Austria y el fúrgol: una historia de amol

Hoy ha empezado el mundial de fúrgol. Uno no es que sea un apasionado del balón redondo, pero sí de las historias interesantes. Aquí van unas cuantas.

14 de Junio – Hoy ha empezado (otra vez ñañañá) el mundial de fúrgol. Los que disfrutamos lo justo del deporte del balón redondo (disfrute que, en mi caso, tiende a cero) nos veremos obligados a ser unos marginados de la sociedad. Sin embargo, los austriacos, como sucede alrededor de la bola del mundo, se pasarán estos días disfrutando de partidos tan apasionantes como un Islandia-Senegal (por ejemplo).

Lamentablemente, sobre todo para la afición local, el fútbol austriaco actual no pasa de un nivel pachangueril. De vez en cuando, despuntan algunos talentos, los cuales son atraidos por equipos de ligas más jugosas que la austriacas. Tal fue el caso de nuestro amigo Antoñito Almohada (Tony Polster) o del barcelonista Hans Krankl (¿Juan “enfermito”?). A Krankl le deben los austriacos su última heroicidad en el cesped. Fue en Córdoba, en donde nuestro Hansi marcó dos tantos a la superpoderosa selección alemana, en en el mundial de Agentina de 1978. Por ciero, y ya que estamos, decir que el segundo tanto fue de boca en boca tanto por el hecho en sí como porque el periodista de la ORF que retransmitía el evento, Edi Finger, perdió la frialdad que distingue normalmente a los locutores de esa Santa Casa y soltó a las ondas un “I wer´ narrisch” (“Me voy a volver loco”) que aún repiten las gentes de alguna edad cuando quieren hacer un chiste.

Tanto Krankl como Polster hicieron fortuna en la Liga, la única, la española (y olé). No siempre fue así, sin embargo, y el fútbol austriaco vivió épocas mucho mejores. Sobre todo hasta el principio de la segunda guerra mundial. La cantera local se benefició de contar con las potentes reservas demográficas del imperio austrohúngaro. Era fácil que, con semejante capital humano, salieran de vez en cuando algunos a los que les volviera locos hacer filigranas con el cuero. Legendarios fueron los triunfos del Wunder Team de Matthias Sindelar, el cual, entre 1931 y 1933 ganó catorce veces seguidas sendas competicicones europeas.

En fin: Austria no puede considerarse una potencia futbolística,pero sí un país muy futbolero. A los aborígenes les encanta jugar y, en cuanto traban relación contigo te preguntan si eres del “Real” (por el Madrid) o si eres del “Barca” (sí: dicho así, como lo de ay, quién maneja mi barca, de Remedios Amaya).

Futbolistas austriacos de principios del siglo XX

Las orquídeas: un factor futbolístico decisivo

Quién hubiera dicho, sin embargo, que un deporte tan machote como el fútbol entró en Austria a causa de una delicada flor. Hacia 1870, el muchimillonario Nathaniel Mayer Anselm Freiherr von Rothschild, perteneciente a la famosa dinastía de banqueros, plantó en el distrito de Döbling (19) un frondoso parque, el cual enriqueció con una serie de invernaderos en los que plantó hermosas orquídeas importadas del Reino Unido de la Gran Bretaña. Junto con las flores tropicales, el millonario importó un grupo de jardineros ingleses. Pronto, los austriacos notaron que, en sus ratos libres, los británicos jugaban a darle patadas a una pelota. Por señas, se enteraron de las reglas del juego, pidieron probar y, les gustó tanto, y los centroeuropeos resultaron ser unos jugadores tan bragados y aguerridos que el barón Rothschild se tiraba de los pelos porque le dejaban el cesped de su parque hecho unos zorros.

Para evitar esto (ossea) y darles una alegría a sus asalariados, el barón puso a disposición de los deportistas la primera cancha vienesa, que se instaló en la Kuglerwiese y fundó la primera unión deportiva de la capital danubiana. La cual se llamó, atendiendo al orígen británico del deporte, First Vienna Footballclub. Fue el 22 de Agosto de 1894, en la taberna “Zur schönen Aussicht” (de las bellas vistas, en lengua vernácula), situada en la Grinzinger Strasse (Pfarrplatz 5).

Los vieneses salieron muy jugones y para 1900 ya había en Viena 50 equipos de fútbol. De cómo el fútbol se desarrolló en Viena durante el siglo pasado quizá hablemos otro día. Hoy, de momento, me voy a poner una película (buena). Uno, que es un rebelde.

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