Pornografía social

tren¿Por qué emigrar de Gijón a Alcantarilla es una cosa normal pero irse a Lyon, Viena o Estrasburgo un dramón de tres pares? Que alguien me lo explique.

9 de Diciembre.- hoy,nada más empezar, tengo que decirles a mis lectores que no esperen un post impersonal o imparcial. Probablemente habrá muchos de ellos que, incluso, consideren mi manera de pensar enormemente poco empática. Están en su derecho, qué quieren que les diga, pero a mí según qué temas hacen que me suban la bilirrubina.

En primer lugar, quisiera decir que, quizá, el sentimiento al que soy más alérgico es el de la autocompasión. Creo que hay muchas personas que lo utilizan para pensar que sus problemas o los accidentes de su biografía, solo por el hecho de que sean suyos, son extraordinarios y les colocan en un plano superior al del resto de las demás personas. Los emigrantes, en tanto en cuanto la experiencia de emigrar, al principio, puede ser bastante traumática, no somos una excepción. He cargado en este blog varias veces contra el tipo que yo llamo “el emigrante coñazo” y también, aunque no lo haya dicho, contra “el emigrante recluso”, ese que ve Austria-o el país en donde esté- como un Alcatraz del que solo espera que las circunstancias le ayuden para poder fugarse y, mientras que eso ocurre, no se molesta en aprender el idioma autóctono o en intentar sacarle el jugo a todo lo que el país de acogida puede ofrecerle, y la vida se le va en quejarse de lo secos, lo ceñudos y lo antipáticos que son los aborígenes y en buscar panadreos o profesionales de la sanidad que hablen un idioma que puedan entender.

El estómago se me revuelve cuando leo cursiladas como eso de “salir de España con las maletas cargadas de ilusión” o lo de “buscar un futuro lejos de nuestro país” o lo de “la aventura de la emigración” o la modorrez esa del “exilio económico” y siempre pienso lo mismo: si una persona vive en Gijón y le sale un trabajo en, pongamos, Alcantarilla, Murcia, marco-incomparable-de-belleza-sin-igual, nadie lo considera un drama, pero si se va a Bristol o a Copenaghe o a Lyon, todo cristo haciendo anuncios de Campofrío a su costa ¿Por qué una cosa es distinta de la otra en el mundo en que vivimos? ¡Coño –con perdón- ni que Europa, más allá de los Pirineos estuviera poblada de dragones o de zombis!

Francamene, lo entendería con opciones más extremas en las que la emigración fuese a un sitio de verdad diferente (África, por ejemplo) pero ¿Europa? Salvo el tema de la muñeca flamenca y de la dificultad de encontrar Cola-cao o galletas María ¿Cuál es el problema?¿Aprender el idioma? ¿Hacer amigos? ¿Comprarse unas buenas botas para el invierno? ¿Qué gastos diferentes debe afrontar un emigrante intracomunitario que a uno que emigre dentro de España no se le presenten? No me entra en la cabeza.

Creo personalmente que, nosotros, los propios emigrantes, hacemos mucho por alimentar esa estampa llorosa y, en el fondo, tan reaccionaria, del “no nos vamos, nos echan”. Porque todos, quien más quien menos, hemos caido en algún momento en exagerar nuestras penalidades en el extranjero para que nuestra abuela nos dé unas palmaditas en la espalda y nos diga “Ay mi niño, el pobretico, qué mal lo está pasando”. Pero como decía un profesor mío de la facultad, el índice de fracaso entre los emigrantes es cero (patatoide) porque el que lo pasa mal, se vuelve a su casa y aquí no ha pasado nada (o bueno, ha pasado mucho, pero eso es una parte de la vida, todo el mundo tomamos decisiones erróneas alguna vez y es parte del aprendizaje y, por lo tanto, del crecimiento). Y volverse a casa de uno, más allá de la incomodidad del trabajo de empezar de nuevo no es ninguna vergüenza.

Naturalmente, en estas fechas, tan propicias para el sentimentalismo y la lágrima fácil salen de sus madrigueras todas las hienas que quieren alimentarse de este estereotipo lloroso que se infla durante todo el resto del año. Esos programas de televisión en los que el “emigrante” (¡Como si no hubiera internet, ni skype, ni móviles, señora!) va a darle una “sorpresa” a su familia el día de navidad, billete gratis, con la única condición de vender su intimidad a la cadena amiga de que se trate, dejando que le graben cuando llama a la puerta y su madre, que está haciendo canapés de salmón o coctel de gambas, le abre sorprendida y casi le da un alipori.

Hay gente que justifica estas cosas diciendo que el placer de ver a tu familia se compensa con todo y que qué más da los millones que le das a ganar a Ana Rosa pero, francamente, no puedo estar de acuerdo. Por eso, aparte de pedir por favor que cesen ya en televisión este tipo de programas, también me gustaría pedir a mis lectores que, desde su propia parcela, luchen contra ellos, fomentando entre sus amistades y familia la sana noción de que vivir en el extranjero, por la razón que sea, no es ningún dramón y que, muy probablemente, es mucho más enriquecedor en la mayoría de los casos que quedarse en casa. Y que, si uno se ve obligado por las circunstancias a abandonar su casa, generalmente es porque en su casa no está a gusto y tiene que buscarse otra. Ese es el quid de este asunto: convertir en un matrimonio por amor lo que, al principio, fue un matrimonio de conveniencia.


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Comentarios

2 respuestas a «Pornografía social»

  1. Avatar de Sandra
    Sandra

    ¡Ay Paco que acertado con este post!,hace ya unos años que yo no enciendo la tele ni de allí ni de aquí,al final siempre me entero de lo que pasa en el mundo sin necesidad de apretar un botón que me traslade a un mundo visual alejado de la realidad en la mayoría de los casos.Me,me,me,me,me vuelvo loca con la estupidez del sentimentalismo barato,con la gente que en estas fechas saca las desgracias a relucir ¡al cuerno con que son fechas especiales!.Lo único de especiales es que como madre de dos niñas,vivo la ilusión que para ellas significan los Reyes y Santa Claus,que en mi casa son dos regalos nada más.Los valores para mí no se acentúan en estas fechas sino que permanecen durante todo el año.Y ya me lié con el tema de Navidad,pero es que no puedo,no puedo con querer vendernos hasta los sentimientos…Y con respecto a la vida de quien tiene que emigrar,totalmente de acuerdo,como todo en esta vida es cuestión de plantarle cara al miedo e intentar estar mejor aquí,allí o en la luna.¡Me sulfuré con este temita,como decimos en mi tierra!.Un abrazo

  2. Avatar de Ana

    He dicho. (Te ha salido del alma, ¡ja, ja!) De Gijón a Alcantarilla. Creo que sería un buen título para una película española (¿con Santiago Segura en el papel de emigrante?), a mí me suena a algo así como: «Tú a Boston y yo a California».

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