12 al día, 60 a la semana

Después de legalizar la jornada de doce horas, el Gobierno ha declarado sentirse escandalizado de que alguien vaya a poner en práctica la medida. Cosas veredes.

6 de Noviembre.- Como recordarán mis lectores, cuando el Gobierno austriaco decidió « flexibilizar » los límites a las horas extraordinarias y amplió el horario de trabajo posible a las doce horas, hubo una cierta cantidad de personas que nos manifestamos en contra. Demasiado pocas, en todo caso, porque la medida, desgraciadamente, salió adelante.

Los que no se manifestaron aducían que en todo caso la opción de trabajar doce horas recaía en el trabajador y que el tema era completamente voluntario y que sería marginal, propio de circunstancias extraordinarias, apretones en la producción, ayuda de las empresas chiquitillas que no se pueden permitir contratar a gente y pin y pan.

Los que sí que nos manifestábamos, éramos personas mucho menos idealistas, pesimistas, escépticas o vaya usted a saber, porque lo hicimos perfectamente conscientes de que una de las reglas que han regido en el mundo de manera más consistente a lo largo de la Historia es que si hay una posibilidad de hacer trastadas, por remota que sea, más tarde o más temprano hay algún zascandil que la usa.

Cuando yo estudiaba en la Universidad, teníamos una asignatura de derecho laboral. Siempre recordaré el argumento que nos daban para la existencia de ese libro que se llama « Estatuto de los Trabajadores » por el cual el legislador, según se nos decía, trataba de corregir la evidente asimetría en los intereses y en el poder de negociación que existe entre trabajadores y empresarios. Naturalmente, al empresario le interesa que el trabajador trabaje durante el mayor tiempo posible por la menor cantidad de dinero posible ; y el trabajador quiere vender su trabajo al precio más favorable que se pueda y en unas condiciones de salubridad que incluyan, por ejemplo, un descanso adecuado.

En fin : cuando se creó el instrumento era cuestión de tiempo que alguien (algún empresario, se entiende) lo utilizara. Y así ha sido, por supuesto.

La Arbeiterkammer de Tirol, organismo que defiende y asesora a los trabajadores de ese land confederado, ha sacado a la luz ya un par de contratos en los que varios empresarios hosteleros han aprovechado las ventajas que el Gobierno les dio por ley para hacer firmar a los trabajadores cláusulas en las que, atención, estos trabajadores se comprometían « voluntariamente » a trabajar doce horas diarias y sesenta a la semana. Naturalmente, la voluntariedad, en este contexto, es un concepto muy discutible (ver párrafo a propósito del Estatuto de los Trabajadores).

La reacción del Gobierno ha sido un poco la del personaje de Claude Rains en Casablanca ( !Qué escándalo, aquí se juega !) o sea, « ay ¿De verdad se puede hacer eso con esta ley que hemos escrito, hecho verificar y aprobado ? Uys, pues va a haber que darle una vuelta ». A buenas horas, green sleeves, que dijo aquel.

El presidente de la Arbeiterkammer de Tirol no ha sido tan benévolo y ha acusado al Gobierno de echarse las manos a la cabeza de manera hipócrita, ya que el desaguisado era completamente previsible en su opinión (y no solo en su opinión, como se desprende de todo lo anterior). Un poco como si un médico se quejara de que un paciente había caido en coma glucémico después de comerse tres kilos de pasteles que él mismo le hubiera comprado.

Como uno es ya un caballero de una cierta edad, le van a permitir sus lectores que sea bastante excéptico en cuando a las intenciones del Gobiero de reformar la ley. Es otra cosa que, como lo del coma, también se ve venir.

¿Has participado ya en nuestro concursete? ¿A qué esperas? El tiempo se acaba…

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