«Frau Kollegin»

TocadosSi Cristina Almeida leyera el post de hoy, le prendería fuego en efigie a Willy Elmayer (en persona ya no puede, que está muerto, el pobre).

8 de Junio.- Cuando estuve en Cuba, una de las cosas que más entrañable encontré es que, debido al aislamiento que, por razones de todos conocidas (y con barba) reina en aquella isla, los cubanos, como los españoles de los años cincuenta, tienen el “mundo libre” muy mitificado.

En España, quizá por el aislamiento secular que arrastramos (y que se va curando, gracias a Dios, por los Erasmus que salen, miran y vuelven y cuentan) dura también esa idealización de todo lo extranjero. Es mentarnos algo que esté más allá de los Pirineos (la frontera de África, según Alejandro Dumas) y, si el español tira hacia las derechas, pensará que más allá de esta cadena montañosa reinan el orden (sobre todo el orden) y el civismo; y, si el español tira a rojales pensará que, en estos países de habla extraña, está todo el mundo mucho más avanzado que en España y atan los canes con las proverbiales longanizas.

Y sin embargo, a juzgar por lo que leerán ahora mis lectores, la Austria de los años cincuenta era, en lo tocante a moral y costumbres, muy parecida a la España franquista de infausto recuerdo (salvo porque los austriacos, entonces como hoy, eran muy partidarios del nudismo –sobre todo en verano, como es lógico-); bien verán mis lectores lo que el dandy perfecto, Willy Elmayer, decía en 1957 sobre las mujeres trabajadoras en su libro sobre buenos modales subtitulado “Un vademecum para el hombre de la calle” (del que ya hablamos en otro post).

Vintage beauty

Empieza fuerte:

“En lo tocante a la mujer trabajadora, no debe ser la opinión ni de sus jefes ni de sus colegas que las mujeres deben de ser iguales a los hombres. Esto empieza en la división del trabajo. No todos los puestos se adecúan a la mujer. Por razones evidentes, no deberá ser portera de una fábrica, ni vigilante de un garaje ni jefa de un almacén donde laboren dos docenas de curtidos trabajadores. Muy al contrario, se situará en aquellos puestos a los que se adecúan perfectamente sus cualidades femeninas como la habilidad, la capacidad de adaptación, la fiabilidad, la paciencia y la resistencia. Por ejemplo, en puestos de cuidadora (de enfermos, se entiende), como profesora de una escuela de señoritas, en la rama artística, en la industria de la moda o en las cocinas, o en secretarías o cntabilidad donde hay un orden que mantener y muchas comprobaciones por hacer”.

Los hombres, continúa Elmayer, no deben de tratar a la compañera de trabajo como si fuera de porcelana pero siempre, por encima de la compañera “verán siempre a la dama” (amárrame esos pavos). En cosas como esta.

“Frau Kollegin”(señora colega) así se dirigirá siempre el compañero varón a la compañera de trabajo, “Señora”, así esté ella soltera o casada. Resulta de poco tacto llamar “señorita” (Fräulein) a una señora de pelo gris (…) Evidentemente (el hombre) recogerá siempre del suelo cualquier objeto que se le haya caido a la compañera de trabajo. Nunca jamás se contarán delante de señoras anécdotas chocarreras (me encanta este adjetivo, siempre soñé con encontrar un contexto para usarlo) o que hieran sus sentimientos femeninos (sic). En estas cosas –añade Elmayer- no hay ninguna diferencia entre la vida privada y la profesional”.

Y atención a esta que es buena:

“Si un hombre, por la razón que sea, tiene una relación de tuteo con una compañera de trabajo, evitará por todos los conceptos durante el horario laboral dirigirse a ella de tú delante de terceros o clientes. Esta regla se aplicará asimismo a los jefes si uno tiene relaciones de amistad con ellos, por lo menos delante de extraños”.

Para aviso de féminas inquietas y desconsideradas, Willy Elmayer también da las pautas a seguir por la mujer honesta en la tesitura de relacionarse (laboralmente, siempre laboralmente) con sus superiores. Escuchemos la voz de los supertacañones.

“(…) también las empleadas femeninas tienen la obligació de saludar, primero que a nadie, a su jefe y de ponerse de pie cuando les dirija la palabra. El jefe correcto, eso sí, cuando no se trate de una jovencita o de una muchacha recién salida de la escuela profesional, evitará que la mujer tenga que saludarle saludándola a ella primero mostrando así habilidad y tacto. Nunca se espera al saludo de los otros, es muestra de buena educación saludar nosotros primero!”.

Rockabilly

Termina Willy Elmayer haciendo una admonición a aquellos superiores que piensen que estas finuras que el propugna les restan autoridad.

“Un jefe no tiene que temer que debido a estas muestras de educación su imagen de autoridad sufra: más bien al contrario”. Amén.

CONCURSO LOS PALOMOS

Qué le pasa

El grupo de teatro Soles del Sur quiere tener un detalle con los lectores de Viena Directo y han puesto a mi disposición dos entradas, válidas para las dos funciones que darán de la obra Los Palomos. Se adjudicarán mediante el correspondiente concursete. Para optar a ganarlas hay que cumplir estos requisitios:

  1. Ser fan de Viena Directo en Facebook (para hacerlo, no hay más que darle al “me gusta” en este enlace).
  2. Averiguar qué le pasa, qué le sobra o qué le falta a esta fotografía de un lugar conocidísimo de Viena.
  3. Decirlo en la página de Facebook de Viena Directo en el post correspondiente a esta entrada.
  4. ¡Ah! Y decirlo antes del día 12 de Junio, en que se acabará el concursete.

¡Suerte a los participantes!


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