Viena, la ciudad mágica

Hotel bristolCuando uno se viene a vivir a Viena hay una cosa que pierde inmediatamente ¿Quieres saber cuál es?

 Banda sonora recomendada para leer este post.

26 de Septiembre.- Viena es una ciudad mágica. Di que está uno ayer sentado con un amigo charlando agradablemente en un (horrible) restaurante de esta capital (los dos decidimos no volver a este sitio, una especie de puticlub pasado por la ciudad prohibida y reciclado en un decorado de película de Bigas Luna) cuando me suena el telefonino. Era otro amigo.

-Paco ¿Qué estás haciendo?

-Pues mira, aquí estoy cenando con L., que hemos entrado en un restaurante al que no volveremos “más nunca”, como decía Rocío Jurado (la pobre).

-¿Os venís al cine? Que es gratis.

-Que si nos vamos al cine.

-Yo no puedo, tengo que escribir un artículo.

-Que él no puede, porque tiene que escribir un artículo.

-¿Y tú?

-Pues depende ¿Qué echan?

-Una película española con subtítulos en alemán.

-¿Y cómo se llama?

-No sé. Pero es gratis.

-Bueno, vale, venga pues yo sí que voy – yo es que, en contra de las apariencias, soy un hombre con escasa personalidad y se me convence en un decir amén.

-Venga, pues te saco entrada.

Di que cuando llegas al cine, resulta que es uno en el que no has estado nunca a pesar de haber pasado por delante cienes y cienes de veces (el Stadtkino que está en Karslplatz, al lado de la casa de los artistas o Kunstlerhaus). Di que aterrizas en una sesión de cine organizada por Los Verdes (Die Grünen) en donde reina el ambiente distendido y agradable que hay en todos los actos de este partido (decíamos gestern) y que, cuando entras a la sala, te encuentras milagrosamente en un prodigio del art decó de los años cincuenta milagrosamente salvado de la piqueta.

La peli, según te enteras, es “Azul y no tan rosa”. Venezolana. En principio, te da perezón, porque la cinematografía latinoamericana no es muy santo de tu devoción (demasiadas experiencias aciagas). Pero como es gratis…Pues oye. La proyección la organiza el colectivo gay de los verdes, que se llama Andersrum.

Al escenario se sube la eurodiputada Ulrike Lunacek. La miras con curiosidad y pronto te das cuenta de que Lunacek es una persona que desprende un gran carisma. A mis lectores españoles les puede parecer una tontería, pero la señora Lunacek, en persona, causa una impresión tan honda como Antonio Gala, que es un hombre que, en persona, gana muchísimo y cuya conversación normal es muchísimo mejor que sus libros.

Frau Lunacek se dirige al público congregado y parece, sin embargo, que te está hablando solamente a ti. Explica, en un tono agradable y cercano, lo que está haciendo en el Parlamento Europeo, menciona la candidatura de Arias Cañete a la Comisión Europea –murmullos de desaprobación en la sala- y luego dice que, próximamente, Conchita Wurst cantará en el Parlamento Europeo –aplausos- a iniciativa suya. Cuenta que a los conservadores alemanes no les hace mucha gracia la presencia de Wurst, pero lo hace como si fuera una travesura o algo que no mereciera mayor importancia, y también dice que la iniciativa ha triunfado con el apoyo del Partido Popular austriaco.

En conjunto, Lunacek parece una profesora de biología de instituto y se le nota que hace todo lo posible porque todo lo que dice resulte comprensible para las personas que estamos escuchándola.

Luego, empieza la proyección.

En contra de mis expectativas, la peli es muy agradable pero me da que pensar. Como es una coproducción hispanovenezolana, en la trama figura un personaje que nació en Caracas pero, de niño se fue a Madrid. El personaje está interpretado (muy correctamente) por un joven actor español (de Málaga) que tiene que hablar con acento muy español también. De Madrid.

Probablemente, para el espectador venezolano, el joven actor tiene un acento de Madrid completamente fetén, pero, para el madrileño, la verdad es que rechina porque el acento es demasiado perfecto.

Sobre todo en el habla coloquial. Dialectalmente, Madrid es la última frontera del acento andaluz e, incluso el hablante culto, al objeto de no parecer cursi a sus conciudadanos, deja caer de vez en cuando la d intervocálica de los participios (en esto es experto el rey padre, el cual utiliza el “gobernao”, “actuao”,”ligao” y “cazao” para presumir de su proverbial campechanía) y, sin llegar al “ejqueismo” sí que suaviza las eses en algunos momentos, aspirándolas como se hace en La Mancha (en realidad el acento de Madrid es una superposición de acentos).

La perfección superferolítica del chico dejaba una cierta incomodidad inconsciente en el oyente madrileño (en este oyente, en particular, que creo que era uno de los pocos del cine capaz de adentrarse en estas sutilezas) y, cuando trataba con más intensidad de ser “español”, por ejemplo cuando le decía a su padre “tío”, ese genio interior que todos incorporamos cuando aprendemos la versión del idioma que mamamos, reaccionaba al no reconocer esa dosis de confianza en el idioma aprendido desde niño que las malas lenguas que dicen que da asco.

Caminando hacia el tranvía, pensaba yo ¿Qué cosas me habré perdido del discurso de Ulrike Lunacek por no ser un hablante nativo? ¿Qué cosas me diría el acento de Lunacek de su pasado, de su educación, si yo hubiera crecido aquí, y pudiera comparar y leer, como hago con mis paisanos, en sus participios, en la manera de articular las erres, en el deje de las eses, en el tiempo, microsegundos, que utilizan para alargar las vocales y que hace que “tío” dicho por un venezolano no suene como “tío” dicho por un nacido en Usera?

Tengo que confesar que este pensamiento me puso un poco triste, al darme cuenta (por enésima vez) que, en una parte nada despreciable de mi vida, tendré para siempre una desventaja. Pero también me llevó a pensar que tengo que trabajar cada día más para reducir en lo posible ese handicap. Por eso, todo el alemán que se aprenda es poco.

 

 

Hablando con Nina (foto: Pablo A. Mendivil)
Hablando con Nina (foto: Pablo A. Mendivil)

En el Zona de Descarga de esta semana, un poco especial, porque salió el miércoles, Nina nos cuenta muchas cosas interesantes del mundo de la ópera y nos anuncia dónde y cuándo será el concierto que, junto con unos compañeros, dará el próximo día 30 en Viena !No te lo pierdas!

2 comentarios en «Viena, la ciudad mágica»

  • el septiembre 27, 2014 a las 2:08 pm
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    ¡Cómo te entiendo!,yo viviendo en Innsbruck cuando salgo a la calle me santiguo pidiéndole al cielo que ese día me dé por fín entendimiento para cazar alguna palabra en ¿alemán?,y cuando vuelvo a casa contenta porque he entendido algo de este dialecto que,tengo que decir me encanta igual que me desespera,pues tengo una armada con mi tirolés porque mi pronunciación de la z en Zwetschke es con acento tinerfeño y claro,al “innsbruquiano” le molesta.La paciencia que tuve yo para enseñarle a pronunciar pájaro en lugar de parajo….y él me corrige hasta Servus…..

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    • el septiembre 27, 2014 a las 6:34 pm
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      Hola Sandra! Hay que agradecer que a uno le corrijan, pero tampoco acomplejarse mucho si uno no consigue hablar como un nativo, porque también pierdes la gracia. Yo creo que el acento nuestro también les resulta muy atractivo jajaja.

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