Salud, pleitos y defunciones

PrincesaTodos los años, sobre estas fechas, la actualidad se tranquiliza. Este año, señora, no hay manera.

22 de Diciembre.- Un año más, hoy es el día de la salud. Recuerdo, cuando yo era chico, en días como hoy, que se encontraba mi madre con otras señoras a la vuelta del mercado:

-Qué, ¿Te ha tocado algo?

-No, hija. Me ha tocado el perder.

-Por lo menos tenemos salud.

-Eso sí. Porque fulanita…

Y empezaban con el recuento de las que andaban con achaques. En fin: habrá que consolarse. El dinero (dicen) no da la felicidad.

Hoy, en estos países de habla extraña, se ha hablado sobre todo de Udo Jürgens (inevitable el titular “Merci, Udo”). Ayer, con la conmoción del fallecimiento del cantante carintio, se repusieron galas y conciertos en los que el muerto, por obra y gracia de la técnica digital, interpretó sus grandes éxitos como si hubiera estado todavía coleando por el mundo. La ORF puso (re-puso, vaya) una gala hecha con muchísimo gusto y nivel desigual, en la que grandes artistas de la escena pop germanoparlante (y alguno, también angoparlante) interpretaron las coplas más conocidas del bueno de Jürgens. Una cosa quedó clara y es que la mayoría de los que le versionaron no le llegaban al homenajeado, en general, ni a la suela de los zapatos. Lo cual, naturalmente, conduce a la meditación: todos los cantantes pop de hoy en día suenan más o menos igual y es un coñazo escucharles (¿Cuántos seguirán en activo de aquí a quince años?). Quizá el secreto de sobrevivir sea olvidarse de lo que uno tiene alrededor y ser, como dice Raphael (otro monstruo sagrado de la misma quinta que Udo) cada vez más, cada año más, uno mismo. El viejo axioma: “haz las cosas como a ti te gusten y, por lo menos, habrá alguien contento”.

La infanta (de naranja) también ha encontrado sitio en los periódicos locales. Como siempre, se ha dado cuenta de sus problemas con la justicia como si se hablase de una de las hijas de Felipe II (o del emperador Paco Pepe).

Como era esperable, los comentaristas del periódico izquierdista local (Der Standard) se han mostrado muchísimo más activos en el asunto de poner a caldo a la hija del Rey Padre y a la hermana del marido de Letizia que sus colegas del periódico de derechas (Die Presse). Curiosamente, entre los de izquierdas, ha habido muchos que han interpretado la imputación de la señora Borbón en clave de política interior, jaleando las gónadas del juez hispano que los ha tenido suficientemente bien puestos como para sentar a la infanta “en el banquillo” (imagen pedestre que recuerda a Lola Flores cuando la pilló Hacienda, con aquella minifalda de cuero y aquella chaqueta de piel que la hacía parecer una estanquera con posibles).

Los austriacos se han despachado diciendo que en Esta Pequeña República (a la que no le falta tampoco de nada) cosas como que la hermana del jefe del Estado tuviera que responder de sus actos ante la justicia no serían posibles (referencia inevitable el via crucis del ex Ministro de Economía Karl Heinz Grasser, cuya vida procesal, a estas alturas, es más enrevesada que el currículum sentimental de una tronista de Hombres, Mujeres y Viceversa).

En fin: como decía el castizo “no semos náiden”. Diez años hace hoy que un tsunami se llevó a miles de personas al otro mundo y en 2024, tal día como hoy, hará diez años que Joe Cocker decidió irse a alegrar los estriptises del purgatorio (en el cielo, como no tienen sexo, tampoco habrá erotismo, lo cual, si bien se mira, es un argumento muy en contra para no querer ir a parar ahí). Así pues, hoy, día 22 de diciembre, brindemos por el purgatorio, que en el infierno hace demasiado calor).

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