Tener hijos en Austria

ninoLa ministra Karmasin ha anunciado hoy un cambio de paradigma en las ayudas a la natalidad en Austria

12 de Agosto.- El otro día tuve ocasión de presenciar una conversación entre dos amigos míos, uno casado desde hace algunos años, dos niños (el mayor de la edad de Ainara, o sea unos siete años) y de otro amigo recién casado que se está pensando  tener niños en un futuro próximo. Concedían que, en comparación con la mierda digo con el limitado sistema de fomento de la natalidad que existe en España, las condiciones en Austria son de auténtico frenesí, peeeero (un pero muy largo) quien se plantee tener hijos en este gran país tiene que pensárselo para, por ejemplo, poder acceder a los sobrecargados sistemas de guarda de niños que permiten conciliar la natalidad con la vida laboral. Porque, si bien el Estado austriaco da dinero para que las parejas no tengan que preocuparse –o casi- del sustento de la criatura, sí que es cierto que faltan guarderías, que las que hay tienen unos horarios algo estrambóticos –sobre todo las públicas-, que las Tagesmuttern –señoras que se ocupan de cuidar dos o tres niños en el salón de su casa- son un parche y que, si uno quiere acceder a un servicio de una calidad mediana, tiene que pedir plaza cuando el crío está todavía en proyecto o acaba de empezar a ser fabricado.

No hacían más que pintar la realidad de este bonito país. Porque si bien es cierto que, comparativamente, el Estado austriaco da más dinero que la media de los países de su entorno para el fomento de la natalidad, según un estudio del Instituto Austriaco para el Fomento de la Actividad Económica (WiFo) publicado hoy por la ministra de familia, Sra. Karmasin, parece que se hace necesario un cambio de paradigma. O sea, no fiar tanto el éxito de las medidas pronatalidad a los dineros y concentrarse más en la creación de infraestructuras para que la gente pueda dejar a sus niños durante el día mientras está trabajando.

En realidad, la realidad que pinta el informe es de dominio público. Lo sorprendente no es que la ministra haya lanzado una jeremiada denunciando la situación, sino la conclusión a la que ha llegado, muy en contra de la política tradicional de su partido. Así, Karmasin ha dicho que, a partir de ahora, los medios adicionales de fomento de la natalidad no van a ser en forma de dineros, sino que van a ser en forma de infraestructuras. Digo que ha sido muy en contra de la política tradicional de su partido porque el ÖVP (Partido Popular Austriaco) no solo ha hecho siempre de la familia y el fomento de la natalidad uno de sus caballos de batalla, sino que siempre ha abogado porque el Estado dé pasta a los futuros padres para que se animen a tener chiquillos.

Al comienzo de la legislatura (o sea, antes de ayer, como aquel que dice) lo dijo claro la señora ministra. La mitad del dinero asignado al fomento de la natalidad se gastará en subvenciones dinerarias y la otra mitad en crear infraestructuras.  La experiencia de otros países parece darle la razón. En Austria y Alemania, con dineros y menos atención a las infraestructuras, la tasa de niños por mujer es de niño y medio aproximadamente. En otros sitios, como Dinamarca o Francia, con muy poquita más inversión en relación al PIB (un cuatro por ciento, en comparación con el tres por ciento austriaco) la tasa de fertilidad es de más de dos niños por mujer. En Dinamarca, por poner un ejemplo, un 67 por ciento de los menores de dos años van a la guardería o tienen una Tagesmutter. En Austria solo es un 14% (también, en parte, porque un factor cultural muy fuerte y las ayudas estatales correspondientes lleva a las mujeres a quedarse con sus hijos durante, por lo menos, el primer año y medio de vida).

Insolitamente, la oposición (Verdes y Socialistas) está totalmente de acuerdo con su colega conservadora. La crítica ha venido de la ultraderecha (como siempre) pero no solo, una colega del Partido Popular ha dicho que la ministra Karmasin va “por el mal camino”. Con lo buenecita que parecía…

 

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