Las exportaciones austriacas bailan el Harlem Shake

Break Dance
Qué nos gusta una exportación, madre (A.V.D.)

 

Aquellos de mis lectores que no sepan lo que es el Harlem Shake, pueden pinchar aquí y ver una muestra en el metro de Viena.

En fin: a lo que vamos.

21 de Febrero.- Cuando uno aterriza aquí (sobre todo en esos primeros, dolorosos estadios, en los que uno tiene que entenderse con los aborígenes por señas) piensa que, de lo malo malo, siempre podrá trabajar en alguna empresa en la que se use mucho, lo más posible, la lengua de Belén Esteban en tareas que impliquen una relación comercial con España.

Pronto, la realidad se encarga de decepcionarle. La economía Austriaca está abierta, principalmente, hacia el este y muy poco a los países del sur de Europa. Si acaso, hacia Italia. Con lo cual, así, a bote pronto, los conocimientos que uno pueda tener de la lengua de Toni Genil son (ay) de lo más inútil para estos menesteres.

En cualquier caso, Austria es, eminentemente, una economía exportadora. Es más: según cifras dadas a conocer hoy por la Cámara de Comercio austriaca (WKÖ), EPR –Esta Pequeña República- se encuentra en el Top Ten mundial de volúmen de exportación per cápita en todo el mundo. Su gran rival es, claro, Alemania, la vecina del norte.

El año pasado el volúmen de las exportaciones austriacas crecio un 1,3 por ciento. Esto puede parecer una porquería pero, si consideramos que el año anterior también fue un año record, lo cierto es que no hacemos más que prounciar la tendencia. Los sesudos expertos que han analizado la estadística no ven, en cualquier caso, motivos para el júbilo (qué cenizos, oyes). Y es que los mercados en los que las empresas austriacas habían puesto sus esperanzas (bueno, El Mercado, o sea, China, pero también Turquía) no se están comportando tan dinámicamente como se esperaba. Y es ahí, en China, en donde los alemanes nos mojan la oreja.

Y es que, señores, la parte del león de las exportaciones de Alemania al imperio chinochano, la componen fundamentalmente las piezas destinadas a la fabricación de automóviles. Los gigantes germanos de la automoción tienen en China un centenar y medio de fábricas. Negocio redondo para los de Cruella de Merkel: los alemanes ponen el Know How, el I+D y los componentes fabricados en Alemania, los chinetes ponen el resto.

Los austriacos, como no venden coches, se tienen que conformar con otros bienes de consumo que, de todas maneras, también aportan alto valor añadido; aunque la Cámara de Comercio austriaca se queja de que, quizá, haría falta un cierto esfuerzo adicional del Gobierno para vender la “Marca Austria” en ese goloso mercado, el chino, poblado por 1,3 Millardos de almas dispuestas a cambiar el comunismo por el consumismo. En conjunto, las exportaciones austriacas a China han crecido este año un porcentaje raquítico que, en límpio, ha dejado nada más que 100 millones de laureles. Hablando en estos términos, una minucia.

Por lo demás, la crisis, como en todas partes, ha tocado la cifra de exportaciones a los mercados tradicionales de las empresas austriacas. Esto es: Alemania, Chequia, Hungría e Italia. Sin embargo, no todo ha sido malo: las exportaciones a Francia han crecido un espectacular 10,2 por ciento. El principal responsable del incremento ha sido el consorcio farmacéutico Sandoz, asentado en Tirol, el cual ha vendido a Francia una cifra récord de hormonas tanto naturales como sintéticas (De verdad Carla ¿Qué le haces a François para que necesite doping?)

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