Austria se enfrenta a un problema de barbas tomar

hombre con barba¿Los chicos estamos mejor con barba o sin ella? ¿Influye nuestra barba en la elección de nuestra profesión? En Austria corre prisa aclararlo.

8 de Diciembre.- Desde antes de navidad me doy un aire a Mercedes Milá. Verán mis lectores: es que me he puesto a hacer un experimento sociológico ¿Y en qué consiste? Pues me he dejado barba. No es la primera vez, pero esta lo estoy haciendo de manera consciente durante mucho tiempo y es ya frondosa e, incluso, en ocasiones de mucha gala, me puedo poner los bigotes hacia arriba muy austro-húngaramente, que para eso estoy en el país en el que estoy.

Hombre con barba

La barba es una cosa misteriosa, porque nadie, ni los propios científicos saben para qué sirve ¿Por qué nos sale pelo en el mentón y en el labio a la mayoría de los hombres? (Y a muchas mujeres, porque las hembras de la especie descienden del mono padre tanto como nosotros). Pues es un misterio, porque la barba no le es útil al cuerpo y su eficacia como imán para el amor depende mucho de las épocas y de los contextos socioculturales. Los austriacos, por ejemplo, suelen ser poco barbados, y mis amigos y familiares nacidos en EPR observan con envidia mi barba, la cual, aunque empieza a encanecer, es muy fuerte y tupida. Entre las mujeres, la cosa está dividida. Cuando me la empecé a dejar, la opinión no fue ni mucho menos unánime. A las austriacas, sobre todo si pertenecían a ese grupo de mujer que se derrite cuando los latinos destrozamos las declinaciones, encontraron que había ganado enteros dejándome la barba. Españolas y sudamericanas no podían evitar  los comentarios burlones. Hombre con barba
En Austria va calando, pero en  España, la barba se ha convertido en una cosa muy de moda. Empezó la ola en el mundo gay (desde el departamento osos al departamento Conchitas) y en la república independiente de los hipsters y, por simpatía, se ha extendido al resto de la población. En el caso de los gays, es obvio que la barba pregona la masculinidad de su poseedor (un valor siempre en alza entre el pueblo elegido) y, de hecho, yo tengo un amigo que transita alegremente por las aceras de enfrente, que opina que lo de llevar barba es a la segunda década del siglo XXI como lo de marcar paquete fue a los setenta del siglo pasado. Las barbas de los hipsters, claro está, hunden sus raíces en los años sesenta del siglo pasado, en el existencialismo, la contracultura y la rebelión hacia la vida burguesa.

Hombre turco con barba

¿Y a qué viene toda esta disquisición sobre las barbas? Se preguntarán mis lectores muy bien preguntado. Pues yo se lo digo inmediatamente: según informa el diario viení Kurier, el ejército austriaco estaría a punto de emprender una reforma de gran calado en el negociado capilar.   Hasta hoy, reclutas y soldados solo pueden dejarse bigote y las patillas (llamadas Koteletten) que lleguen hasta el lóbulo de la oreja. Las excepciones son: aquellas barbas motivadas por las creencias religiosas (por ejemplo, los Sijs o los soldados que sean musulmanes observantes estrictos) y alguna circunstancia médica que impida el llevar las mejillas cual culito de recién nacido. Por ejemplo, el acné o alguna otra afección dérmica. Hombre con barba
Pues bien: el otoño pasado, un general del Ejército de EPR propuso que se abriese la mano con esto de las barbas y que se permitiera llevarlas siempre que estuvieran „cortas cuidadas“. Con una doble argumentación: por un lado, se evitaría el fraude de ley, pues cada vez hay más reclutas coquetos que se acogen a lo médico a la hora de decirle que no a la Gilette. Y, por otro, como cada vez hay más jóvenes en las calles de Viena con barbas pobladas, si se permitían quizá fuera el ejército otra vez imán para el macho de la especie como lo fue en épocas pretéritas de menos relajo.

Soldado sujetando una puerta
Oída la propuesta del general, sus compañeros no le han hecho la ola, precisamente !Qué será este ejército -han dicho- si los reclutas parecen una pandilla de hombres de Cromagnon! Además, no va a ser por las barbas por lo que los jóvenes vuelvan a los cuarteles. Quizá deberíamos hacer el ejército más atractivo haciendo que se convierta -de verdad, añado yo- en una alternativa profesional. O sea, bien pagada, con una educación en condiciones, etc.

El Ejército y la Iglesia tienen en común que se están muriendo de viejos. El Kurier cita el ejemplo de Baja Austria. En 2014, un 36 por ciento de los mozos en edad militar le dijeron nones a las balas y se inclinaron por el servicio social. En 2015 fueron un 42 por ciento. En el ejército no tienen pelos en la lengua: „cuando alcancemos el 50% tendremos un gran problema“ y es que el ejército austriaco es la fuerza que se encarga, por ejemplo, de ayudar si hay inundaciones, por ejemplo; o, recientemente, en la crisis de los refugiados. Y esos trabajos los hacen los reclutas. Si los cuarteles se vacían, se fastidia el invento.

¿Será la solución que les dejen llevar barba? ¿Qué piensan mis lectores?

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