Mamá trabaja, papá se queda en casa

Viena. Una familia con un bebé durante un acto público¿Qué factores se conjuran para que, a igualdad de ventajas, un diez por ciento de los varones austriacos se tome una excedencia por paternidad en tanto que en Suecia son un noventa por ciento los que lo hacen?

4 de Mayo.- Un amigo mío, cuyo nombre mantendremos en el economato, el cual vive en Austria casi desde su tierna infancia, dice que este país es, en comparación, mucho más machista que España. Una de las razones que da para justificar su opinión es esta: en Austria, existe la expresión Rabenmutter, o sea, madre cuervo (ya lo decíamos en este bonito post dedicado a los insultos). Las Rabenmutter son, para la mentalidad austriaca, esas hembras desnaturalizadas que, en vez de agotar hasta el final su periodo de Karenz (o excedencia maternal pagada), dejan a sus retoños en el Kindergarten antes de cumplido el plazo.

Sin embargo, el machismo no sólo se manifiesta en esta presión social del gentío austriaco sobre sus mujeres, sino que, como algunas mujeres olvidan a veces, también nos perjudica a nosotros, los hombres obligándonos constantemente a hacer una demostración de nuestra virilidad incluso cuando esta demostración va en contra de nuestros intereses.

Sistema austriaco y sistema sueco de incentivo a la natalidad

Por ejemplo: el sistema de protección sueco a la maternidad (y a la paternidad) es muy parecido al que disfrutan en este país las parejas que deciden abordar la aventura de tener descendencia.

Tanto en Suecia como en Austria, los padres recientes, durante los ocho primeros años de vida del rorro, pueden tomarse, en total, unos 450 días de excedencia, de los cuales 60 pueden ser disfrutados por el miembro de la pareja que no se tome la parte principal. Si no se hace uso de este derecho, una vez transcurrido el plazo de 8 años, los días libres son irrecuperables. En cuanto al dinerito: el Estado austriaco sufraga, con diferentes modelos de Pauschale (o cantidades fijas dependiendo de las circunstancias de la pareja) o bien con un ochenta por ciento del sueldo, los trece primeros meses de la excedencia. Pues bien: en Suecia, un noventa por ciento de los varones se coge su excedencia para ocuparse del niño y de la casa, mientras mamá se va a trabajar todos los días a, pongamos, IKEA. En Austria, menos de un diez por ciento de los padres se toma estos días de excedencia.

Las razones de la diferencia

¿Por qué? Principalmente, aunque no solo, es una cuestión de mentalidad. Muchos hombres austriacos (sobre todo fuera de los núcleos urbanos grandes, como Viena o Graz) siguen apegados a roles tradicionales y esgrimen excusas como “mala conciencia para con sus compañeros”, “Agradecimiento o comprensión hacia su empleador”, miedo por las consecuencias laborales o, simplemente, falta de eco en los medios de comunicación con padres que hagan uso de este derecho y que, por lo tanto, fomenten el reconocimiento social de este “sacrificio” laboral, cosa que sí que pasa con las madres (o que, directamente, se da por supuesto que harán).

Pero también es una cuestión estructural del mercado laboral austriaco. En este país, el trabajo a tiempo parcial es, claramente, una cosa de mujeres. En Austria, el cincuenta por ciento de las mujeres que trabajan lo hacen a tiempo parcial, en tanto que solamente un ocho por ciento de los hombres trabaja a media jornada. Aún es muy infrecuente que un hombre se reduzca la jornada para cuidar de sus hijos mientras su mujer continúa haciendo su trabajo normal una vez superadas las consecuencias lógicas del parto (de hecho, de entre mi extenso círculo de amigos, yo sólo conozco un caso).

En estos momentos en que se habla tanto de protección a la maternidad y de la necesidad que tienen los estados de fomentar la natalidad para combatir el envejecimiento de la población, parece que la alternativa que propone la Iglesia de pinchar todos los condones y convertir el uso de anticonceptivos en obra de Lucifer no parece la más inteligente. La natalidad se fomenta conciliando la igualdad entre hombres y mujeres y fomentando que se repartan equitativamente las consecuencias profesionales de tener hijos entre los hombres y las mujeres. Cifras cantan: en Austria, en donde la mentalidad aún es bastante conservadora, la natalidad es de 1,39 hijos por mujer; en Suecia, de 1,94.

Fuente: este artículo del Standard.

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