Cataluña y Tirol del Sur, dependencia, independencia, o todo lo contrario (y 2)

Schloss Ambras16 de Septiembre.- habíamos dejado ayer a los tiroleses del sur bajo el dominio de Benito el Calvo, indecisos sobre su propia identidad.

Por un lado, un ochenta por ciento de los tiroleses del sur hablaba alemán pero también italiano y tenían rasgos culturales de las dos naciones; por otro, la minoría de lengua materna italiana también comprendía el alemán, y se sentían, ante todo, tiroleses. Por no hablar de que el fraccionamiento, totalmente artificial, del Tirol propiciado por los acuerdos de Saint Germain, producía que lo que siempre había sido una entidad completa y que se sentía como tal (el Tirol) estuviese partida en dos.

Y en esto, en 1938, llega la anexión de Austria a la Alemania nazi.

¿A quién quieres más, a dein Vater o a la tua mamma?

A nadie se le escapaba que la situación del Tirol representaba un potencial punto de fricción entre las dos potencias llamadas “del Eje” (por la expresión acuñada en laépoca a propósito de un “eje Roma-Berlín”).

Así pues, Mussolini y Hitler se sientan a discutir y no se les ocurre mejor disparate que el siguiente (bueno, disparate para las personas normales: desde una óptica tan ferozmente nacionalista como la de estos dos payicos tenía toda la lógica del mundo). Bueno, el disparate: a los habitantes de Tirol del Sur se les dio la posibilidad de “optar” .

Aquellos que sintiesen que Alemania era su patria natural y que lo que molaba era decir Guten Tag por la mañana y Gute Nacht al acostarse, deberían abandonar todo rastro de su cultura italiana e integrarse en el glorioso Reich alemán. Aquellos, en cambio, a los que les gustara decir Buongiorno cuando el sol se levanta y arrivederci cuando se despedían de sus amigos o de su suegra, debían mandar a la porra todo su bagaje germánico y convertirse en italianos.

En otras palabras: die “Optionern” contra los “Dableibern”.

La posibilidad de elegir provocó, como era esperable, una profunda fractura social en Tirol y unos enormes costes afectivos (a los fascistas de uno y otro bando, por supuesto, les chupaba un pie, porque ellos no concebían que se pudieran ser dos cosas al mismo tiempo).

La gran mayoría de los tiroleses optó por Alemania (quizá con la esperanza de que los dictadores decidiesen al final reunificar el Tirol) pero solo 70.000 personas abandonaron la provincia efectivamente. Esta emigración, de todas maneras, cesó en 1943 cuando Hitler ocupó Italia. En 1944, cuando ya todo el pescado de la guerra estaba vendido, muchos de los que habían emigrado a Alemania decidieron también volver a Tirol.

La guerra ha terminado (¿O acaba de empezar?)

Tras la guerra, Tirol del Sur seguía siendo lo que en alemán se llama una Baustelle, esto es, una región en construcción. Se organizaron unas conversaciones y se llegó a los llamados acuerdos De Gasperi-Gruber. En virtud de ellos, se mantenía Tirol del Sur en manos italianas pero siempre que se garantizase a la región un grado considerable de autogobierno y que se respetasen los derechos de la parte de la población de habla alemana.

 Todo muy bien. El tiempo demostró que solo había un pero (el mismo que, por cierto, ha existido en Cataluña de toda la vida): gracias a las medidas de estímulo de la economía e industrialización promovidas por el tío Benito para incentivar que los italianos del sur se instalasen en la región, Tirol del sur se había convertido en una de las regiones más prósperas y ricas de Italia. Era normal pues que los italianos de más al sur decidieran emigrar a Tirol para buscar un futuro mejor.

Y ya se sabe lo que pasa cuando juntas a ricos y pobres: los ricos quieren seguir siendo ricos y llevan mal repartir y los pobres no quieren que les llamen charnegos. En los años sesenta del siglo pasado, representantes de la minoría de habla alemana con una empanada mental de tamaño más que respetable (aquello de que puede haber un nacionalismo de izquierdas) consideraron que los italianos que venían del sur (vamos, los italianos en general) debían de ser expulsados del Tirol. Se formó un Comité para la Liberación de Tirol del Sur (Befreiungsauschuss Südtirol) y los angelitos empezaron a poner bombas. Primero, en monumentos procedentes del fascismo y luego, en una segunda fase, cuando la empanada mental de los miembros del comité se intensificó (si cabe) y se incorporaron a él miembros de ideología nazi, la cosa pasó a mayores. En total, en los atentados murieron 21 personas.

Hacia 1972 la situación se hizo insostenible y se aprobaron nuevos acuerdos que le permitían al Tirol del Sur elaborar sus propias leyes y controlar la recaudación y el gasto del 90% de sus impuestos.

Actualmente, Tirol del Sur es la provincia más rica de Italia pero las tensiones no han desaparecido. Políticamente, domina el Volkspartei (con mayoría desde 1945) al cual se acusa (¿De qué me sonará esto?) de favorecer a la parte germanoparlante y de presionar, mediante diferentes políticas, para que el italiano vaya siendo poco a poco eliminado de la vida diaria de los Tiroleses del Sur.

Hoy, gracias a esas políticas, hay un diez por ciento menos de hablantes de italiano que hace cincuenta años.

En los últimos tiempos, además, dado el zarrapastroso estado de la economía italiana, cada vez cobra más fuerza la facción que pretende que Tirol del Sur se reintegre a la República Austriaca (la cual, por supuesto, mira hacia otro lado y silba, no vaya a ser).

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