¿De quién son los pendientes de zafiros que Vladimir Putin le regaló a Karin Kneissl?

La Historia grande a veces se entiende mejor si se pone el foco en lo que pueden parecer pequeñeces. Por ejemplo, unos pendientes de zafiros de 50.000 euros.

19 de Marzo.- El diccionario de la Real Academia define “herrete” como “remate, generalmente metálico, que se pone a las agujetas, cordones, cintas, etc, para que puedan entrar fácilmente por los ojetes”.

Recordará sin duda el lector que los herretes que la reina Ana de Austria eran el desencadenante de la trama de “Los tres mosqueteros” de Alexandre Dumas.

La catoliquísima reina, hermana de Felipe IV, tenía una “amitié amoureuse” con el elegante duque de Buckingham (relación cuya naturaleza Alexandre Dumas solo insinuaba) y como prueba de que “estaba por él” le regalaba al inglés un juego de herretes de diamantes.

El cardenal Richelieu, conocedor de esto, intrigaba para que Luis XIV organizase un baile en el que obligaba a la reina Ana a llevar los famosos herretes.

La reina, desesperada, acudía a los mosqueteros.

Para salvar la reputación de la reina, D´Artagnan y sus amigos tenían que viajar a Inglaterra para rescatar las joyas y traerlas a París a tiempo.

Cuando la reina Ana aparecía en el baile, la “poitrine” rutilante de trozos del hermano rico del carbón, Luis XIV, al que Richelieu le había colocado la mosca detrás de la oreja, se quedaba tranquilo y D´Artagnan, Athos, Portos y Aramis se retiraban discretamente con la satisfacción del deber cumplido.

No se sabe qué pensaba la reina Ana sobre los herretes de diamantes, pero está claro que cuando se los regaló al duque de Buckingham, debía de considerarlos como propiedad suya y no de la corona de Francia.

¿De quién son los pendientes de Karin Kneissl?

En los Estados modernos, las cosas deberían estar más claras aunque, por la historia que tratemos hoy aquí, no parece que sea siempre así.

Recordará el lector que la ex ministra de exteriores de la República de Austria, Karin Kneissl, es una de las admiradoras más ardientes de Vladímir Putin. Hasta el punto de que cuando el ejército ruso invadió la República de Ucrania, la austriaca se negó en redondo a condenar la invasión e incluso tuvo el cinismo de declararse “refugiada política” negándose a renunciar al medio millón de dólares anuales que cobra de una petrolera rusa (además de los complementos).

Recordará también el lector que el sentimiento, por lo que parece, es mutuo.

El premier ruso estuvo invitado a la boda de la ministra.

De esta ceremonia solo había trascendido que Kneissl había bailado con Putin y que, al final del baile, le había hecho una rendida reverencia (no se sabe qué pensó el Sr. Kneissl de eso, por cierto).

Putin le regaló a la pareja un barril de mantequilla (un regalo random), un samovar y la asistencia de un coro de cosacos que le cantaron a la pareja un himno nupcial.

No todos los regalos fueron tan económicos (aunque traerse desde Rusia un coro de cosacos debe de salir por un pico) y parece ser que, como a la reina Ana, Putin le regaló a Karin Kneissl una joya que le está causando algún que otro inconveniente.

Se trata de un par de pendientes de zafiros valorados en cincuentamil eurazos.

La pregunta es ¿Le regaló Vladimir Putin los pendientes a Karin Kneissl porque es amiga suya o porque era Ministra de Exteriores de la República austriaca?

La situación es bastante ambígua y la respuesta no es fácil.

Si Karin Kneissl recibió los pendientes como Ministra, los pendientes no son suyos, sino de la República.

Si Karin Kenissl recibió los pendientes como amiga del putín de Putin los pendientes le pertenecen y podría, por ejemplo, reclamarlos y venderlos y comprarse con el producto de la venta varias toneladas de pan de molde, un mercedes descapotable o un apartamento en Crimea.

Si los pendientes son del Estado austriaco tendría que renunciar a su propiedad.

Cuando Karin Kneissl dejó de ser ministra, la República austriaca le reclamó la propiedad de los pendientes. Kneissl, indignadísima, dijo que ni de coña, que los pendientes eran suyos y nada más que suyos.

La situación se llevó con el tacto que es habitual en los medios diplomáticos y se buscó una solución de compromiso. La República austriaca, dando muestras de una buena voluntad que no es muy probable que hubiera usado en otras circunstancias le propuso a Karin Kneissl firmar un contrato de usufructo.

Ella podría utilizar los pendientes de por vida, pero cuando falleciese sus herederos deberían devolverlos a la República austriaca.

Karin Kneissl firmó el contrato en una primera instancia pero luego se lo pensó y en un mail de 2019 describe el documento como un “contrato mordaza” y reclamó las joyas.

Desde 2020, los pendientes de zafiros están en una caja fuerte de la República austriaca, esperando la solución del contencioso. Una solución que es probable que dependa mucho de los avatares futuros de la biografía de Karin Kneissl.

El Gobierno austriaco se ha puesto a la tarea de gestionar las consecuencias de la guerra de Ucrania. Vuelven las restricciones a causa de la CoVid (por lo menos en Viena). Todos los suscriptores recibieron ayer la versión compacta de las noticias de la semana, cómodamente en su correo electrónico.

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