvenes y les ha preguntado los factores que iban a decidir su futuro profesional.

Las conclusiones de la encuesta han sido que los chavales evitan aquellos trabajos que la sociedad les dice que son „de chicas“. O sea, aquellos trabajos relacionados con el cuidado de personas en general, y de niños en particular.

PaternidadLa sociedad vende estos trabajos (de profesor, cuidador de parvulos o de personas mayores, asistencia de enfermos, etc) como trabajos en los que un hombre „no puede realizarse“ como tal, porque no puede ejercer las cualidades que la sociedad estima que son „masculinas“ como, por ejemplo, un dos tres responda otra vez, la ambición profesional. En un círculo vicioso, y como en una pescadilla que se muerde la cola, estos trabajos, al ser mayoritariamente ejercidos por mujeres, están peor pagados, porque la sociedad (y los chicos, en este caso, son totalmente transparentes) asume que son trabajos que realizará la persona que, en el hogar, no tenga la responsabilidad de traer el dinero a casa y dar de comer a la familia. En Austria, de las personas que trabajan a tiempo parcial, son mayoría quienes desempeñan este tipo de empleos que los chicos rechazan por ser „de niñas“ y la sociedad bombardea a las mujeres con los tradicionales roles de mamá y papá que parecen sacados de cualquier episodio de Mad Men. O sea, como cuando, en los ochenta, las madres amigas de mi madre empezaron a trabajar y les daba vergüenza decir que era por necesidad y decían que trabajaban „para sus caprichos“ porque, en esas tres palabras, se encerraba la pretensión de salvaguardar el honor masculino de su marido el cual, evidentemente para ellas, tenía asignado el papel de traer el dinero a casa como nuestros antecesores, los hombres prehistóricos, traían el cacho de mamut a la cueva para que las crías no se muriesen de hambre. El machismo daña a las mujeres, pero también nos hace mucho daño a nosotros, los hombres, porque hace que se pierdan o se empleen mal muchísimos talentos que serían mucho más provechosos para la sociedad en general empleados de mala manera. Paternidad

¿Cuántos, por el qué dirán y, naturalmente, por los sueldos bajos, no dejarán de desempeñar oficios, como el cuidado de niños en guarderías, que son básicos en una sociedad? (todos los ciudadanos responsables han sido alguna vez niños y todos los bestias de Pegida, se han hecho como los orcos de Mordor porque, en algún momento, quizá en su infancia, alguien falló en transmitirles los talentos que nos permiten la empatía o ciertos hábitos civiles)

Como ha sucedido en otros campos, es muy importante que la sociedad encuentre la manera de que los hombres que, de manera vocacional y nadando contra corriente, prediquen con su ejemplo y, al mismo tiempo, dignificar unos oficios que, antes que ser secundarios, son los pilares de toda sociedad sana.

Si no, luego pasa lo que pasa.

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