Viena aspira a ser la ciudad en que lo nuevo se machihembre con lo antiguo en una mezcla tan encantadora como llena de carácter.
6 de Mayo.- Una de las cosas fascinantes que tiene Viena, y que es uno de los motivos principales de que los turistas llenen sus calles cada año, es el hecho de que, para muchas cosas, la ciudad, a pesar de estar incardinada en el tumultuoso siglo XXI, es en muchos aspectos una cápsula del tiempo.
Esto se nota especialmente en su arquitectura. La “burbuja inmobiliaria” que dio origen, por ejemplo, a la Ringstrasse, también desató en Viena una fiebre constructora que convirtió a Viena en una sofisticadísima urbe que estaba a la última (del siglo XIX, claro).
Las crisis económicas que trajeron las dos guerras mundiales y la posguerra siguiente, hicieron que Viena creciera muchísimo menos durante el siglo pasado (incluso perdió habitantes) por lo cual la ciudad quedó más o menos como hace 100 años.
Naturalmente, los edificios que quedaron fueron concebidos con un uso determinado. No solo habitacional sino, naturalmente, económico. Con el proceso inevitable de cambio, no solo de la economía austriaca, sino también de la europea, se pasó de la producción industrial, muy intensiva en utilización de máquinas y de mano de obra al sector servicios, muchos edificios industriales quedaron, más tarde o más temprano, sin usos. Lo chulo fue que, en vez de tirarlos (o no todos) el estado austriaco los protegió como lo que son: testigos del acontecer humano del país tan importantes, por ejemplo, como las iglesias o los museos.
Sin embargo, para que una ciudad permanezca viva y no se convierta en un decorado para uso de los turistas, tiene que estar habitada, funcionar para lo que es una ciudad: o sea, para servir de teatro a la vida de los hombres. Con lo cual hubo que encontrar otros usos para estos edificios antiguos. A mí me apasiona visitar estos edificios rehabilitados y restaurados, porque encuentro que hay una gran compatibilidad entre las formas modernas y las de la revolución industrial.
El caso más llamativo (aunque, desde el punto de vista urbanístico, no el más logrado) son los tres edificios del gasometer, en la parada de metro del mismo nombre. Después de estar mucho tiempo infrautilizados, la ciudad de Viena decidió revitalizar la zona y convocó a los mejores arquitectos internacionales. El resultado es que, a los bellos tambores de ladrillo del gasometer, reacondicionados conservando tan solo la fachada, se les añadieron otras edificaciones modernas que incluyeron oficinas, un centro comercial y viviendas.
Pero hay otros. Está, por ejemplo, la antigua fábrica de pan de Anker, en la Absberggasse, en el distrito 10. En ella, se ofrecen lofts, obtenidos a partir de la división de las antiguas naves industriales, pero es también un auténtico think tank cultural, en donde está la Ostlicht, la segunda sucursal de la galería fotográfica más importante de Viena y meca de fotógrafos de todo el mundo.
Son solo dos ejemplos. Viena aspira a ser la integración perfecta entre el encanto del pasado y la tecnología del presente. Y, por qué no, reciclar tiene todas sus ventajas ¿Verdad?
________________________________________________________________
¿Has participado ya en el #Conchiconcurso de Viena Directo? Recuerda que solo quedan seis días para que se termine el plazo. Puedes hacerlo siguiendo estos sencillos pasos:
Hazte fan (o fana) de la página de Facebook de Viena Directo (solo tienes que pinchar aquí y darle a Me gusta)
Localiza el post del #Conchiconcurso y escribe el título/s del /los post/s de Viena Directo que más te hayan gustado y la razón de por qué te han gustado.
Recuerda que el plazo se acaba este domingo, día 10 de Mayo.
La respuesta más original, ganará dos entradas para el Family Show de Eurovisión del día 23 de Mayo !Participa y gana con nosotros!
Deja una respuesta