Austria se sube al próximo Kern…digoooo tren

HauptbahnhofApenas setenta y dos horas después de que Werner Faymann dimitiera, el SPÖ ha encontrado su recambio: se llama Christian Kern.

12 de Mayo.- Tres días. Tres frenéticos días ha tardado el SPÖ (Partido Socialista Austriaco) en encontrar un recambio a Werner Faymann. El calado del canciller saliente queda demostrado con que uno tiene la sensación de que se ha esfumado como si nunca hubiera existido (de hecho, es muy poco probable que su opinión haya contado algo para la elección del sucesor, porque la alta política -desafortunadamente- es aún un negocio de machos alfa en el que el fracaso, si huele a algo, huele a la soledad más despiadada).

El elegido ha sido Christian Kern, director (ex director) de los ferrocarriles austriacos. Kern cumplió el día 6 de Enero cincuenta años y, a primera vista, se puede decir de él que tiene una cara antigua. Quizá porque guarda un lejano parecido con el príncipe Metternich, el arquitecto y muñidor del orden europeo postnapoleónico.

De Christian Kern se espera que remate con éxito una tarea solo un poquito menos titánica que la del maquiavélico príncipe (por cierto, la casa en donde están las oficinas que ocupará Christian Kern, sede de la cancillería austriaca, fue primero del conservador aristócrata austriaco). Se encuentra un partido socialista austriaco que, como le pasaba al Betis, ya solo sostienen aquellos fieles que le votarían „manque perdiese“; una marca devaluada, en números de un brillante y doloroso rojo escarlata, dividida en dos alas, la que tira hacia la izquierda y la que quiere mimetizarse, en muchos temas, con una ultraderecha que reina en las encuestas y mira por encima del hombro a los partidos tradicionales.

Kern es la gran esperanza blanca y asume el puesto de jefe del SPÖ y el de canciller austriaco aupado por la fama que ha ganado en la ÖBB. Kern se ha fajado en una empresa pública a la que ha sacado de la crisis, que ha gestionado modélicamente y que ha coronado uno de sus proyectos estrella, la Estación Principal de Viena (o Hauptbahnhof) en condiciones diametralmente opuestas a las que el arquitecto Calatrava termina sus proyectos. O sea, a tiempo, dentro del coste y con éxito.

¿Le servirá esta experiencia de gestión para sacar del agujero a la socialdemocracia austriaca? Pues solo el tiempo lo dirá. El hecho es que en el verano del 2010, Christian Kern tomó las riendas de la ÖBB (para preparar este artículo he estado viendo las ruedas de prensa y las entrevistas que concedió y no tiene pelos en la lengua) y le impuso un plan de ajuste draconiano que terminó con las jubilaciones anticipadas a los cincuenta años y engrasó la administración de la empresa hasta convertirla en lo que es hoy: uno de los activos más saneados del Estado austriaco. Durante la crisis de los refugiados -un hueso que le tocará roer como canciller- Christian Kern puso los trenes a transportar personas desde Burgenland y Viena hasta Salzburgo sin reparar en gastos ni en horarios. Una gestión sin duda brillante que le salvó el porompompero a mucha gente en los despachos de Viena, al evitar las aglomeraciones que, por desgracia, se están viendo en las fronteras exteriores de la Unión.

Kern ha sido elegido después de un proceso de democracia interna, pero no ha tenido una victoria de Miss. O sea, que ha aceptado el cargo pero poniendo sus propias condiciones. Y una de esas condiciones ha sido la de elegir a su gente y renovar piezas en la mitad del Gobierno que le corresponde al SPÖ. De momento, solo se dan por seguros dos nombres: la Ministra de Sanidad (enferma de cáncer, por cierto y que, quizá por eso, está haciendo muy buen trabajo) y el Ministro de Defensa, Doskozil.

Parece ser que saldrán todos los miembros menos potables del equipo Faymann, particularmente el ministro Klug, que fue de defensa, que ahora es de Infraestructuras y que es hechura del ex canciller .

Se da por seguro que el lunes se presentará el nuevo equipo y parece ser que desde hoy mismo, Christian Kern ha empezado a conversar con diversos (y diversas) „ministrables“.

La gran incógnita es ¿Influirá la elección del nuevo canciller en el resultado de las elecciones del día 22? Del resultado de esos comicios dependerá, muy mucho, la estabilidad del Gobierno que el canciller Kern consiga pergeñar en las próximas setenta y dos horas. El reloj corre. Y no precisamente a su favor.


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