El negocio detrás del Buy Local

Heimisch KaufenCada vez son más las personas en Austria que se apuntan a la moda de consumir productos del propio país como una forma de colaborar en la conservación del medio ambiente. A veces, sin embargo, hay detrás otros intereses no tan transparentes.

28 de Mayo.- Se oye un rasgueo de guitarras. Se ve una reluciente calle de un pueblo blanco de Andalucía, tacita de plata de, pongamos, la región de Jaén. Por la calle baja una mujer de bandera. Morena, con unas curvas como Maria Grazia Cucinotta, guapetona, con una bata de percal y unas alpargatas de esparto que, al final de sus piernas, parecen dos Manolos (Blahniks). Lleva una cesta de sabrosas frutas y verduras apoyada en la cadera, la cual –la cesta- se mueve como un bajel propicio mecido por la marea.

Voz en off: Carmelilla sabe lo que es bueno. Porque, desde pequeña, ha visto cómo su abuelo cultivaba en su bancal las mejores frutas y hortalizas de España.

Un andaluz de aspecto moruno, pelo rizado, profundisimos ojos negros, boca sensual, mentón partido como Kirk Douglas, echa un chorrete de aceite de oliva en un plato de loza blanca. Luego, lentamente, coge un trozo de pan, lo moja en el aceite, se lo lleva a la boca y pone la misma expresión de éxtasis que si el Betis hubiera ganado la Champions League.

Voz en off: Antonio sabe lo que es bueno. Porque, desde pequeño, ha visto cómo sus abuelos prensaban el mejor aceite de oliva virgen procedente de las aceitunas más exquisitas de los olivares de Jaén.

Carmelilla y Antonio se encuentran en la calle y él le dice:

-Adonde vah tú tan salerosa, mi arma?

Y contesta Carmelilla:

-¡Digo! Voy a los supermercaoh Compredelogüeno, a comprá lo mehó de nuehtra tierra, shiquillo.

Eslogan: “Supermercados Compredelobueno: compra regional, compra lo de tu tierra. Desde siempre”.

Cambien mis lectores las feraces llanuras andaluzas por los Alpes, la mocica con la bata de percal que subraya sus curvas por una rubicunda serrana con dindrl, y los supermercados ficticios Copredelogüeno por una conocida cadena austriaca y tendrán la última campaña que enseña a los austriacos a comprar productos de su tierra.

Un nuevo nacionalismo económico

Si uno quiere conocer a una sociedad, la publicidad es uno de los instrumentos más fiables. Porque los anuncios tienen la misión de ganarse a quien los mira y eso solo se hace ofreciéndole valores que el espectador comparta o mundos a los que quiera aspirar.

Está claro que nuestra cadena de supermercados ha encontrado que el nicho de mercado de los “nacionalistas alimentarios” (algunos ni siquiera saben que lo son) merece la atención suficiente como para dedicarle un espacio dentro de las tiendas y para publicitar la iniciativa.

Y, claro, para después subir el margen sobre esos productos, como en esta escena de Mad Men.

¡Ah, el mundo de la mercadotecnia!

Desde que vivo en Austria, esta forma de proteccionismo económico no ha hecho más que crecer. Basta poner un poco la antena cuando dos austriacos están hablando de comida (y lo hacen todo el tiempo) para darse cuenta de que el consumidor clase media, media-alta y con un nivel educativo alto (y, por ende en Austria, un alto nivel adquisitivo) está dispuesto a pagar un poco más por productos que él considera de más valor.

En este caso, dos tipos de productos: alimentos biológicos (para los que, incluso, hay una marca propia –Ja,natürlich-) y productos elaborados en Austria.

Consume productos austriacos
En el cartel pone: compra local, protege los puestos de trabajo nacionales (A.V.D.)

Cuando, por ejemplo, el consumidor compra tomates biológicos y/o elaborados en Austria, se siente íntimamente recompensado. Gracias a la publicidad y a la corriente de valores basados en la ecología que recorre la sociedad austriaca (y alemana), se emociona al pensar en el CO2 que le ha evitado al medio ambiente rechazando consumir tomates producidos en (un poner) la lejana Almería, por no hablar de que las verduras sin pesticidas cultivadas en los campos austriacos por abuelos vestidos con Lederhosen saben muchísimo mejor.

En realidad, sin saberlo, generalmente está favoreciendo los intereses de una gran multinacional alimentaria que no compra los tomates en Almería, pero los compra en Marruecos o en Israel, dependiendo de cómo su central de compras consiga apretarle a los productores de hortalizas de otros países del Mediterráneo.

En el caso de los productos biológicos de la marca Ja, Natürlich, por ejemplo, la empresa que gana una pasta con nuestra buena conciencia es la transnacional Rewe. Rewe, por cierto, ha sido sancionada hace unas semanas por haberse probado que había alcanzado acuerdos (es un decir) con sus proveedores para manipular los precios y cepillarse así a la competencia.

Naturalmente, es un episodio más de la feroz guerra por el control de la producción de alimentos, pero no el único como los españoles aprendimos dolorosamente.

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