¿Cómo hubiera sido tener a Norbert Hofer como presidente de Austria? (2)

La semana pasada Herbert Kickl anunció que su partido presentaría su propio candidato a las elecciones presidenciales del otoño ¿Qué hubiera pasado si hubiera ganado Norbert Hofer en 2016? Un vistazo a lo que pudo ser (y afortunadamente) no fue.

21 de Febrero.- La semana pasada, el líder de la ultraderecha austriaca, Herbert Kickl, anunció que el FPÖ presentaría su propio candidato a las elecciones presidenciales del otoño y que la campaña electoral sería, sobre todo, una lucha entre “dos concepciones del cargo”.

Así fue hace un quinquenio. Cuando se enfrentaron Alexander van der Bellen y el candidato del FPÖ Norbert Hofer. Ganó (afortunadamente) VdB. En esta serie jugamos a reconstruir cómo hubiera sido el devenir de Austria con el primer presidente ultraderechista de su historia.

En el primer capítulo (que podrás encontrar aquí) echábamos un vistazo a su elección y a la llegada de Sebastian Kurz a la cancillería, en Diciembre de 2017.

Hoy, seguimos con la historia.

2 de Febrero de 2018.

Ayer por la noche se vivieron momentos tensos en el plató del informativo de la noche de la ORF. La presentadora, Lou Lorenz-Dietlbacher, se vio obligada a intervenir varias veces para intentar rebajar un poco el tono del discurso nada menos que del Presidente de la República, la máxima autoridad del estado, el ultraderechista Norbert Hofer.

Hofer, el cual durante la campaña electoral que le llevó a vencer al „verde“ (o ex verde) Alexander van der Bellen, era apodado como „la sonrisa del régimen“, por su intención de ofrecer lo que muchos consideraban la cara más amable del FPÖ, demostró ayer que también puede enfadarse, y bastante.

Como recordarán mis lectores, tras la formación de la coalición del Gobierno entre el FPÖ y el ÖVP, a pesar de que los votos le habían dado la mayoría a los populares, los ultras empezaron muy rapidamente a dejar ejercer su influencia.

Entre el Presidente Hofer y el ministro del interior, Herbert Kickl, formaron una tenaza ideológica que no tardó en teñir las primeras decisiones del Gobierno de azul. De un azul muy intenso.

A los pocos días de haberse formado el nuevo Gobierno, en ese tiempo un poco tonto que queda entre la navidad y el año nuevo, el nuevo Ministro de Asuntos Exteriores y ex diputado del Parlamento Europeo, Harald Vilimsky, conocido eurófobo, aprovechó para alinear a la cancillería austriaca con el llamado Grupo de Visegrado, que aglutina a los países que más dolores de cabeza le han dado en los últimos tiempos al Gobierno de Bruselas por su deriva autoritaria y su alergia por las libertades y la laicidad. A saber: Hungría, Polonia, la República Checa y Eslovaquia.

Asimismo, a instancias del Ministro del Interior y del ministro de Justicia, ambos pertenecientes al ala más dura del FPÖ, empezaron a endurecer de manera firme y decidida las condiciones de vida de los refugiados, de los extranjeros residentes en Austria pero procedentes de terceros países (no miembros de la Unión) y de los extranjeros comunitarios. La Ministra de Asuntos Sociales anunció el día 15 de Enero que el Gobierno austriaco estaba pensando en unificar bajo una caja única de la Seguridad Social creada ad hoc, a los extranjeros residentes en Austria y que, para tener derecho a acceder a los mismos servicios que los austriacos, los extranjeros tendrían que haber vivido (y cotizado) un mínimo de cinco años en Austria. Asimismo, se anunció la creación de espacios de internamiento para refugiados en las afueras de las principales ciudades austriacas, en los que estarían obligados a ingresar todos aquellos solicitantes de asilo cuyo expediente aún no hubiera sido tramitado.

De nada sirvieron las protestas internacionales y los intentos de convencer al Gobierno austriaco de la ilegalidad de la medida, a la luz del derecho comunitario.

El mismo Hofer, apoyándose en una interpretación amplia de los poderes que le concede la constitución, convirtió en una apuesta personal toda la cuestión y Vilimsky, en una rueda de prensa desde la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores austriaco, anunció que él estaba por una refundación radical de la Unión Europea que incluyera la reformulación de los acuerdos de Schengen y que todas las protestas internacionales se debían a una campaña orquestada desde la izquierda por el exterior, ayudada por los medios que no cesaban de fabricar noticias falsas para debilitar a Austria y a los defensores de una Europa cristiana.

Dichas declaraciones fueron muy aplaudidas por el premier húngaro, Viktor Orbán, que ha estado de visita estos días atrás en Viena, al objeto de escenificar las inmejorables relaciones y la sintonía ideológica que le unen al FPÖ (parece que no le unen tanto al canciller Kurz, el cual sin embargo se ve obligado a llevar un delicado equilibrio al objeto de no romper la mayoría que le sostiene en el Gobierno).

Las revelaciones del semanario vienés Falter, el cual publicó hace cosa de diez días el coqueteo del candidato del FPÖ, Udo Landbauer, con el neonazismo y el antisemitismo eran el motivo principal de la visita del presidente Hofer al plató de la ORF. A pesar de la presión interna y externa ejercida sobre él, Hofer, reiteró el apoyo del FPÖ a su candidato y volvió a achacar las críticas a un complot de la izquierda radical internacional, izquierda que, según dijo ayer, estaba instalada en el rencor, en la intolerancia y en un ataque constante a los valores que han hecho de Europa lo que es hoy.

Asimismo, Hofer saludó la existencia de la nueva ley en Polonia que impide oficialmente vincular al país con el genocidio y afirmó que a la izquierda ya ha dejado de servirle el recurso de recordar las tremendas circunstancias del nazismo. „Es un periodo -dijo- que ha sido siempre estudiado desde un determinado enfoque ideológico, quizá conviene que nuevos historiadores, menos sesgados aborden el periodo 1938-1945 desde un punto de vista más moderno, aprovechando fuentes de información que hasta ahora se han pasado por alto“.

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