Baja intensidad, alta peligrosidad

Los que vivimos entre dos mundos, a veces nos vemos enfrentados a sutiles formas de racismo. Bueno, sutiles y no tan sutiles.

15 de Julio.- Probablemente, la mayoría de mis lectores hayan estado viendo (aunque no hayan querido) el partido este de la copa de la vida entre Francia y Croacia.

Han ganado los franceses, como todo el mundo sabe, y no habían pasado ni tres minutos de la victoria, cuando me ha llegado por Facebook el primer post de lo que podríamos llamar „racismo de baja intensidad“. Podríamos llamarle así por no llamarle racismo a secas, claro.

En él, se hacía referencia a que la mayoría de los jugadores franceses son de un tipo racial distinto al de, pongamos por caso, Alain Delon. En el post que he recibido, sobre cada jugador, la bandera del país africano o norteafricano del que procedían sus padres. La frase „Ha ganado Francia“ bajo la foto.

Naturalmente, para jugar en la selección nacional francesa los requisitos son muy estrictos. No todo el mundo puede. Hay que estar nacionalizado (como poco) o ser ciudadano del país al que se representa. Y si uno es ciudadano, es tan francés (o tan español, o tan jamaicano) como el que más.

Uno piensa que uno de los enemigos más sordos de la integración es el estereotipo de cómo debe de ser la gente de un determinado país.

En Austria, el estereotipo es que esa persona debe ser blanquita y, a más abundamiento, cristiana. En los tiempos que corren, cae por su peso, una idiotez.

Los españoles sabemos, por propia experiencia, que esa idea caducó en 1990 como muy tarde. Ya hay españoles que son hijos de inmigrantes chinos o árabes o latinoamericanos que son tan españoles como Benito Pérez Galdós o Manolo Escobar, que no conocen otras tradiciones que no sean las nuestras y, por supuesto, que hablan español sin ningún tipo de acento (y catalán, y valenciano, y vasco y andaluz y lo que les echen, como es lógico).

En Austria, por supuesto, la retórica de la ultraderecha (de la ultraderecha „light“ kurziana y de la ultraderecha fetén de Strache) insiste en la demonización del extranjero y la manera más sutil de hacerlo es la de preconizar un estereotipo determinado de persona, ya digo, de rasgos caucásicos y religión cristiana. Es la manera de fundamentar la retórica del nosotros contra ellos, que no es otra cosa que la puesta al día de la vieja retórica nazi de la invasión, de la infección del cuerpo social „ario“ por un agente „extraño“.

Este procedimiento de aplicar el racismo de baja intensidad no es nuevo, por supuesto. En tiempos del protonazi Karl Lueger, conspícuo antisemita que fue alcalde de Viena y que tiene aún una plaza presidida por su estatua, se hacía más o menos lo mismo con los obreros bohemios (de Bohemia) que alimentaron el milagro económico del imperio austriaco y que construyeron con sus manos las hermosas edificaciones que dan al Ring. Hoy, los bisnietos de esos extranjeros (como es el caso de Strache, por ejemplo) son los que elaboran y difunden esta propaganda que va calando en el inconsciente colectivo, impregnando las meninges del personal de una imaginería que, en el mundo globalizado en el que vivimos, es un arcaismo (¿Cómo va a ser verdad una cosa como esta si, por ejemplo en Viena, los padres de más de un tercio de la población no nacieron en Austria?).

Todo esto viene al caso porque el Standard ha publicado una noticia a propósito de una chica de color que lleva viviendo en Austria prácticamente toda su vida y que se fue a Baviera, concretamente a Munich, a hacer lo que la mayoría de los austriacos de su edad que están un poco a la moda: o sea, a disfrazarse de campesina y a aumentar su tasa de alcoholemia al mismo tiempo que escucha canciones de Andreas Gabalier y sus epítomes.

Después de pasar el fin de semana, la muchacha publicó en su Facebook un texto en el que describía todos y cada uno de los ataques racistas que había recibido por no responder al estereotipo que se fomenta y haberse atrevido a, teniendo la piel oscura, ponerse un dirndl. No solo la llamaron de todo (negra, por ejemplo, que en alemán es un adjetivo que no tiene nada del cariñoso sonido que tiene en el folklore caribeño) sino que la gente se paraba delante de ella a fotografiarla con el móvil, como si fuera un alien y oía a su paso exclamaciones de personas escandalizadas de que una persona de su raza se atreviese a „profanar“ el típico traje austriaco.

Facebook, por cierto, le borró el post porque los robots no saben distinguir una denuncia de un insulto. Así nos va la vida.

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

5 Responses to Baja intensidad, alta peligrosidad

  1. Bad Vöslauer dice:

    El idioma se llama euskera, la nacionalidad en Francia funciona con ius solis, es decir que da igual de dónde provengan tus progéneres al contrario que en España que salvo que uno de los dos lo sea, no obtienes la misma por haber nacido en territorio español, ius sanguis. El caso de Suiza es curioso puesto que si tú progener materno lo es tú también, sin embargo si es el paternal no obtienes la nacionalidad hasta que lo solicites a la mayoria de edad. Ya sabemos que el típico jugador de la Rot Weiß Rot es David Alaba o la típica cantante de ópera es la Sra. Nebrenko y el procer de justicia alemán tiene los ojos rasgados por aquello de que la justicia es ciega.

  2. Sara dice:

    En España si te dan la nacionalidad por nacimiento en el país.
    Y en Austria también se daba el caso de no obtener la nacionalidad si tu padre era austríaco pero no estaban los padres casados. (La ley cambió hace 5 años o así) Sí los padres estaban casados mamá extranjera, papá austríaco tenías las 2 nacionalidades por derecho. Si no estaban casados el padre ni salía en la ecuación, cuando se iba al juzgado a reconocer al niño, este ya tenía una nacionalidad, a la que tendría que renunciar para ser austriaco.

    *Yo tengo una amiga nigeriana, que tiene por su marido un apellido más austríaco imposible y en varias ocasiones ha tenido que dar explicaciones.

  3. Fabio Keiner dice:

    me temo que esta equivocado o confundido al respecto de racismo, xenofobía y nacionalismo.
    es una cosa, mencionar el hecho muy raro, que los equipos de futbol (no solo en francia) consisten mas de ‘legionarios’ de medio mundo (entre ellos no solo africanos, sino ESPANOLES (!), japoneses, polacos, …:)) que de jugadores nacidos del país que quieren representar … e insultos racistas contra jugadores/deportistas negros o arabes (que abundan tambien en el ambiente hooliganico neo-nazista (tome los ultras de real madrid, e.g.)
    y es complicado aún mas por el comportamiento de algunos jugadores estrella – como en el caso del senor özil en alemania, que tiene ambas nacionalidades, pero se declaraba en publico: ‘me siento orgulloso de ser turco!’ en una partida contra turquía, como jugara y como se sentirá? sería llamada otarídor por turcos y alemanes al primer foul :))

  4. Anselmo dice:

    El concepto de pertenencia a una nación puede ser interpretado por algunas personas como ligado a ciertos características étnicas o culturales. Ese ha sido el caso del nacionalismo germanico. Al no tener influencias de la cultura romana, no pueden asimilar el concepto de nación no étnica. Por eso habría sido imposible para estos pueblos constituir un imperio generador y universal tal como hicieron Roma y España.

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