Un evento que todos los años pone a Viena en los mapas no se celebrará el año que viene después de 23 años ¿Quieres saber cuál es?
2 de Noviembre.- Antes de entrar en materia, me gustaría contar cómo me he enterado de la noticia que es hoy el meollo de este artículo. Verán mis lectores cómo ha sido: resulta que hoy, al terminar mi árdua jornada laboral, cuando estaba recogiendo mis chismes, una compañera que habla español fenomenal (además de otros idiomas que renuncio a enumerar) me ha dicho:
-¡Paco, espérate que me voy contigo!
Y allá que nos hemos encaminado los dos, charlando de nuestras cosas, hasta la parada de metro más cercana. En esto que nos subimos al vagón y conseguimos encontrar dos sitios contíguos y, sobre uno de los asientos, la edición del Kurier de hoy. Los dos nos hemos puesto a hojearla sin dar crédito, de verdad, a cómo se puede tener la poca vergüenza de llamar a aquello periódico. Cuatro pliegos con fotos que, a veces, ocupaban más de media página, textos cortos y, a página completa ¡El horóscopo del mes! El Marca, a su lado, es el New York Times.
Yo, personalmente, creo que los medios con vocación masiva, presas del pánico, están cayendo en una trampa que es la de “la señora de Cuenca” (para saber más sobre la más ilustre habitante de la ciudad castellano-manchega, no tienen más que pinchar aquí mis lectores). Simplificar los contenidos no es la solución, sino dirigirse a un lector que pueda entender lo que uno dice. De todas maneras, los que no saben hacer la O con un canuto no se molestan en leer (a veces, los letrados, tampoco, conque…).
En fin: a lo que vamos: hoy, en alguna que otra Iglesia se van a rezar rosarios especiales de acción de gracias ¡Las rogativas de tanto cristiano preocupado por la proliferación del vicio y del fornicio han surtido efecto! En 2016, Nuestra Señora, que ya anunció la conversión de la Rusia soviética a tres pobres pastorcillos portugueses, la misma a la que le gusta pronunciarse sobre asuntos de actualidad de modo críptico, ha hecho el milagro: el año que viene no habrá Life Ball (para ver lo que dio de sí la de este año, pinchar aquí). La verdad es que puestos a interceder por cosas útiles, ya podía el ama de casa de Nazareth ascendida a los cielos hacerlo por otras cosas ¿No hay guerras y señores con barbas que se cepillan cristianos, Señora? ¿No hay criaturas refugiadas que vienen a esta Europa sin un plumas con el que defenderse del gélido invierno continental? ¿Qué más da entonces que los gays y muchos que no lo son se disfracen de cosas y bailen y celebren la vida? (y, por el camino se recauden dineros para luchar contra la plaga del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida). Pues no. 
En fin: fuera de coñas. El año que viene, 2016, su organizador, el simpar Gery Kezsler, ha decidido que la cita anual de todos los fotógrafos aficionados (y de un gran número de celebridades planetarias) no se celebrará y que, entretanto, “se reinventará” (el baile, no Herr Kezsler, obviamente) al objeto de “llegar a un público más amplio” y que ya están trabajando con expertos para llegar a este fin. También ha aprovechado para anunciar que, a pesar de ser seropositivo, se encuentra divinamente y que si no hay Lifeball el año que viene no será porque él esté pachucho (cosa que es fuente de alegría entre el público en general y probablemente en la familia Kezsler en particular).
Será la primera vez en 23 años que el ayuntamiento de Viena no acoja esta gran fiesta que viene a ser una especie de segundo orgullo gay (este año, en Viena, ha habido tres, si contamos el Festival de Eurovisión, evento al que el Pueblo Elegido es muy aficionado, como saben los lectores de Viena Directo).

El anuncio de Kezsler ha desatado, como es lógico, un torbellino de preguntas ¿Qué quiere decir “reinventarse”? De siempre, al organizador del evento le ha preocupado mucho que en los medios salga gente enseñando cacha y no se hable de lo que en realidad constituye el objetivo fundamental del Lifeball: esto es, recaudar fondos para eliminar de la tierra de una vez por todas el SIDA. Así que es probable que vayamos por reducir un poco “la fiesta” y, como decía Emilio Aragón, el lema sea “Menos samba e mais travalhar”.
Lo sabremos en la próxima cita que será en mayo de 2017.
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