Un gato con tres pies

El Bundesgobierno está intentando tener lista una Bundesley para que una segunda ola no le pille por sorpresa. No está siendo, por lo que parece, nada fácil.

30 de Agosto.- Muy buenas tardes y bienvenidos todos a una nueva edición de Viena Directo, el blog que te cuenta las noticias que importan desde 2006 (bueno, las noticias y más cosas).

Como es habitual en las jornadas dominicales, el número de casos ha sido más bajito que en días anteriores -naturalmente, se testa menos-. Según datos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad austriaco, en las últimas veinticuatro horas ha habido en Austria 191 nuevos positivos. 204 pacientes han sido dados de alta (hoy la pelea se ha decantado a favor del homo sapiens, que se chinche el virus malandrín). Esto hace que en Austria haya en estos momentos 3363 personas con la infección activa.

El Bundesland en donde menos casos se han registrado ha sido en Carintia (cero patatero) mientras que los vieneses han encabezado la clasificación, como suelen, con 51 nuevos positivos (cachis en la mar).

La ley de la discordia

Estos días atrás, me acordaba yo de cierto bloguero, un señor ya de una cierta edad que progresa lentamente pero con firmeza hacia el estado de madurito interesante, el cual bloguero en marzo, como toda la población austriaca, se puso por primera vez una mascarilla de confección casera, un poco entre risillas y tal y cual.

Fue ponérsela y decir en alta voz:

-Cuando esto acabe, donaremos todas estas mascarillas a un museo, para que las generaciones futuras tengan conocimiento de esta aventura que total nos va a durar dos Zeit im Bild.

!En qué hora dije yo aquello! Que Dios me conserve los cinco sentidos, porque el de la predicción del futuro lo tengo averiado. Uno pensaba que esto iba a durar un par de meses y hala, y ya. Pero no. La cosa tiene pinta de ir a durar bastante más de lo que todos habíamos previsto.

Ese es el consuelo del bloguero, o sea. Que TODOS, incluido el Gobierno de Esta Pequeña República, pensábamos que, llegando el mes de junio, el coronavirus haría !Pluf! Y se disolvería en el aire.

Pero no. El dinosaurio sigue aquí.

Y no solo sigue aquí, sino que todo indica que los números suben y que los contagios pueden crecer cuando todos volvamos a ser plantas de interior (para aquellos lectores que vayan a tacharme de alarmista, les recuerdo que no hace tanto estábamos en los cuatrocientos y pico enfermos activos y ya vamos por tresmil trescientos, o sea, que tacita a tacita el coronavirus se está forrando).

En el primer brote, ayudado también (no es factor despreciable) de la congoja que a todos nos asaltaba al ver a los pobres italianos caer como Fliegen, el Bundesgobierno lo arregló con unas cuantas Bundesleyes.

Los policías pusieron multas a los infractores y una campaña publicitaria ad hoc nos convenció de que era mejor estar en casa y, cuando bajaron los contagios, todos respiramos aliviados, pensando que por esta vez Austria se había vuelto a salvar.

Sin embargo, más tarde el constitucional austriaco dijo que estas Bundesleyes no estaban de acuerdo con la Bundesconstitución y que como Austria es un Estado de Derecho, las Bundesleyes relativas al coronavirus quedaban sin efecto.

Entretanto, el coronavirus, inasequible a nuestros deseos de que desaparezca, sigue aquí y en el Gobierno, durante el verano, ha empezado a cundir el nerviosismo. Piensa el Ejecutivo austriaco -y lo piensa con razón- que como haya una segunda ola de contagios y el Bundesgobierno no tenga un instrumento legal para atajarla, podemos haber hecho un pan como las proverbiales hostias. De manera que en el Ministerio que dirige Rudolf Anschober se han preparado dos esbozos legales: uno, para cambiar la ley de epidemias que (oh, casualidades de la vida) data de los tiempos de la gripe de 1918. Otro, para atajar específicamente el coronavirus.
Para que el Constitucional no pueda volver a decir nada en contra, los dos textos legales han sido sometidos al experto dictamen de una comisión que se reúne en la Bundescancillería. Tras poner los dos textos al lado de la Constitución, los señores y señoras de la comisión han empezado a poner pegas. La principal de las cuales se basa en la definición de dos conceptos „ciertos“ y „lugares públicos“.

Este es el texto de la ley:

«Beim Auftreten von Covid-19 kann durch Verordnung das Betreten von bestimmten Orten oder öffentlichen Orten in ihrer Gesamtheit geregelt werden, soweit dies zur Verhinderung der Verbreitung von Covid-19 erforderlich ist»

Lo cual, en cristiano, quiere decir:

Ante la aparición de (casos?) de Covid-19 se podrá regular el acceso a ciertos lugares o a lugares públicos en su totalidad, en la medida en que esto sea necesario para evitar la expansión de la Covid-19“ (sí: lo sé, la redacción es muy agreste, pero qué le vamos a hacer).

Los expertos de la comisión dicen que tal como está redactado el párrafo es tan ambiguo que puede significar lo que quiera el que lo interprete. Y de ahí a ser inconstitucional, hay un paso.

Veamos: imaginemos que aparece un brote de Covid-19 en la bonita localidad de Stinkenbrunn (marco-incomparable-de-belleza-sin igual). Con esta ley en la mano ¿Podría por ejemplo la policía impedirle a la señora Hannelore que vaya a coger pepinos a su huerta? ¿Podría impedirle que entrara en su propio domicilio? (o que fuera a su casa de vacaciones, tanto da). Por lo demás ¿Qué es un lugar público? Parece una tontería, pero no es tan fácil de definir. Porque un lugar público es Karlsplatz, pero a efectos epidemiológicos también es una discoteca, en tanto que lugar al que concurre gente que ni es familia ni se conoce.

Otro escollo está en la ley de epidemias. Por un lado, los empresarios hosteleros están obligados a recoger los datos de todos los clientes (por si a alguno, pasado el tiempo, le da por toser, ya se sabe) pero por otro es inconstitucional que los clientes den los datos si ellos no quieren darlos ¿Qué pasa pues si un cliente se mete un schnitzel entre pecho y espalda y luego no quiere dar su dirección?

Las críticas de la comisión han sentado muy mal en el Ministerio que dirige Anschober. El texto, según ellos, fue confeccionado con los miembros de la comisión presentes y preguntándoles todo el rato, así que no entienden que ahora (con perdón) se la cojan con papel de fumar de esta manera.

La comisión ha respondido que, efectivamente, ellos estaban en las reuniones y que sus objeciones se expresaron tanto de palabra como por escrito. Sin embargo, por lo que parece, no han sido tenidas en cuenta al elaborar el texto, de manera que cuando les han vuelto a preguntar ellos, disciplinadamente, han respondido.

Entretanto, Rudolf Anschober, el Ministro responsable, ha intentado templar gaitas y ha advertido en contra de debates artificiales que solo siguen intereses partidistas. Ha recalcado que las leyes se están elaborando con mucha urgencia y que eso, a veces, produce roces.

Articulo publicado en Austria, coronavirus. Guarda el enlace permanente.

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