Febrero de 1934: 80 años de la guerra civil austriaca (3)

KapuzinergruftEste penúltimo artículo dedicado a la Guerra Civil austriaca, podría haberse titulado perfectamente “Dolfuss en tiempos revueltos”.

13 de Febrero.- En psicología, una de las leyes que casi siempre funciona es la de la compensación. Esto es: el indivíduo detecta en sí mismo una falta que le provoca una sensación neurótica de desprotección frente a los otros, y se apresura a llenar el hueco por todos los medios a su alcance.

Así, hay muchos tímidos que, por obra y gracia de este mecanismo, se transforman en Pepes Sonrisas –es la explicación de que muchos actores, a pesar de su profesión, se definan a sí mismos como “grandes tímidos”- o la causa de que personas que se sienten mortalmente inseguras traten de convencer al mundo de que siempre tienen la situación bajo control (como le pasaba a Hitler).

Por esta regla de tres, Engelbert Dolfuss, el que fuera canciller austriaco, era un candidato perfecto a ser un indivíduo hipercompensado.

Un hombre bajito y con muy mala leche

Dolfuss era el hijo ilegítimo de la hija de un campesino, Josepha (es curioso cómo estas historias familiares están en el orígen de muchos políticos ultraderechistas, como Hitler mismo, por cierto, cuya historia familiar también fue un cuadro de comedor). Por si esto hubiera sido poco trauma en unas circunstancias y un tiempo como los de Austria a finales del siglo XIX, Dolfuss era un hombre muy pequeñito (superaba solamente por un centímetro el metro y medio de estatura).

Visto así, puede leerse la biografía de Engelbert Dolfuss como una obsesión constante por que le tomasen en serio.

Por decirlo in silver: cuando Dolfuss miraba a los ojos de la gente, aunque no fuera necesariamente así, él leía “mira, este es el Engelbert, el hijo de la guarrilla de la Josepha que, además, es un canijo”.

Este tipo de personas a las que Dolfuss pertenecía, tienden a integrarse en superestructuras que sustituyen a la familia fracasada y les alivian de su desazón dándoles una sensación de pertenencia. En el caso de Dolfuss la integración fue doble: en la Iglesia de la cual asimiló un ideario conservador que hubiera matado de orgullo a un hombre de Neanderthal y en el ejército, en el cual no paró hasta entrar y en donde, a fuerza de fuerza y de unas reservas de autoridad prácticamente inagotables, su ascenso fue fulgurante.

Como solía suceder en aquella época con la gente de su procedencia social, Engelbert estudió gracias a la ayuda de un prelado que le sufragó los estudios. Después de hacer la matura, ingresó en el seminario, pero pronto lo abandonó para estudiar derecho. Poco después, estalló la primera guerra mundial. Naturalmente, se alistó voluntario. En Viena, le rechazaron por pequeño pero consiguió que en St. Pöllten le aceptaran. Pasó por la academia militar y luego combatió en Tirol, uno de los frentes más duros, en donde se distinguió por su comportamiento heróico. Comportamiento que le valió ocho medallas al valor.

Dolfuss en tiempos revueltos

En tiempo de paz, Dolfuss empleó la energía que antes había utilizado para cepillarse soldados aliados en ascender socialmente. A principios de los veinte, se licenció en derecho, se casó con una señora algo más alta que él (de lo contrario hubieran parecido David el Nomo y Lisa) y empezó una meteórica carrera política cuyo punto de partida fue la Cámara de Agricultura de Baja Austria. Allí, Dolfuss hizo amistades con personas del espectro más conservador de la política austriaca del momento, como Seyss-Inquart el cual, andando el tiempo, se convertiría en un personaje prominente del nazismo. También entró en las filas de los Socialcristianos en donde poco a poco fue haciéndose un nombre como experto en temas agrícolas. A partir de 1929, la brutal crisis económica hace que los partidos digamos “ortodoxos” entren en caida libre. Los Gobiernos son derribados cada muy poco tiempo debido a la fuerza de las corrientes económicas desatadas.

En las elecciones regionales de 1932, los resultados electorales forzaron la enésima crisis de Gobierno. Había llegado el gran momento de Dolfuss: fue nombrado por el Presidente federal, Miklas, como nuevo canciller. Dolfus no solo aceptó el cargo, sino que, además se hizo cargo de las carteras de Agricultura y de Asuntos Exteriores. Acto seguido, le tendió una mano a la socialdemocracia, la cual rechazó su ofrecimiento y exigió la convocatoria de elecciones. Dolfuss se volvió entonces hacia el Heimatblock (el brazo político de los pistoleros ultraderechistas del Heimatwehr) los cuales habían entrado en el Gobierno con el anterior canciller. Formó con ellos una coalición y les dio a los ministros del Heimatblock seis carteras, a pesar de que solo tenían menos de diez diputados en el parlamento.

Políticamente fue una decisión clave para el futuro, integrando en el Gobierno a unos tipos que habían jurado acabar con el parlamentarismo y la democracia, Dolfuss puso los cimientos de la guerra civil que vendría irremediablemente y del Estado totalitario que vendría a sucederla.

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Hay muchos, pero ninguno tan bueno como este. Media hora de risas e información aseguradas. Es Zona de Descarga, el podcast de Viena Directo.

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